martes, julio 11, 2006

JM en la Academia

Javier Marías ha entrado en la Academia Española. Su señor padre escribía siempre con cuartillas y sobres con el membrete de la Academia, quizá la única institución española que le merecía respeto. Al mirar los nombres que le han precedido en el sillón R descubro al traductor exiliado en México, Enrique Díez Canedo, de ahí el prestigio de la institución, pues murió en México y no cubrió su plaza hasta su muerte en 1944. También fue el sillón de Donoso Cortés, qué cosas.

Pero el personaje más pintoresco de sus precursores es sin duda un majo tipo Oneguin, retratado por Goya, el Duque de San Carlos, que tenemos la inmensa fortuna de tener en el Museo de Zaragoza. Que yo sepa no fue escritor de campanillas, sino un embajador fatuo y pomposo al que Goya clavó en el lienzo como un entomólogo a una mariposa, como decía mi maestro Julián Gállego.

Se le ha reprochado a JM su gramática personal, pero supongo que si algo es el estilo es la interpretación libre de la gramática o arte de escribir. Uno de sus pianistas favoritos fue Glenn Gould, el genio canadiense de las “Variaciones Golberg”. Es posible que en su prosa novelesca consiga una o dos gotas de ese talento rítmico o desparpajo melódico imprevisible. Su maestro Juan Benet sostenía que ni en broma hay que analizar nuestros gustos, literarios o del tipo que sean, pues son la urdidumbre misma de nuestra vida. Pienso que gracias a JM ha entrado también en la Academia el gran Benet, y en cierto modo, es un doble motivo de alegría para quienes somos lectores afortunados y agradecidos de ambos.

CÉSAR PÉREZ GRACIA

Heraldo de Aragón, 7 de julio de 2006