martes, octubre 24, 2006

Marías en Mundo Mendoza



Javier Marías:

“Eduardo es quizás el autor con más gracia, en los dos sentidos de la palabra, de la literatura española de los últimos treinta años –asegura Javier Marías-. Con su primera novela sentó las bases de un tipo de narrativa apenas cultivada con anterioridad en España y que, con posterioridad, ha tenido numerosos seguidores e imitadores. Con las demás ha mantenido abierta esa senda, enormemente fructífera, sólo que haciendo quiebros a su propia trayectoria y sin repetirse nunca. Ha dignificado el humor en la tradicionalmente ceñuda literatura española; ha incorporado técnicas novedosas y géneros subestimados, ennobleciéndolos; ha sido un extraordinario cultivador de lo que suele llamarse el ‘estilo invisible’; ha creado un territorio imaginario de Barcelona que perdurará más allá de la Barcelona real, y que de hecho tiene ya larga vida en las obras de sus seguidores… Dentro de su aparente despreocupación, sus novelas son enormemente enigmáticas, a veces casi herméticas, como si uno notara una corriente subterránea muy fuerte en ellas de lo que no se cuenta y podía haberse contado. Por eso dejan huella y resuenan en la memoria, porque también tienen misterio. Y, por supuesto, me han hecho reír como casi nuca en el acto de leer.” (pp. 42 y 43)

“Para mí –afirma Javier Marías-, Eduardo es una persona agradabilísima y educadísima, pero siempre con un punto de ironía hacía las cosas, a veces casi imperceptible, de tan educada que es. Su sentido del humor es de gran finura y apacibilidad, en ese sentido muy poco español. Y a la vez da la impresión, al igual que sus novelas, de poseer una corriente subterránea que lo hace poco menos que impenetrable en algunos aspectos, en verdad muy enigmático. En cierto sentido, podría decirse que, a la vez que está, parece no estar allí donde uno lo ve. Un gran amigo, eso además.” (p. 45)

Eduardo Mendoza:

“Javier Marías es el escritor español vivo que posee más dominio del lenguaje. Es maravilloso verle regatear en un terreno pequeñísimo y salir siempre con el balón controlado. Su aparición a principios de los setenta con Travesía del horizonte me causó gran efecto. Era, que yo sepa, la primera novela que recuperaba la narración pura de nuestra infancia, lo que luego Fernando Savater explicó en La infancia recuperada. Luego Marías pasó por una época experimental, pareció que se apartaba de la primera etapa. Finalmente reunió las dos formas con un estilo que le es propio. Siempre fui su valedor, antes del reconocimiento internacional. Arriesga mucho, se mete en líos, a veces las cosas le salen bien y a veces no tan bien. Siempre me interesa.” (p. 252)

Fragmentos del libro Mundo Mendoza de LLàtzer Moix, Seix Barral, Barcelona, 2006