Muere Claudio Guillén, el escritor y académico hijo del exilio

El académico y escritor Claudio Guillén, que murió anoche en su domicilio madrileño a los 82 años, mientras veía una película en televisión, estaba "lleno de vida, ilusiones y proyectos", y estuvo trabajando hasta el último momento, según dijo el director de la Academia de la Lengua, Víctor García de la Concha.
El director de la Academia aseguró este domingo que "nada hacia prever la muerte" de Guillén. "Su muerte nos priva de una figura de primer orden, no sólo en la Academia de la Lengua, donde participaba activamente en todos los trabajos que se llevan a cabo, sino en el mundo de las letras hispánicas, de la literatura comparada y de la teoría literaria.
El fallecimiento de Claudio Guillén, hijo del poeta Jorge Guillén perteneciente a la generación del 27, la edad de plata de la cultura española, ha sorprendido no sólo a la Real Academia de la Lengua, sino a todos los intelectuales, escritores y profesionales que le conocieron.
A Guillén casi le vino la muerte trabajando. Hasta las ocho de la tarde, dos horas antes de que comenzase la película "La reina de África", de John Huston, había estado preparando con su mujer el epistolario de su padre con vistas a publicarlo próximamente, relató De La Concha.
Además, el pasado jueves Guillén asistió al homenaje que la Real Academia le rindió al escritor Francisco Ayala, y también acababa de terminar uno de los prólogos que llevará la edición popular de "Cien años de soledad", de Gabriel García Márquez, que preparan las veintidós Academias de la Lengua Española.
Ese prólogo, titulado "Algunas literariedades de una obra maestra", formará parte de la edición que se publicará con motivo del Congreso Internacional de la Lengua Española, que se celebrará en Cartagena de Indias (Colombia) a finales de marzo.
Claudio Guillén, escritor, profesor y académico fue Premio Nacional de Ensayo en 1999, nació en París en septiembre de 1924, y con quince años de edad partió al exilio con su padre, el poeta vallisoletano, quien despertó su interés por la literatura y la poesía.
Realizó sus estudios universitario en el Williams College y en 1953 se doctoró en Literatura Comparada por la Universidad de Harvard de Estados Unidos, país en el que estuvo exiliado hasta 1982.
Esta faceta como experto en Literatura comparada, junto con su formación privilegiada "muy europea, muy americana, muy universal", como destacó Víctor García de la Concha, ha sido una de los rasgos más ponderados por compañeros de la RAE y amigos de Claudio Guillén.
La historiadora Carmen Iglesias destacó "su gran finura de análisis" y "su extensa cultura". "Era la persona que más sabía de literatura comparada", subrayó la académica al tiempo que hizo hincapié en su "extenso conocimiento de prácticamente todas las literaturas europeas".
Para el académico y filólogo José Manuel Blecua, Guillén era "la figura cumbre de la literatura comparada y de la teoría literaria en España en los últimos treinta años". También destacó la perdida irreparable del académico "tanto por su figura intelectual como por su "gran dimensión humana".
En parecidos términos se expresó el escritor y académico electo Javier Marías, cuya candidatura fue presentada precisamente por Claudio Guillén, junto con Arturo Pérez Reverte y Gregorio Salvador.
"Es una gran pérdida tanto en lo profesional como en lo personal. Su muerte la siento como prematura porque en España, por desgracia, le hemos gozado muy pocos años. Era un caballero, tenía una formación extraordinaria, incomparable con lo que se da en España. Era un grandísimo experto en literatura comparada y un gran crítico", subrayó.
Para el director del Instituto Cervantes, César Antonio Molina, Guillén ha sido "el gran maestro de la literatura comparada". "Se ha muerto un clásico del ensayo, cuya obra es respetada y admirada no sólo en España, sino también en los más prestigiosos centros académicos de todo el mundo", recalcó. El escritor Arturo Pérez Reverte señaló también que Guillén era "un académico impecable y un exquisito y perfecto caballero; de esa gente que ya no hay".
Para otro académico, José Antonio Pascual, Guillén era "el refinamiento", y aseguró que a pesar de su edad "fue siempre una persona llena de juventud y fuerza".
