miércoles, junio 25, 2008

Entre locos anda el juego

Hay dos cargos en España cuyos ocupantes se vuelven locos siempre, antes o después: el de Presidente del Gobierno y el de seleccionador nacional de fútbol. Aún es más: algunos Presidentes escapan a la locura si duran poco en el puesto (Leopoldo Calvo-Sotelo, por ejemplo, muerto recientemente y que perdió unas elecciones cuando aún no había cumplido dos años de mandato), pero ningún seleccionador de fútbol lo ha conseguido, y esa es una de las principales razones por las que España, pese a. contar con jugadores bastante buenos en general, fracasa invariablemente en las Eurocopas y en los Mundiales. Un hombre depresivo o desquiciado está incapacitado para tranquilizar y dar confianza a un grupo de veintitantos jóvenes presumidos y adinerados, y aún más para imbuirles el afán de victoria. Los seleccionadores españoles se sienten tan agobiados y perseguidos por la prensa y por la afición que da la impresión de que todas sus energías y preocupaciones se gasten en defenderse a sí mismos, por una parte, y, por otra -contradictoriamente-, en nutrir a dichas prensa y afición de motivos para escandalizarse y atacarlos sin cesar. Parece como si no pudieran prescindir de lo que los hace infelices. Es un extraño círculo vicioso: sufren por causa de las críticas y la presión permanentes, y a la vez no pueden o no quieren evitarlas. Al contrario, las propician. Algo así como si sin ellas no estuvieran convencidos de ejercer el cargo efectivamente.

Les ha ocurrido a todos desde tiempo inmemorial, pero los casos más conspicuos han sido asimismo los más recientes: Santamaría, que fue un hombre triste y que se hundía al menor contratiempo (y hundió a España en el Mundial de nuestro país, en 1982); Clemente, que nunca se excitaba con el juego (el más aburrido y defensivo de nuestra historia), sino sólo con las ruedas de prensa en las que alternaba impertinencias y locuras; Camacho, un individuo tan reconcentrado y sudoroso y gesticulante que por fuerza tenia que poner de los nervios a sus futbolistas; y, por fin, el actual Luis Aragonés, un sujeto tan primitivo que lo que no se entiende es que le haya surgido la suficiente psique para alterársela, y en verdad la tiene alteradísima. Ha elegido a un grupo de jugadores tan medianos en su mayoría, que un buen aficionado como yo ignora incluso en qué equipo juegan algunos. ¿Fernando Navarro? Ni siquiera sé quién es,- y es sólo un ejemplo. Aragonés ha tenido que sufrir, además, desde hace muchos meses, toda una campaña periodística y popular para que seleccionara a Raúl, que este año, además, ha vuelto a ser eficaz y ha marcado dieciocho goles en la Liga. Pero la prueba máxima de su locura -y de la de sus predecesores- es no llevar al mejor futbolista español de los últimos años, el centrocampista Guti, también del Real Madrid, el único con verdadera imaginación, fantasía y precisión, el único imprevisible, el único capaz de inventar goles donde no los hay y el único al que las defensas rivales no saben cómo neutralizar (si tiene el día inspirado, claro está). Con él, es muy probable que España fracasara también. Sin él, es casi seguro. Y si digo “casi” es porque en este deporte nada es nunca seguro del todo, y por eso lo vemos millones de personas en todo el mundo. ¿Quién habría imaginado que hace cuatro años el título iba a ganarlo la tacaña, la cicatera selección de Grecia?

Pero hay otro factor importante para explicar los fracasos futbolísticos de España. Aquí nos importan mucho más los clubs que la selección, y es de suponer que a los jugadores les pasará lo mismo. Las convocatorias del equipo nacional solemos verlas como molestas interrupciones del campeonato de Liga o de la Liga de Campeones y sólo cuando éstos ya han terminado y no hay otro fútbol que llevarse a los ojos, sólo entonces fijamos nuestra atención en el equipo de España, casi como si fuera un pobre sucedáneo. Y entonces, además, ocurre algo extraño, durante un breve lapso de tiempo (el que la selección tarda en ser eliminada de la Eurocopa o del Mundial): los locutores de radio y televisión, la prensa deportiva, y finalmente una buena parte de la población sufre un arrebato de patrioterismo y de chulería. “Vamos a ganar, ¿por qué no?”, gritan unos. “Somos los mejores”, gritan otros sin la menor prueba de ello ni la menor justificación histórica ni tradicional. Y, ante ese repentino ataque de nacionalismo, antipático y vulgar, hay otra mitad de la población que se retrae y siente rechazo. A la selección española, en suma, nunca hay manera de que la apoye el país entero. Entre el loco del seleccionador de turno, la medianía de muchos de sus integrantes, la frecuente ausencia los mejores y el griterío patriotero que se levanta, en verdad se hace difícil tenerle cariño de verdad. Y supongo que eso también lo notan los futbolistas que luego salen al campo, dirigidos por un loco entrenador.

JAVIER MARÍAS

Publicado en alemán con el título “Der Weg ist klar, wenn ein Narr vorangeht” en el diario Der Tagesspiegel, el 10 de junio de 2008


Entrevista en Onda Cero

Hoy, miércoles, 25 de junio, a las 17,15 horas, Javier Marías será entrevistado por Julia Otero en el programa "Julia en la Onda" de Onda Cero.