Recepción de Corazón tan blanco en Alemania

Corazón tan blanco superó en junio del 2002 la cifra de un millón de ejemplares vendidos en lengua alemana (en Austria, Alemania y Suiza) desde su publicación en 1996 por la editorial Klett-Cotta, de Stuttgart.

Las diferentes ediciones de la novela (en tapa dura, bolsillo, club del libro, incluso en audio-libro y en edición Braille para ciegos) suman un total de 1.083.000 ejemplares en dicha lengua, una cifra insólita para un autor español traducido. Según fuentes de la editorial Klett-Cotta, que hizo la primera edición de esta novela en tapa dura, se trata, junto con El señor de los anillos de Tolkien, de una de las obras de autor extranjero más vendidas en la historia de la editorial, que se remonta a finales del siglo XVIII, cuando J. G. Cotta editaba a Hölderlin y a Goethe. Corazón tan blanco ha sido traducida a 28 lenguas.


 

JAVIER MARÍAS: CONTRA EL VIENTO A SU FAVOR.

SOBRE LA RECEPCIÓN DE CORAZÓN TAN BLANCO EN ALEMANIA

Ya no somos diferentes

En una nota transida de desaliento, Alejandro Gándara se quejaba de la escasa recepción de la última narrativa española en los países de la Europa occidental. Gándara informaba sobre el encuentro internacional de escritores celebrado en Rotterdam a comienzos de 1986, y lamentaba que la recepción fuera unidireccional: "los únicos canales de información establecidos son los que funcionan de fuera hacia dentro sin proceso compensatorio de ninguna especie". Mencionaba también la función que todavía entonces esperaban los anfitriones europeos del escritor español: la del denunciante de una supuesta censura que se resistía a desaparecer y la del intelectual perseguido, "en estrecha consecuencia con la tenebrosa e imborrable imagen que hemos ofrecido durante años". Concluía su testimonio como sigue: "Sólo me resta decir que nada hay más falso que ese interés que se ha pregonado en los medios de comunicación por la literatura española".

Entre tanto, como es sabido, la situación ha cambiado para bien, por razones varias y variadas, alguna de carácter imagológico: la imagen de España en el exterior ha ido transformándose a la par que iba cuajando la transición democrática y crecía el ritmo de modernización del país: el ingreso en la UE y otros gremios internacionales fue la prueba de fuego: Europa ya no terminaba en los Pirineos. Además, desde la llegada del PSOE al poder y hasta comienzos de 1993 (tras la conclusión de los grandes eventos deportivos, culturales y conmemorativos del 92, todos de amplia irradiación internacional), España estuvo de moda en Europa. La Feria del Libro de Francfort de 1991 (dedicada a la literatura española posterior a 1975), la Exposición de Sevilla, la fuerza mediática de los preparativos del V Centenario y las polémicas generadas por la conmemoración (seguidas además con especial interés por los medios de comunicación del ámbito lingüístico alemán) son las marcas más visibles de la recepción de la cultura y literatura españolas en los países de habla alemana. Poco antes, muchos alemanes habían seguido esperanzados el desarrollo de la joven y aún endeble democracia española y habían quedado asombrados ante el fenómeno de la movida y subyugados por la capacidad festiva y jaranera de los jóvenes iberos. Por otro lado, la nutrida presencia de embajadores españoles en los países germanohablantes desde comienzos de la década de los sesenta y de latinoamericanos a raíz del pinochetazo y de las dictaduras del Cono Sur había contribuido de modo perceptible a la difusión de la lengua española. A ello se suman la masiva y creciente afluencia de turistas alemanes desde la década de los sesenta, los programas de radio y televisión dirigidos a los trabajadores españoles y a la colonia hispanohablante seguidos asimismo por un número considerable de alemanes, la sacrificada labor de centenares de profesores de español en los institutos de enseñanza media y en las varias clases de Universidades, la capacidad de irradiación de la literatura hispanoamericana y la creciente presencia de instituciones y centros culturales, revistas y casas editoriales. Estos datos han favorecido también la difusión y el afianzamiento de la lengua española en Alemania y han contribuido al gradual (aunque en cifras absolutas relativo y moderado) aumento de la recepción de la literatura hispanoamericana y española de los últimos cuatro lustros. Javier Marías es, con Manuel Vázquez Montalbán (la serie de Carvalho tiene desde hace años un público fiel) y Arturo Pérez-Reverte, el escritor español más leído por el público de lengua alemana. Corazón tan blanco, cuya espléndida versión alemana de Elke Wehr fue publicada en marzo de 1996 bajo el título de Mein Herz so Weiss por la editorial Klett-Cotta, ha sido la novela española mejor acogida por la crítica, ha figurado durante varios meses en las listas de los más vendidos y goza todavía de ventas considerables.

