En la Feria del Libro
64ª Feria del Libro de Madrid
por Amelia Castilla, Madrid
"Para Ximena, este libro de secretos y perversiones, cuidado". Javier Marías, con gafas de sol y americana azul tinta, firma sus novelas con pluma, algo bastante meritorio si se tiene en cuenta que el autor de Corazón tan blanco es zurdo. Ximena, una jovencísima lectora de Marías, llevaba la novela, en una edición de bolsillo de hace un par de años, guardada en el bolso.(...)
Javier Marías, veterano también en esta cita entre autores y lectores, no ocultaba que le gusta cumplir con este rito anual. "Por muy denostada que esté y pese a que algunos autores la consideran como demasiado comercial, a mí me agrada venir. No hay ningún libro que no deba ser comercializado. Es una oportunidad de encontrarte con la gente; unos te animan, otros te deprimen y alguno te insulta, pero es divertido. Venir aquí equivale a llevar al presente lo que uno vende y ponerse al frente de la tienda a ver cómo va la cosa, y eso, en definitiva, supone una cura de humildad". Desde ese puesto de vendedor, a lo largo de ferias y ferias, Marías ha dedicado libros que no le tocaba firmar para lectores que lo confundieron con Juan Benet, Félix de Azúa o Millás. También puso su rúbrica en libros de su padre o uno de Ferdinand Celine, en este caso, porque el lector tenía ese capricho.
A los pocos minutos de aterrizar en la feria, Javier Marías ya había congregado un buen número de público.
El País, domingo 29 de mayo de 2005
por Amelia Castilla, Madrid
"Para Ximena, este libro de secretos y perversiones, cuidado". Javier Marías, con gafas de sol y americana azul tinta, firma sus novelas con pluma, algo bastante meritorio si se tiene en cuenta que el autor de Corazón tan blanco es zurdo. Ximena, una jovencísima lectora de Marías, llevaba la novela, en una edición de bolsillo de hace un par de años, guardada en el bolso.(...)
Javier Marías, veterano también en esta cita entre autores y lectores, no ocultaba que le gusta cumplir con este rito anual. "Por muy denostada que esté y pese a que algunos autores la consideran como demasiado comercial, a mí me agrada venir. No hay ningún libro que no deba ser comercializado. Es una oportunidad de encontrarte con la gente; unos te animan, otros te deprimen y alguno te insulta, pero es divertido. Venir aquí equivale a llevar al presente lo que uno vende y ponerse al frente de la tienda a ver cómo va la cosa, y eso, en definitiva, supone una cura de humildad". Desde ese puesto de vendedor, a lo largo de ferias y ferias, Marías ha dedicado libros que no le tocaba firmar para lectores que lo confundieron con Juan Benet, Félix de Azúa o Millás. También puso su rúbrica en libros de su padre o uno de Ferdinand Celine, en este caso, porque el lector tenía ese capricho.
A los pocos minutos de aterrizar en la feria, Javier Marías ya había congregado un buen número de público.
El País, domingo 29 de mayo de 2005

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