PASEN Y LEAN: Poderoso contar
Hace ya tiempo que Jaime -o Jacobo, o Jacques, o Santiago- Deza, el narrador de las novelas de Javier Marías, ha logrado un lugar indiscutible en la no muy poblada galería de grandes personajes de ficción reconocibles, esos a los que, pasado un tiempo sin saber nada de ellos, el lector comienza a echar de menos. En el caso de Marías y su obra en marcha (Tu rostro mañana), la espera está a punto de terminar: dentro de diez días se pondrá a la venta su segundo tomo (y, al parecer penúltimo: pero yo no pondría la mano en el fuego), Baile y sueño. De nuevo, ese narrador irresoluto y meticuloso, que a menudo transita por complejos vericuetos del pensamiento y del lenguaje (en dos o tres idiomas), y que trabaja en un oscuro departamento vagamente vinculado al MI6 especializado en la “interpretación de vidas”, vuelve a sumergirnos en un torrencial discurso en el que el humor (a menudo hilarante) y la gravedad (a veces angustiosa) se combinan a partes iguales. A lo largo de las primeras 900 páginas (tomo I y II) de esta novela aún inconclusa pocos son los “acontecimientos” propiamente dichos que suceden en esas tres noches en las que, por ahora, transcurre el “tiempo actual” del relato. Y, sin embargo, su peripecia -que es más bien mental e interior-, entreverada de otros discursos y relatos (en los que tanto “pasa” y se recuerda), vuelve a cautivar al lector, atrapándole en un discurso que se interrumpe inesperadamente para fluir de nuevo a partir de incontables meandros, y que está puntuado por los característicos ritornelli (temáticos y rítmicos) que confieren al texto esa típica cualidad musical que más de uno ha intentado imitar. Un narrador cuyo poderoso contar no se confunde, sin embargo, con el de los otros narradores ocasionales que se introducen en su discurso (Deza relata a menudo lo que otros le contaron: como el Marlow conradiano refiriendo la historia de Lord Jim) amplificando un perspectivismo que nunca encuentra su fondo y siempre está abierto a nuevas interpolaciones y “congelaciones” del caudal narrativo: el relato del padre, que tanto supo y vivió, el de la miliciana desalmada que presume sin rubor de su crimen horrendo, el del escritor fascista que relata su terrible hazaña taurina, el de Tupra, misterioso jefe del departamento, el chusco e impresentable del agregado cultural De la Garza. Por el discurso de Deza transcurre, vicariamente, buena parte de la memoria de un siglo cuyas atrocidades parecen prolongarse en el nuevo. Un siglo cuyo miedo y violencia impregnan una narración que necesita, de vez en cuando, el bálsamo de la risa, un registro que le sirve a Marías para demostrar una vez más su talento para la comedia elegante (la larga escena en los servicios de señoras, por citar sólo una muestra, es de antología). A Tu rostro mañana habrá que juzgarla finalmente cuando el autor le ponga un punto final. Pero si me permiten que exprese mi humilde impresión de su (hasta ahora) última entrega, hacía tiempo que no lo pasaba tan bien con una novela. Que la disfruten tanto como yo.
Manuel Rodríguez Rivero
Blanco y Negro Cultural, 30 de octubre de 2004
Manuel Rodríguez Rivero
Blanco y Negro Cultural, 30 de octubre de 2004

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