Espaldarazo televisivo

Heinz Marti, representante en Suiza de la casa editorial Klett-Cotta, me confirma que hasta finales de 1998 se había vendido algo más de 600.000 ejemplares de la versión alemana de Corazón tan blanco, 275.000 de los cuales en tapa dura. Un éxito que en sus comienzos se debió seguramente a la publicidad de Literarisches Quartet (el programa literario de mayor audiencia de la televisión pública alemana ZDF); sin embargo, el éxito de ventas se mantuvo durante todo el año 97, dato que sólo es explicable mediante los efectos positivos de la promoción del boca a boca.

Efectivamente, en los minutos que dedicaron a la novela de Marías en la emisión televisiva del 13 de junio de 1996, los integrantes del Cuarteto literario no escatimaron alabanzas. Marcel Reich-Ranicki, el Buda de la crítica alemana, daba rienda suelta a su entusiasmo afirmando sobre Corazón tan blanco lo que sigue: "Es una de las novelas más importantes que he leído en los últimos años. [...] Estoy entusiasmado con el libro de Marías: creo que es uno de los mayores escritores vivos del mundo. Estoy convencido de ello y no temo afirmar que es un libro genial. [...] Es una obra maestra. Hellmuth Karasek, crítico de culto de la revista semanal de mayor tirada Der Spiegel (algo más de un millón de ejemplares), también comunicó sin ambages su opinión a los telespectadores: "Uno de los libros más extraordinarios que he leído en los últimos tiempos". Para Siegrid Löffler, redactora de la sección de cultura del influyente periódico liberal de Múnich Süddeursche Zeitung, Corazón tan blanco es, además de una "gran novela cosmopolita que arranca de una conciencia muy anclada en la actualidad", una obra "fascinante" y "muy moderna". Hajo Steinert, el cuarto integrante del cuarteto televisivo, considera que el "héroe de la novela es el autor, por lograr escribir con tal maestría". A continuación corrobora lo dicho por sus compañeros: "Tampoco yo he leído en los últimos años algo tan extraordinariamente bueno".

Hasta aquí una breve antología de las voces del cuarteto televisivo. Hans-Jörg Neuschäfer —coautor y editor de una excelente historia de la literatura española (Spanische Literaturgeschichte, Stuttgart, Metzler, 1997) y quizá el hispanista alemán de mayor prestigio- ha interpretado la actuación televisiva y sus posibles efectos como sigue: "Marías es un ejemplo típico de la vivacidad de la narrativa española, pero también del poder de jurados mediáticos como el Cuarteto literario, capaz de hacer fácilmente un best-seller mediante la alabanza exuberante" (p. 399).

Siguen los encomios

Los efusivos elogios televisivos prosiguieron en las reseñas aparecidas en los diarios y revistas de mayor prestigio y divulgación. De las dieciséis reseñas que tengo reunidas con fechas entre abril y septiembre de 1996, sólo las de Klaus Nüchtern y Joachim Kaiser son negativas. Me referiré a continuación exclusivamente a algunas de las más significativas respetando el orden cronológico.

Paul Ingendaay fue el primero en confesar su entusiasmo por la novela en una larga reseña aparecida en la Frankfurter Allgemeine Zeitung el 2 de abril de 1996. Se trata de una nota extensa y atinada en la que el crítico presenta a un público de lengua alemana el argumento de la novela y pone el acento en la complejidad de los personajes, en la importancia de los detalles y en los temas capitales: culpabilidades prescritas, experiencias y conocimientos excesivamente tardíos, el gesto (que puede significar a la vez consuelo o resignación), la habilidad psicológica de silenciar al paciente el estado de sus dolencias, la imposibilidad de olvidar lo escuchado a hurtadillas (que a veces, sin embargo, puede actuar cual virus que daña irremisiblemente el sistema inmunológico del transgresor), la (supuesta) indiferencia moral y la confesión exenta de contrición y arrepentimiento, entre otros. En estos temas percibe el crítico los méritos de la "grandiosa novela" y en la habilidad con que Marías cancela los mecanismos de culpabilidad y confesión, convencido de que la confesión no puede mejorar el mundo, ni al asesino ni a su confesor terrenal y profano. El crítico suizo Andreas Isenschmid (muy conocido porque también aparece con regularidad en programas culturales televisivos) anunciaba a sus lectores la novela de Marías mediante el título siguiente: "Corran, cómprenla, léanla". La reseña -aparecida en el prestigioso semanario zuriqués Die Weltwoche (23-V-1996)-, comenzaba así: "Sin rodeos y en primer lugar: es un libro excelente, con suspense, sorprendente, profundo y lleno de sentimientos. Más importante aún: Corazón tan blanco es sencillamente algo especial que no recuerda nada y que no se puede comparar con nada de lo que actualmente se puede leer".

