sábado, mayo 21, 2005

Nuevo libro del Reino de Redonda



EL ESPEJO DEL MAR
RECUERDOS E IMPRESIONES
JOSEPH CONRAD

Prólogo de Juan Benet
Nota sobre el texto de Javier Marías
Nueva traducción de Javier Marías
Reino de Redonda
Barcelona
380 páginas
Primera edición: mayo 2005

INDICE

Prólogo, por Juan Benet
Nota sobre el texto, por Javier Marías
Nota del autor a El espejo del mar, por Joseph Conrad

EL ESPEJO DEL MAR
Recaladas y partidas
Emblemas de esperanza
El bello arte
Telarañas e hilo
El peso de la carga
Retrasados y desaparecidos
La garra de la tierra
El carácter del enemigo
Soberanos de este y oeste
El río fiel
En cautividad
Iniciación
La cuna del arte
El Tremolino

APÉNDICES


Es un libro que no tiene desperdicio y, más que eso, que, escrito sin prisa, provoca de manera indefectible esa clase de lectura mansa que sin ningún tipo de avidez por lo que procederá se recrea en la lenta progresión de una sentencia o de una imagen, tan armónica y rítmicamente trazada desde su inicio que su conclusión casi roza la catástrofe. Una muestra, el arranque del capítulo “En cautividad”: “Un barco en una dársena, rodeado de muelles y de los muros de los almacenes, tiene el aspecto de un preso meditando sobre la libertad con la tristeza propia de un espíritu libre en reclusión. Cables de cadena y sólidas estachas lo mantienen atado a postes de piedra al borde de una orilla pavimentada, y un amarrador, con una chaqueta con botones de latón, se pasea como un carcelero curtido y rubicundo, lanzando celosas, vigilantes miradas a las amarras que engrillan el barco inmóvil, pasivo y silencioso y firme, como perdido en la honda nostalgia de sus días de libertad y peligro en la mar”.

del prólogo, por Juan Benet



Conrad hacia 1900, foto de H G Wells


He intentado aquí poner al descubierto, con la falta de reserva de una confesión de última hora, los términos de mi relación con el mar, que habiéndose iniciado misteriosamente, como cualquiera de las grandes pasiones que los dioses inescrutables envían a los mortales, se mantuvo irracional e invencible, sobreviviendo a la prueba de la desilusión, desafiando al desencanto que acecha diariamente a una vida agotadora; se mantuvo preñada de las delicias del amor y de la angustia del amor, afrontándolas con lúcido júbilo, sin amargura y sin quejas, desde el primer hasta el último momento.
Subyugado pero nunca abatido, rendí mi ser a esa pasión que diversa y grande como la vida misma, también tuvo esos periodos de maravillosa serenidad que incluso una amante inconstante puede a veces proporcionar sobre su apaciguado pecho, lleno de ardides, lleno de furia, y, sin embargo, capaz de arrebatadora dulzura.

de la nota del autor, por Joseph Conrad



Dos amigos de Conrad: James Matthew Barrie y Henry James, en Londres en 1910



Conrad y los cinco grumetes sobre la cubierta del Torrens



El Roi des Belges, modelo para el barco de vapor de El corazón de las tinieblas, al breve mando de Conrad