Y el historiador de la Ciencia y académico de la Lengua José Manuel Sánchez Ron dijo que por encima de todo era "un intelectual y una persona exquisita".
Por su parte, el director general del Libro del Ministerio de Cultura, Rogelio Blanco, quiso destacar que Claudio Guillén fue uno de los promotores y "el alma mater" de la Biblioteca de Literatura Universal, cuyo último volumen, dedicado a la narrativa de Goethe, se presenta mañana. Un acto al que estaba previsto que asistiese Claudio Guillén.
"Claudio estaba muy ilusionado con los volúmenes que se iban a publicar próximamente, dedicados a Montaigne, Camoes y a los moralistas franceses, entre otros", precisó Blanco, quien destacó también la labor docente que Guillén realizada durante décadas en universidades del extranjero como gran experto de literatura comparada.
Efe, 28 de enero de 2007
Biografía
Claudio Guillén nació en París, en 1924, y con quince años de edad partió al exilio a Estados Unidos con su padre, el poeta vallisoletano Jorge Guillén.
Realizó sus estudios universitarios en el Williams College y en 1953 se doctoró en Literatura Comparada por la Universidad de Harvard. Fue discípulo de Pedro Salinas, Francisco García Lorca, José Antonio Ferrater Mora y Joaquín Casalduero y trabajó con Amado Alonso y Américo Castro.
Durante la Segunda Guerra Mundial fue voluntario en las Fuerzas Francesas del General De Gaulle, y durante los años 1943 a 1946 estuvo en África del Norte y en el frente del este de Francia (en donde también estuvo exiliado).
Finalizada la guerra se dedicó a la docencia y de 1950 a 1952 ejerció como profesor en la Universidad de Colonia. En esta época, que coincide con la elaboración de su tesis, viajó a España, concretamente a Cataluña, donde conoció a Josep Plá, quien le introdujo en la literatura catalana.
Especialista en Literatura Comparada, fue catedrático de esta disciplina en las universidades de San Diego, California (1965-1976), Princeton, y Harvard, (1978-1985).
Regresó a España en 1982, y fue nombrado en la Universidad Autónoma de Barcelona catedrático extraordinario de Literatura Comparada, disciplina que se introducía de su mano en este país y sobre la que realizó un número importante de trabajos, buena parte de ellos dedicados al Renacimiento.
Intervino en cursos, seminarios y conferencias en Estados Unidos, Brasil, Puerto Rico, China, antigua Unión Soviética, Francia, Italia y diversos países del Este de Europa.
Fue director de la colección “Clásicos Alfaguara”, de la de “Escritores de América”, de Anaya y Muchnik, y desde 1998 dirigía la colección “Biblioteca de Literatura Universal”, de la editorial Espasa.
Desde el 21 de marzo de 2002 era además miembro de la Real Academia Española de la Lengua, institución en la que ocupaba el sillón “m” minúscula.
También perteneció a la Sociedad Internacional de Literatura Comparada, y de 1984 a 1989 fue presidente de la Sociedad Española de Literatura General. Formó parte de la Comisión Asesora de la Fundación Juan March, y era miembro y promotor de la Fundación Generación del 27.
De sus libros destacan: Entre lo uno y lo diverso (1985), El primer Siglo de Oro (1988), Teoría de la Historia de la Literatura (1989), El sol de los desterrados (1995), Europa, ciencia e inconsciencia (1997) y Múltiples moradas (1998) Premio Nacional de Ensayo 1999.
En su último libro De leyendas y lecciones, publicado en 2006, hacía repaso a sus principales textos sobre escritores e intelectuales hispánicos modernos, incluyendo un texto titulado “Javier Marías y las vidas incontables”.Claudio Guillén y Javier Marías mantuvieron una larga amistad. Nuestro escritor pasó su primer año de vida en la casa que Jorge Guillén puso a disposición de la familia de Julián Marías cerca del Wellesley College, en Massachusetts (EE.UU.), mientras el filósofo daba clases en esta institución, y a donde Javier Marías volvió en 1984, también a impartir clases, durante un semestre, en Wellesley. Claudio Guillén le encargó al joven Javier Marías la traducción del Tristram Shandy de Sterne (Premio Nacional de Traducción 1979) cuando dirigía la colección “Clásicos Alfaguara”. En el pasado año 2006, Guillén fue uno de los que propuso la candidatura de Marías para ocupar el sillón “R” en la RAE, y habría sido el encargado de responderle en su discurso de ingreso en la misma.