Hellmuth Karasek redondea y encarece los encomios televisivos en una amplia nota de casi tres páginas que publica en el número 24 del Spiegel (comienzos de junio de 1996): es un texto muy bien calibrado, encabezado por una amplia fotografía (de media página) del autor sentado y rodeado de libros. El pie de la foto rezuma redundancia: "Erzähler Marías: Die Mordgelüste aus Begierde", cuya posible traducción sería: "Narrador Marías: Antojos de asesinato por apetencia". Título y subtítulo de la reseña: "Ascua fría de las insinuaciones. Hellmuth Karesek [escribe] sobre la extraordinaria novela de Javier Marías Corazón tan blanco". Karesek opina que las vivencias de los personajes "constituyen el encanto fulgurante y a la vez sombrío de esta extraordinaria novela", que "el poder del lenguaje sobre la realidad y el falseamiento de la realidad mediante la palabra -un falseamiento que conlleva a las atrocidades de la verdad- forman el chispeante núcleo del tema grandiosa y sagazmente variado" de la narración. Marías es, a su juicio, un "habilísimo constructor de novelas, un ingeniero de los apuntalamientos y de las tensiones de la vida interior de sus figuras". Señala asimismo que la novela sigue los pasos del Edipo o del drama ibseniano o de la novela policiaca: "Lo sucedido mucho tiempo antes de la acción que se está contando es desvelado paulatinamente. Y con ello se pone en evidencia que ensombrece y determina el presente: el pasado como el crimen que marca la existencia, el pensar, el sentir y el modo de actuar". Hasta aquí las voces positivas.

Voces discrepantes

Klaus Nüchtern es el primero que se atreve a opinar que no todos son logros. Critica sobre todo el recurso a la "dramaturgia del suspense", porque a su juicio fatiga a veces, porque puede ser un tanto simple y generar nerviosismo y porque se trata de un recurso que determina tanto la entera arquitectura como las microestructuras del texto. Su disensión se refleja ya en el título ("Geheimnis und Geschwätz", "Secreto y parloteo") y más aún en la entradilla: "Corazón tan blanco, la novela de Javier Marías sobre el asesinato, el matrimonio y la precaria relación con la confianza, la traición y la ocultación, fue celebrada efusivamente por la crítica. ¿Por qué razones?". A su juicio, las reflexiones del protagonista sobre el individuo en general y su penetración en los meandros de la naturaleza del matrimonio son censurables y también lo son las cavilaciones sobre la diferencia entre lenguaje y realidad, entre realidad y posibilidad, entre relato y recuerdo, puesto que "a más tardar después de la segunda repetición", no logra camuflar la índole básica y banal del intento. También censura el desequilibrio entre la "reflexión permanente y el componente integral de la historia" por lo excesivo de su evidencia, porque los resultados no justifican tanto esfuerzo y, sobre todo, porque considera que Karasek se equivoca cuando alaba "el milagro de la construcción" de la novela y cuando afirma que "al final no hay ni un hilo de los supuestamente heterogéneos capítulos" que quede suelto. Concluye, sin embargo, confirmando que hay páginas que "justifican todo el entusiasmo", como los episodios de las falsas traducciones en el memorable encuentro entre el presidente del Gobierno español y la alta dignataria inglesa y las agudas y mordaces observaciones sobre las yermas parameras de la traducción simultánea en congresos y "otras manifestaciones cuajadas de simbolismo".

