sábado, marzo 22, 2008

Disfrutando como un pirata

Los ingleses, históricamente expertos en asuntos de piratería, emplean el término marooned para designar al que es abandonado a su suerte en un lugar inhóspito o desierto, preferentemente una isla. Los diccionarios etimológicos hacen derivar la palabra del español cimarrón ("silvestre, indómito, montaraz", según el Diccionario de Autoridades de 1726) o del francés marron, dos términos con los que se designaba a los esclavos (generalmente negros) que huían del látigo colonizador de sus amos (generalmente blancos) para vivir en libertad. Un célebre marooned fue Alexander Selkirk, que sobrevivió cuatro años en una isla desierta y en quien se inspiró Daniel Defoe para su Robinson Crusoe (1719). Pero mi marooned favorito es, sin duda, Ben Gunn, el pirata a quien el capitán Flint abandonó en la Isla del Tesoro (1883), donde permaneció durante tres años, y que ocultó el cofre que buscaban a su vez sus antiguos socios, y el caballero Trelawney, el doctor Livesey, Jim Hawkins y todos los que se juntan en la isla. Todo lo dicho hasta ahora sólo me sirve para explicar que estas últimas vacaciones me he sentido como Ben Gunn, pero con libros. Mientras la ciudad se vaciaba en tromba, yo me construía en casa una especie de locus amoenus provisto de abundante literatura, algunas películas clásicas (por ejemplo, Sólo el cielo lo sabe, de Douglas Sirk), música sacra y de John Coltrane (que viene a ser lo mismo), y abundancia de lo que Luis Suñén llama "munición de boca" (incluido mi consabido Johnnie Walker). Entre los libros que me han acompañado mientras otros se agobiaban en destinos masificados y yo permanecía, como reza el título del estupendo poemario de Billy Collins, Navegando a solas por la habitación (DVD ediciones), selecciono tres autobiografías españolas que he hojeado con dedicación e interés. Vida de este capitán, de Alonso de Contreras (Reino de Redonda), sigue siendo, como indica Ortega y Gasset en su prólogo (también incluye otro de Pérez-Reverte), "una narración inverosímil a la cual acontece la gracia de ser la pura verdad". Las Memorias (Polifemo), de Juan Van Halen (1788-1864), reúne los escritos autobiográficos del que puede ser considerado paradigma de los conspiradores y aventureros decimonónicos. Por último, las Memorias de Godoy, que ha publicado La Esfera de los Libros en edición abreviada (936 páginas) de Enrique Rúspoli, permite seguir el pensamiento y los sentimientos de aquel antiguo guardia de corps que llegó a ser máximo responsable de la política española en los años convulsos de la Europa revolucionaria, y de cuyo poder se hacían lenguas los embajadores extranjeros. Además de leer, me dio tiempo a pasear por unas calles semivacías en las que, insólitamente, uno podía escuchar el sonido de sus propios pasos.

MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO

El País , Babelia, 22 de marzo de 2008