jueves, enero 04, 2007

Travesía del horizonte


Prólogo

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Prescindiendo de todo afán de verosimilitud, y en la huella de maestros como Henry James, Conrad y Conan Doyle, Travesía del horizonte es un logrado ejercicio de estilo que intriga desde las primeras líneas, según la mejor tradición del relato que apunta al gusto por el asombro. Este placer clásico y siempre actual implica una profunda complicidad entre el autor y el lector. Por un lado hay que compartir la idea de que contar es darle un sentido a una experiencia excepcional; por otro, hay que entregarse sin reservas al deseo de saber y a la proyección ilusoria que siempre lo sostiene, la fantasía. En este rito de seducción narrativa, lo que menos importa es el hecho de que las circunstancias sean auténticas. Cuando media el arte literario, que es aquí una ficción de ficciones, la verdad de las palabras es siempre simbólica.

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La travesía que relata esta novela excede así los límites del manuscrito. El viaje, metáfora inmemorial del conocimiento y la escritura, atañe a todos los que producen y consumen relatos, incluso si no dan un paso fuera de casa. La frontera más azarosa está dentro de uno mismo, tanto si disfruta de la incertidumbre como si se deja arrastrar por la curiosidad, el arma de doble filo.

ELIDE PITTARELLO

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Prólogo, por Elide Pittarello

TRAVESÍA DEL HORIZONTE

Un epílogo: Travesía del horizonte de Javier Marías,
por Pere Gimferrer


Javier Marías, Travesía del horizonte, DeBolsillo, enero de 2007