La nota de Joachim Kaiser aparecida en la Süddeutsche Zeitung del 24 de septiembre de 1996 es tan crítica como la de Nüchtern. Kaiser llega a calificar la novela en su conjunto de "encopetadamente trivial", idea que retoma y en la que profundiza el joven hispanista Guido Bösader en un trabajo notable y atrevido. Por lo que se me alcanza, este último es el primer ensayo de cierta extensión dedicado a Corazón tan blanco y recogido en una monografía alemana sobre literatura española contemporánea: un dato que Eduardo Mendoza sabrá apreciar en lo que vale, puesto que Bösader no "sortea ni despacha" la novela "sin entrar en materia". El joven estudioso privilegia en su análisis algunos temas: los mecanismos de las relaciones amorosas entre los personajes, las "sabidurías populares", frases supuestamente sustanciales (pero que a juicio del crítico apenas logran esconder su endeblez), ideas que califica de "obviamente pseudosabias", lugares comunes de sobrada evidencia (por ejemplo, el paseo nocturno por Nueva York o el diálogo entre el señor González y la señora Thatcher), el funcionamiento de la metaficción, los elementos grotescos y las coincidencias entre la novela y el cuento "En el viaje de novios" (recogido entre tanto en Cuando fui mortal, 1996).

Razones de espacio me impiden comentar con mayor profusión el trabajo de Bösader (que a su vez recoge las ideas capitales de Kaiser). Me limito, por tanto a reproducir un párrafo que reúne las tesis capitales: "Como material constituyente de Corazón tan blanco figura lo tópico. En primer lugar este material sirve de generador de secuencias narrativas, ya que las ideas recibidas figuran como puntos de partida de las reflexiones del yo narrador. En segundo lugar la utilización de lo tópico funciona como técnica de banalización de otros discursos. En muchos casos son los clichés del pensamiento popular más corrientes los que cumplen dicha función. (Otras técnicas de banalización empleadas en el texto son la colocación de discursos elevados en un contexto banal y la expresión inmediata de las consideraciones del narrador.) Hay que subrayar que Javier Marías presenta dicho material cliché desde una postura narrativa seria" (p. 182).

Coda

Mi cometido hodierno no da pie a juicios de valor personales, pues me había propuesto informar de modo recto y objetivo sobre los aspectos más significativos de la recepción y el éxito de Corazón tan blanco en Alemania: un evento seguido también con interés por los medios de comunicación españoles, ya que la novela figuró durante varios meses en la lista de los libros más vendidos, codeándose con títulos de Ken Follet o John Grisham, autores por antonomasia de best-sellers. Concluyo, pues, respondiendo concisamente a un interrogante que yo mismo me había formulado hace algún tiempo: el éxito de ventas y crítica de Corazón tan blanco en los países de lengua alemana se debió en los comienzos al espaldarazo televisivo, al cuidadoso lanzamiento de la novela y a la solvencia y al prestigio de la casa editora, pero se mantuvo durante meses en las listas de los más vendidos debido a la publicidad del boca a boca. Como bien saben los expertos en sociología del consumo, en los sectores de la cultura en los que no se hacen campañas publicitarias fuertes y costosas, la publicidad del boca a boca es un factor decisivo.

 

José Manuel López de Abiada

(Universidad de Berna)

La Duda. Revista de reflexión crítica

núm. 1, junio de 1999

 


Los oídos no tienen párpados

 

El español Javier Marías escribe una magnífica novela sobre el crimen y sus cómplices.

Si una novela comienza contando un suicidio en sus primeras páginas, nos sitúa de golpe ante las cosas serias y definitivas de la vida. Pero si resulta que la suicida es joven y bonita, de piel pálida y mirada velada, están sentadas, además, las bases de una intriga romántica en la que cualquiera puede imaginarse qué hay de por medio: un hombre. El español Javier Marías fue consciente de ello, y por eso empezó su novela Corazón tan blanco con estas líneas: "No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados".

Las siete páginas que siguen al suicidio de Teresa hay que leerlas como una maniobra de ocultación del autor. En ellas describe Marías el revuelo que ocasiona un suicidio en el seno de una familia acomodada. El padre, que acababa de comenzar a comer cuando sonó el disparo, ni escupe lo que tiene en la boca ni puede tragarlo, sino que vacila con desconcierto en el cuarto de baño, con la boca llena, contemplando el espeluznante panorama, y cierra el grifo y tapa con la servilleta el sostén de su hija con el bocado todavía a medias. Los invitados, entre los que hay un médico, se agolpan. La hermana le seca a la muerta las lágrimas. En el comedor la doncella sirve una tarta helada. De la calle llega el silbido del chico de los recados que descarga sus cajas. Mientras tanto, en el cuarto de baño el padre ha vomitado cuanto había comido, incluido el bocado atravesado.