El espíritu juvenil del gran profesor
“Ánimo yo ya no lo haré, pero usted es aún joven”. Compartíamos mesa Claudio Guillén, George Steiner, Javier Marías y yo. El rincón tranquilo del restaurante permitía que la charla caminase más allá de lo profesional, tropezase en anécdotas y recayera en proyectos y deseos.
Ambos maestros demostraban una clara complicidad que tal vez viniera de saberse nacidos en París o del origen de los apellidos Steiner y Cahen, éste el de Germaine, la madre de Claudio. Ante una duda expresada por Guillén, Steiner, con una amplia sonrisa enmarcada por las arrugas, lo animó diciéndole: “Ánimo, yo ya no lo haré, pero usted es aún joven”. Marías y yo cruzamos una rápida mirada silenciosa, que habría debido proclamar el asombro. Steiner (1929) era cinco años más joven que Guillén (1924).
Pero a mí no me extrañó, pues yo lo había conocido de niño. No porque mi edad nos hubiese permitido jugar juntos, sino porque había llegado a mí en una página de Juan Ramón Jiménez, Teresa y Claudio Guillén, recogida en Por el cristal amarillo. En ella, Teresa “le dice a su hermanito Claudio, que sin duda le sonríe permanentemente con su carita tostada y oro de buen Murillo, niño español: Vamos a azuztar a Juan Ramooónnn…”.
Fue en 1955 cuando se me convirtió en el gran profesor, cuando conseguí hacerme en Estados Unidos con un libro que se citaba casi misteriosamente, Literatura as System, una colección de ensayos sobre la teoría de la Historia literaria que Claudio Guillén publicó en revistas desde 1957 y que llevó a un volumen en la Universidad de Princeton donde enseñó, allá por 1971.
Fascinado por la revisión de los acercamientos estilísticos que representaba entre otros, el ensayo Stylistics of Silence, con el que yo no podía sino estar de acuerdo –puesto que partía de dos de mis maestros, Dámaso Alonso y Jean Pierre Richard-, invité a Claudio a visitar de nuevo Sevilla y, allí, junto a Manuel Vázquez Medel, intenté convencerlo para que nos dejase traducir su libro. Sólo años más tarde incorporó parte de aquella obra a Teorías de la historia literaria, tal vez porque se sentía distante de bastantes de sus páginas y preocupado ya, después de su regreso a España, por establecer unas bases teóricas sólidas para los nuevos estudios españoles de literatura comparada.
Recuerdo los largos paseos por la estrecha Sevilla de sus siete a doce años. Como Cernuda, juntos pegamos el oído a la pared de la calle Acetres por si aún sonaban los ecos del piano de Turina, juntos conversamos sobre los amigos andaluces que conociera en la casa paterna. Pero también me animaba a leer a Paul de Man, limitaba el alcance de la noción de estructura y me reprendía porque olvidase mi formación europea a la hora de contemplar la literatura española.
Probablemente, ahí resida la importancia de Claudio Guillén para los actuales estudios españoles de literatura. Más allá de sus análisis concretos y magistrales sobre temas del primer Siglo de Oro, ha puesto sobre la mesa la necesidad de una visión europeísta, por no decir mundial, de nuestra literatura, huyendo de provincianismos y de la obsesión por las fuentes contempladas, como la iconografía llameante del Espíritu Santo, colocando las obras en series que superan fronteras y lenguas, sabiendo, tal vez por su adolescencia exiliada, que la literatura puede constituir una patria.
Y todo ello dicho y hecho con empuje, con entusiasmo, con el afán de sentirse siempre en el alba del trabajo, con una mirada sabia pero que nunca le alejará de esa carita tostada y oro de buen Murillo, de niño español, con que me lo había presentado Juan Ramón Jiménez.
JORGE URRUTIA
El Mundo, 29 de enero de 2007

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