CUENTOS ÚNICOS
edición ampliada

JAVIER MARÍAS, ed.

Traducciones de Alejandro García Reyes, Antonio Iriarte y Javier Marías
Reino de Redonda

Barcelona
Primera edición: mayo 2004

 

MISTERIO Y FULGOR


"¿Qué ocurre con todos aquellos escritores que sólo acertaron de lleno una vez, y esa única vez les dio para pocas páginas, veinticinco, diez, cinco?". La respuesta es bien sencilla: acabar dando con su texto en una antología como ésta. El antólogo los define con una imagen: "Escritores que sólo dieron un fulgor", que es una imagen precisa y sugerente, como lo deben ser las imágenes literarias. De manera que este libro es una rareza que se compone de 19 fulgores y, conviene decirlo cuanto antes, un regalo para todos aquellos que gustan de divertirse con la buena literatura.

Todos los cuentos reunidos pertenecen a lo que podríamos llamar, de manera extensiva, literatura de misterio, unos decididamente terroríficos y otros más cercanos a lo fantástico. Todos cumplen con la premisa de unicidad y entre ellos hay mayoría de olvidados, el más desconocido de los cuales me parece un tal Nugent Barker; creo que tan sólo los nombres de E. F. Benson, A. E. Coppard, Richard Hughes y Richard Middleton les sonarán a los buenos aficionados a la lectura, además de Lawrence Durrell y Winston Churchill que, como notables exhibicionistas, permanecen en cartel en el Gran Teatro del Mundo. Y esa pertenencia al género de misterio ya dice mucho de la clase de fulgor que nos espera. Evidentemente, el género, en su menor exigencia -salvo las obvias y escasas excepciones: los relatos de fantasmas de Henry James, por ejemplo- y en su capacidad de enganche más inmediato, son propicios al hallazgo en un rapto de inspiración de quien sería incapaz concebir y mantener una obra en conjunto y coronar cumbres de la envergadura de El sur o La señora del perrito. Pero la belleza de este libro procede, justamente, de su singularidad y convierte la lectura en un juego delicioso y un homenaje a lo extraordinario.

La variedad de asuntos y escenarios es notable. La otra cama resuelve maravillosamente la presencia de un fantasma en la habitación doble de hotel; El miedo del lago muestra el horrible triunfo de un orgullo cerril; encontraremos una variante del muerto vivo en El hombre hueco; asistiremos a un ingenioso juego de construcción paralela entre el amor fantasmal y el amor real en Polly Morgan; nos impresionará, sin duda, la extraordinaria tenacidad de un muerto en Suena el teléfono; leeremos de la mano de R. Hughes uno de los más extravagantes y originales relatos de fantasmas que se han escrito e incluso conoceremos por vez primera la tan sorprendente como bien contada historia de un barco acobardado que rehúsa atender las órdenes del capitán y los esfuerzos de la tripulación. Y, como curiosidad, a dos de los autores seleccionados los hallaremos también en el libro Negra espalda del tiempo, del propio antólogo; son Wilfrid Ewart, cuya misteriosa y prematura muerte en México está allí admirable y misteriosamente expuesta, y John Gawsworth.

No todos los relatos son, claro está, de pareja concepción y ejecución. De hecho existen diferencias de resolución entre, por ejemplo, un relato como Celos, excedido aunque absorbente, resuelto a la vez con lógica y torpeza, y esa joya que es El fumador de pipa; como tampoco es completamente feliz en su brevedad el de sir Winston Churchill, aunque la utilización dramática que hace de una cancioncilla popular incide directamente en el nervio central del espanto del relato y lo transfigura. En fin, un libro convincente, fiel, de entretenimiento y calidad garantizados y, también, de consecuencias inesperadas; como corresponde al género: cuando me encontraba releyendo la estupenda historia del muerto vivo sonó el teléfono de mi despacho y una encantadora voz femenina me ofreció un seguro de servicios funerarios en condiciones ciertamente ventajosas que, sin embargo, rehusé.


JOSÉ MARÍA GUELBENZU
El País, Babelia
5 de junio de 2004

 

El misterio del teléfono mudo
Los cuentos de fantasmas, horror o misterio que acertaron de lleno una vez

Es éste, en realidad, un libro bien extraño. No es normal que un escritor español se ocupe de recopilar obras y autores de una literatura ajena. No es normal que el motivo de esa recopilación sea un género tan insólito como lo es la literatura de misterio (por mucho que se traiga a colación a Don pedro de Alarcón, a Gustavo Adolfo Bécquer o a Lope de Vega), y no es normal tampoco que una selección de este tipo muestre, dentro de la insoslayable arbitrariedad, una coherencia tan marcada. Podría, por tanto, afirmarse que estamos ante un libro único, del que esperamos merezca la atención y despierte el interés de los lectores. El esfuerzo de Javier Marías resulta encomiable a priori y produce franca satisfacción una vez que se han terminado de leer los 19 cuentos que forman el volumen.