Marías describe la escena de la casa con una minuciosidad casi preciosista; no omite ningún detalle al lector. Nos muestra todos los puntos de vista, y sabemos hasta que el chico de los recados ha dejado de silbar y que la doncella se ha enderezado el delantal. Todos, incluso la cocinera, entran en escena, hasta que Ranz, el marido de Teresa, llega a casa precedido de un halo de colonia. El escenario está siempre iluminado. Y nosotros nos quedamos tan deslumbrados con la escena tan brillantemente descrita que apenas advertimos que el narrador -que sólo en la primera frase ha dicho "yo"- hace ahora su aparición, revelando en la última frase del capítulo su identidad: "Todo el mundo dijo que Ranz, el cuñado, el marido, mi padre, había tenido muy mala suerte, ya que enviudaba por segunda vez".

Con la intriga de este comienzo se podría construir una bonita novela que tratase de la prescripción de la culpa y el saber a destiempo, de un hijo que busca la verdad sobre su padre, o, de modo más general, de los fantasmas de la historia que no se cuentan. ¿Y qué resultaría?. Pocos autores se han preguntado cómo se enfrentan sus personajes a la verdad cuando ésta se hace evidente y si, en general, resulta beneficiosa o no para sus vidas. Y esto es precisamente lo que hace Marías. Como a su maestro, Joseph Conrad, no le interesa tanto revelar las conciencias de sus personajes como la disposición interna del proceso moral en el que el comportamiento de esos personajes se da a conocer y se deja examinar. Lo que le interesa es el problema de qué hacen los personajes con el conocimiento, un asunto que a menudo ha sido pasado por alto.

Juan, el narrador, es hijo de Ranz, de su tercer matrimonio con Teresa. Desde que nació, su tía no es para él más que una anécdota; sabe muy pocas cosas de las circunstancias de su muerte. Las 360 páginas de la novela nos cuentan esencialmente su historia, la de un español de treinta y cinco años que hace de intérprete en conferencias internacionales, que se ha casado hace un año, y que se ve obligado a viajar mucho, a Bruselas, a Ginebra, a Nueva York. Pero la aparente calma con la que selecciona sus recuerdos y los presenta al lector es engañosa. Pues si hasta ahora había podido darse por satisfecho con unas fotos enmarcadas y unas historias familiares sin tacha, esto se acabó.

Cuando se casa con Luisa, una colega de profesión, este inteligente e irónico narrador comienza a sentir inquietud y curiosidad. Fundamentalmente le preocupa que los recién casados se comporten como una pareja, que tengan que compartir el mismo destino, y que sobre la ancha cama reposen dos almohadas en vez de una sobre una cama pequeña. Y para qué hablar de la tiranía de la intimidad, si hay algo aún más peligroso: que los mismos gestos -lo dicho por uno a oídos del otro, por ejemplo- puedan significar tanto consuelo como provocación. Por ello, Juan comienza "… a vivir con el presentimiento de una posible catástrofe…"

El vocabulario médico de Proust, que calificaba a los estados de conciencia de "inoperables", no aparece aquí, ni siquiera ocasionalmente. También Javier Marías se muestra como un brillante psicólogo, pero es más bien un psicólogo que oculta el diagnóstico al paciente. Evidentes para Juan sólo lo son los acontecimientos que lo van a ir empujando cada vez más a su obsesión. En Cuba, durante el viaje de novios, escucha una conversación en la habitación de al lado: un hombre de negocios español tranquiliza a su amante cubana diciéndole que su mujer, en España, está muriéndose y que por tanto va a dejarles el camino completamente libre. La amante no lo cree y le pide al hombre de negocios que mate a su esposa.

El testigo no puede olvidar la historia. La repite en su imaginación como si tuviese que escenificarla en un serial radiofónico, la superpone a otros acontecimientos y acaba abstrayéndose con sus implicaciones. El narrador afirma una y otra vez que no cree en las repeticiones; y hace reflexiones muy interesantes sobre el azar, el destino, etc. que vienen a resumirse en la siguiente: en la línea continua que une lo que ya ha acontecido de lo que todavía no, no se pueden hacer distinciones morales. A pesar de lo cual, vuelve a pegar la oreja a la pared para no perderse lo más importante.

Resulta muy irónico que un meticuloso intérprete comience a temblar ante el poder de las "palabras sin dueño": "Los oídos no tienen párpados que podamos cerrar instintivamente a lo dicho". Con esto, lo que Marías pretende abordar desde el principio es la conciencia de complicidad. Incluso allí donde no hay nada que ocultar, las personas se hacen confidencias unas a otras. Y sin embargo, Juan -y este es el fallo que su retórica ingeniosa oculta- se siente cómplice, incluso de traición y asesinato, sin que nadie lo haya hecho su confidente. En Nueva York, para ayudar a Berta, una antigua amante, vuelve a repetir. Persigue a un extranjero que se ha anunciado a través de un contact; rueda un vídeo íntimo que su amiga envía a ese hombre; incluso una noche accede a ser discreto para que Berta pueda encontrarse con el extranjero. Favores de amigo, al fin y al cabo, se dirá. Aunque también podría ser que Juan obtuviese de todo ello algún beneficio: la posibilidad de ser cómplice de tan extrañas confidencias sin arriesgar nada, sin abandonar su seguridad.

