El Hombre sentimental

Prólogo
[...] Un cantante de ópera tiene entonces que combinar la virtud canora con el talento teatral, la autenticidad de su viva voz con la inverosimilitud de roles tópicos. De papel en papel, esta competencia paradójica acaba por proporcionarle al narrador modelos de conducta que funcionan hasta fuera del escenario. No sólo reconoce que «por culpa del maquillaje tiene menos clarividencia» y que le «resulta difícil hablar sin libreto», sino que se da a conocer únicamente con el nombre de León de Nápoles, la identidad relacionada con su fama de voz que canta. Pero aquí esa máscara, cuyo rostro permanece oculto, se expresa sólo como voz que cuenta y cuenta además por escrito. Su material no son más que palabras redactadas con pluma sobre papel, huellas desencarnadas de una experiencia ya hecha, siendo la escritura el artificio que fija de manera estable la memoria de lo que no merece olvidarse. Signos o letras, también muy convencionales, que así guardan esa dimensión fantasmal de la vida llamada pasado, tan variable siempre, según el enfoque de quien se disponga a contarlo.
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ELIDE PITTARELLO
Javier Marías, El hombre sentimental, DeBolsillo, octubre 2006

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