Fantasmas

La selección que el autor propone se basa en dos criterios irreprochables sobre los que se advierte con agudeza en la introducción. Por una parte, los textos que "sólo acertaron de lleno una vez, y esa única vez les dio para pocas páginas, 25, 10, 5". Una peculiaridad que ya encierra en sí misma todo un misterio. Y el misterio como tensión narrativa es precisamente la otra parte o criterio bajo el que se agrupan los cuentos. Un género que Marías no delimita y en el que engloba "el cuento fantástico, el de horror y el de fantasmas".

Decía Oscar Masotta que un cuento de misterio "sería aquel capaz de transmitirnos la señal menos señal que emite un teléfono: su silencio". Menos señal de todas porque no suena, no se configura alrededor de un ruido que signifique que están llamando, está comunicando, hay línea o suena la llamada en el número que hemos marcado. Continuando con su razonamiento, manifestaba el introductor de Lacan en España que un buen testimonio de la validez de su metáfora podrían ser los enamorados, "los únicos seres que se pasan todo el día oyendo ese teléfono que no suena". El misterio del amor. Y añadía que una vida así llevaba a la locura. Nadie podría vivir si oyera continuamente esa señal. Sería como vivir con la conciencia cotidiana de la muerte. Algo de esto intentó Unamuno y no falta quien lo considera por ese motivo el escritor más histérico de nuestra historia literaria. En la antología de Marías hay precisamente un cuento cuyo título, Suena el teléfono, parece oponerse a lo anterior. Se ha ahorcado, al parecer, a un inocente y el capellán de la cárcel recibe sus llamadas telefónicas desde el más allá reclamando venganza. En este cuento los tres elementos de los que habla Marías -lo fantástico, el horror y los fantasmas- actúan como ingredientes fundamentales y es un buen ejemplo, aunque ecléctico, de las enormes posibilidades que contiene el género. A pesar de todo, de la muestra global de los cuentos se desprende que Marías siente una predilección por el entendimiento de la literatura de misterio como algo ligado al concepto de lo siniestro, es decir, la revelación de lo familiar como lugar posible de lo desconocido.

El tema del doble

Y en esa dirección se mueven los mejores cuentos de la antología, Polly Morgan es el relato más largo de la serie y uno de los más conseguidos. La historia de una encantadora solterona a quien visita el amor a modo de fantasma es una indagación en el deseo que remite a los mejores escritos de Henry James. El tema del doble, tan fundamental en este tipo de literatura, atraviesa las páginas de La canción de Lord Rendall, una historia donde lo cotidiano y lo fantástico logran un encuentro o un desencuentro perfecto, con notas de un talento narrativo muy relevante: "Había caminado detrás de Janet como caminan los maridos por sus casas detrás de sus mujeres".

El fantasma, de Richard Hughes -cuya obra Huracán en Jamaica le roba a este texto la categoría de único-, está montado como un efecto de corte paradójico que ilumina el sentimiento de culpa. La otra cama responde a la característica de cuento de aparecidos -evoca la narrativa de aquel maestro desconocido de las letras gallegas que fue, y es, Anxel Fole- y cuenta con un excelente tratamiento de un personaje secundario, un camarero, que integra un humor pleno de finura.

El hombre hueco se inscribe en una línea de misterio que remite al Bartleby de Melville, y la pequeña pieza de Winston Churchill, si bien no justifica que en 1953 le otorgaran el Premio Nobel de Literatura, si ejemplifica, con dignidad, que el estadista sabía manejar con eficacia la escritura.

Quizá el que más decepcione sea el de John Gawsworth, Como ocurrió, aunque sirve como testimonio del coqueteo del misterio con lo patológico. Digo que decepciona porque este escritor, revelado por Marías en su novela Todas las almas, aparece como eje central de gran parte de este volumen dada su afición al género y su papel de editor de gran parte de ellos. Su texto, sin embargo, no llega a transmitir esa turbia inquietud que uno le exige a esta literatura.

Ironía

Cada cuento viene precedido de unos pequeños apuntes biográficos con los que sucede algo semejante a las acotaciones en el teatro de Valle-Inclán: tienen vida literaria propia. Javier Marías recrea con estas pequeñas notas todo un paisaje literario en el que la ironía lo domina todo, salvo alguna grieta por donde asoma la maldad (literaria). Al parecer, este libro encierra otro misterio añadido. El antólogo podría haberse ocultado detrás de algún autor para ofrecer su propio texto. El que esto escribe no lo ha reconocido, pero los lectores pueden jugar a detectives. Un acierto más.

Constantino Bértolo

publicado por primera vez en El País

Recopilado en Invitación a la lectura-8  (editado por Dirección provincial del MEC, Zaragoza)

mayo, 1990