Ya desde el propio título Javier Marías sugiere la apuesta literaria de su novela -que Elke Wehr ha conseguido traducir a un alemán deslumbrante-. Cuando Lady Macbeth dice a su marido después del crimen: "My hands are of your colour; but I shame to wear a heart so white" (Ahora mis manos son del color de las tuyas, pero me avergüenzo de tener un corazón tan blanco), por una parte, evoca la instigación que le hizo al asesinato, pero por otra, la frontera que traza entre ella misma y el asesino, su marido. Que la fría y calculadora Lady Macbeth diga que en ella late un corazón blanco, si no es una broma macabra, sólo puede ser una maniobra manipuladora de aproximación y distanciamiento. Y lo que esta figura literaria sugiere es precisamente lo que atormenta al protagonista de la novela de Marías: el viejo secreto de su padre se le hace presente a él de nuevo, pero no ya como delito, sino como un virus que destruye el debilitado sistema de defensas del hijo. Juan sabe que Ranz perdió a su primera esposa, una cubana, de muerte violenta. Y sentado a oscuras en su habitación escucha, casualmente, que Ranz confiesa ante Luisa su historia. Una historia que, en efecto, trata de palabras dichas sin querer que tuvieron consecuencias, de un asesinato que pudo ocultarse fácilmente y que pesó sobre el asesino durante cuarenta años, sin que su conciencia le haya impedido para nada comprarse un abrigo elegante o cuidarse el pelo por las mañanas.

Únicamente quien no haya comprendido al autor hasta aquí podría reprocharle indiferencia moral por negarse a presentarnos una confesión con dolor de los pecados y propósito de la enmienda, esto es, acompañada de contrición y arrepentimiento. ¿Cómo podría construir una escena tal, si todas las columnas en las que debería reposar este edificio están quebradas desde el principio del libro? Precisamente esta es la clave de la profunda desolación que Javier Marías pone en juego en su grandiosa novela. Si anula el mecanismo de la culpa y el arrepentimiento es porque no cree que las confidencias contribuyan a hacer el mundo mejor -ni para el asesino ni para su mundano improvisado confesor-.

 

Paul Ingendaay

Traducción C. Canterla

Frankfurter Allgemeine Zeitung

2 abril, 1996


 

"Este éxito me da un poco de susto"

 

Corazón tan blanco, la novela de Javier Marías (Madrid, 1951) publicada en España hace cuatro años, se ha convertido en un auténtico suceso editorial en Alemania, después de su éxito en Francia y el Reino Unido. El aplauso unánime y entusiasta de la crítica alemana ha logrado que en un par de semanas haya vendido casi 100.000 ejemplares.

Los grandes críticos alemanes han agotado el repertorio de calificativos elogiosos para referirse a Corazón tan blanco. Comparado con García Márquez y definido como uno de los grandes escritores europeos de los últimos años, Marías se ha convertido en la estrella literaria de Alemania. Es un éxito que ya conocía en Inglaterra y en Francia, donde estas últimas semanas los medios de comunicación se han volcada con su obra.

 

Pregunta. ¿Cómo vive este éxito europeo?

Respuesta. Por fortuna, y como en España, el éxito ha sido paulatino. Tanto en las críticas como en las ventas. Lo nuevo es lo ocurrido en Alemania. Me sorprende... y me da un poco de susto. No sé bien por qué. Puede que sea porque es un país que me es ajeno. Lo ocurrido es la suma de dos cosas: criticas muy buenas y ventas demenciales. Pero no deja de parecerme una locura. A este ritmo, en un mes se va a vender en Alemania más de lo que ha vendido en España en cuatro años (en la edición de librería, unos 100.000, y en otras ediciones, unos 60.000).

P. Mucha venta y mucho tiempo para lo que suele ser la vida de los libros en España.

R. Sí. Ha tenido un buen goteo. Produce un desconcierto y un poco de susto agradable. No me voy a quejar. El susto es porque tengo la sensación de perder el control sobre mi libro. Creía que comprendía y controlaba la percepción que de mí y de mi obra podían tener los demás. Y ahora, ya no. Por supuesto, me ha tocado la lotería alemana.

P. No parece que sea un tema de suerte. El aprobado -sobresaliente en su caso- se lo han dado los críticos alemanes más prestigiosos.

R. Algo raro tiene que ocurrir. Ayer [el pasado jueves] me pasó una cosa insólita. Serían las ocho de la tarde. Cojo el teléfono y me dicen en inglés que llaman de un restaurante. Me preguntan si hablo alemán y digo que no, que inglés. Entonces, el que llamaba me pasa con unos tipos que me dicen que querían verme, saludarme y hacerse unas fotos. De locos.

P. Amplía usted el mapa turístico: el Prado, el Escorial y Marías.

R. Espero que no. Aunque la verdad es que me quedé atónito. Me contaron su recorrido y pretendían que quedásemos para el sábado. En fin, supongo que será el momento. Me parece exagerado. Puede ser agradable, pero no soy tan tonto como para creérmelo. Tiene la ventaja de que todo esto ocurre en el extranjero -tanto en Francia como en el de Alemania, Inglaterra o Brasil- y que se atreven a decir cosas que aquí un crítico jamás diría. Imagine a algún critico español poniéndome a la altura de García Márquez. Aquí somos muy miserables para lo español y hay una tendencia muy fuerte a considerar que lo más municipal es lo que interesa. Prima hacer supuestas virguerías con el idioma y se hacen grandes loas de ese tipo de escritor, pero no se atiende otro tipo de creación.

P. ¿A qué se debe esa tacañería con el elogio?

R. Éste es un país muy cainita. En cuanto alguien sube, deciden bajarle porque ya ha subido demasiado. Hay una vigilancia perpetua. Hay un elemento de desconfianza hacia la propia estima porque no acaban de creerse que nuestro país pueda dar cosas muy excelentes. Creo que las cosas que vienen de fuera, en este caso las críticas, son como más verdaderas.

P. ¿No le parecen auténticas las que se hacen aquí?

R. Cuando un crítico de fuera opina sobre un libro tuyo, puede estar equivocado o no, puedes estar de acuerdo o no, pero la impresión que te da es de que es sincero. No saben de dónde vengo, en qué periódicos escribo ni de quién soy amigo. Pero en España la crítica está tan maleada que desde hace un par de años apenas la leo. En un 85% de las ocasiones te da la sensación de que son insinceras. Cuentan amistades, enemistades, favores, etcétera. Todo está falseado. Las criticas, incluidas las buenas, me las tomo con un escepticismo total.

P. Se estará usted forrando.

R. No he hecho ningún cálculo. Porque no sé cuántos marcos cuesta el libro, ni me acuerdo ahora de los porcentajes que lleva la editora alemana. Además, la editorial Anagrama se queda con el 25%. Lo que confío es que la traductora, que ha hecho un trabajo excelente (un alemán luminoso, me han dicho), se lleve un buen porcentaje.

P. ¿Sigue usted sin editorial?

R. Sigo. He publicado unos cuentos en Alfaguara, pero eso no quiere decir que siga con ellos. Puede que sí y puede que no. Lo que no voy a hacer más es casarme con una editorial. Estuve casado, y fui muy fiel además, con Anagrama durante ocho años, y el divorcio, no querido por mí, ha sido profundamente desagradable. No me caso más, cada libro es cada libro y veré lo que hago.

P. También sigue sin agente.

R. Sí. Sin agente, sin secretario. A veces me da la sensación de que soy una pequeña empresa con un solo empleado que hace todo: desde la materia prima hasta pegar los sobres. Por fortuna, soy bastante diligente.

P. ¿Qué escribe ahora?

R. Un libro que quiero terminar en verano si es que consigo centrarme. Se leerá como una novela, pero no será ficción. Contaré cosas demenciales que me han ocurrido o de las que he tenido conocimiento a raíz de la publicación de Todas las almas. Es curioso porque es como si esa novela hubiera intervenido en la realidad y la hubiera modificado. Son cosas increíbles que han pasado de verdad, aunque habrá muchos que no se lo creerán.

P. Puede aprovechar para iniciar nuevas broncas o polémicas con los escépticos. Parece que le gusta bastante discutir.

R. Soy poco diplomático y poco cuidadoso. Aunque me viene esa fama porque, creo que fue en el 73, se publicó un articulo mío cuestionando a Cela. No estuve faltón, pero criticaba el monoteísmo literario que existía con él. He sido un poco temerario.

P. Puede que tenga algo de chulito madrileño de caricatura.

R. ¿En qué quedamos? Me han dicho siempre que era británico y frío, y que devolviera el pasaporte porque no tenía nada de español. Me han negado la españolidad cantidad de veces. Y ahora, chulito madrileño. Hombre, soy de Chamberí, pero no parece que mi imagen sea tan así.

P. Dejémoslo en gusto por la polémica.

R. Lo que ocurre es que no suelo arrugarme dialécticamente y reacciono. Estamos en un momento en el que la gente dice las mayores sandeces, las mayores barbaridades y las mayores mentiras, y nadie dice nada. Dicen que toda opinión es respetable. En absoluto. Lo respetable es que todo el mundo se exprese. Ahora bien, una vez que han opinado no tengo por qué respetarlas. Sólo faltaba.

P. Tampoco veo que cuide una imagen políticamente correcta. No tira el cigarrillo cuando le enfoca una cámara.

R. Por eso no voy nunca a EE UU. La campaña contra el tabaco es de un gran cinismo. Hay cosas infinitamente peores que el tabaco. Los coches matan, pero nadie dice nada de ellos, y son un peligro cierto y cuantificable. Y lo que espero que no prospere es la tendencia a atender mal y tarde a los fumadores cuando están enfermos. Los fumadores están pagando un montón de impuestos adicionales cada vez que compran un paquete. Tanto como para pagar todas las atenciones que necesiten. En el fondo, los fumadores son benéficos porque pagan impuestos monstruosos de los que se benefician los demás.

 

El País, 23 de junio de 1996

ANGELES GARCÍA, Madrid


 

El libro más grandioso

 

El novelista español Javier Marías arrasa en Alemania con su novela Corazón tan blanco, que lleva vendidos 60.000 ejemplares de una tirada de 80.000 y arrancó insólitos elogios de la crítica más feroz. El legendario Marcel Reich-Ranicki, el gran guru de la crítica literaria alemana que no hace mucho tiempo destrozó la última novela del escritor alemán Günter Grass, dijo de Marías: "No hay nada comparable en la literatura contemporánea".

El semanario alemán Der Spiegel dedicó hace dos semanas tres páginas de su crítico Hellmuth Karasek a la novela Corazón tan blanco, la calificó de "extraordinaria", y dijo de Marías que "es un asombrosamente hábil constructor de novelas, un ingeniero de los apuntalamientos y de las violentas tensiones de la vida interior de sus figuras". El espaldarazo definitivo para la novela de Marías lo dieron los cuatro críticos que participan en el programa de literatura de más audiencia de la televisión alemana, El cuarteto literario, que emite la segunda cadena de la televisión pública alemana ZDF. Se trata de una especie de tertulia en la que cuatro críticos, encabezados por Reich-Ranicki, que lleva la voz cantante, comentan cinco novelas. Además de Ranicki, participa siempre Karasek, de Der Spiegel, y Sigrid Loeffler, del periódico liberal de Múnich Süddeutsche Zeitung, y un cuarto crítico invitado que varía.

Los cuatro se arrebataban la palabra al comentar la novela de Marías, y parecía como si cada uno tratase de superar los elogios del otro. Loeffler habló de novela "arrebatadora, moderna, cosmopolita, de una visión muy actual, pero asentada en la España de hoy", y destacó su tratamiento del tema del matrimonio, al mismo tiempo que establecía la relación con el mito de Barba Azul. Karasek se refirió a las connotaciones con lady Macbeth del titulo de la novela, "uno de los libros más grandiosos que he leído en los últimos tiempos".

En esa línea insistió Reich-Ranicki. El feroz crítico abrió el tarro de las esencias: "Una de las novelas más importantes que he leído en los últimos años", "no puedo nombrar a un solo escritor contemporáneo que se aproxime de cerca a su calidad", "si tuviera que nombrar a uno, sería García Márquez". Después expuso Reich-Ranicki que el héroe de la novela es un ente abstracto, el idioma, y añadió: "No me hubiera imaginado jamás que alguien pudiera escribir con tanto contenido, tan divertido y tan interesante sobre el trabajo de la traducción simultánea". Luego el crítico calificó la novela de "arrebatadora". Siguió Reich-Ranicki con un "no vacilo en afirmar que se trata de un libro genial", lo comparó con Dostoievski y concluyó con la recomendación de que "esta obra maestra" debería pasar a ocupar el puesto primero en la lista de libros más vendidos.

 

JOSÉ COMAS, Bonn.