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JAVIER
MARÍAS (Madrid, 1951). Es novelista y uno de los articulistas más
seguidos del país. Después de muchos años en las
páginas de El Semanal, abandonó la publicación
después de que uno de sus artículos fuera censurado. En
marzo recaló en EPS, donde escribe una columna semanal.
Ha recopilado sus colaboraciones en prensa en libros como Seré
amado cuando falte, Mano de sombra y los más recientes
A veces un caballero y Harán de mí un criminal.
Escritor polémico, ha publicado, entre otros, Todas las Almas,
Corazón tan Blanco, Mañana en la batalla piensa
en mí y Fiebre y Lanza, primera entrega de la obra
Tu rostro mañana, en cuya segunda parte se encuentra trabajando
el escritor. Fue traductor, profesor en la Universidad de Oxford y en
la Complutense de Madrid. Sus obras se han traducido a 32 lenguas y se
han publicado en 44 países, con más de cuatro millones y
medio de ejemplares vendidos en todo el mundo.

Escribo
las columnas en casa y en mi mesa, por lo general. Pero cuando toca hacerlas
en otro sitio, pues nada.
Y además...
¿Cómo escoge los temas de sus artículos?
(De la entrevista a El País, 15 de octubre 2003)
"Hay semanas en las que a uno le sobran los temas. Otras te pones
delante de la máquina y no sabes de qué vas a hablar.
Lo asombroso y un poco ofensivo es que siempre acaba saliendo algo.
Aunque el tema me llegue traído por los pelos, intento hacerlo
lo mejor posible. Nunca lo despacho de cualquier manera. Los hago, rehago,
corrijo. Todos están igual de trabajados. Da igual que el tema
sea muy serio o muy frívolo. En febrero empecé la colaboración
con el EPS y me tocó la guerra de Irak. Me salieron
artículos duros y sombríos. Cuando hay cosas muy ineludibles,
uno tiene la sensación de que no hay que repetirse demasiado
y alterna seriedad con juerga. Más allá de estar muy cenizo
o muy jaranero, tampoco controlo demasiado el tema. Son artículos
hechos con dos semanas de antelación respecto a su publicación
y a veces hay cosas que te hierven en la cabeza y otras no tienes el
tema claro, pero basta dar un vistazo a un telediario y encuentras un
mínimo de un par de idioteces muy representativas de actitudes
o tendencias que te inspiran".
"Tampoco quiero escribir de vaguedades o repetir lo que dice todo
el mundo. Si mi punto de vista es igual al de la mayoría, me
abstengo. Hablo de aquello en lo que tengo una perspectiva que no coincide
con los demás, con la mayoría. Como digo en la presentación
del libro, esta época no me gusta mucho. No busco motivos de
enfado. Tengo algún artículo elogioso (Savater), pero
es obvio que es una época que me gusta poco. Tanto en España
como fuera. Aquí hay un Gobierno espantoso, pero fuera están
Berlusconi, Blair, que parecía más normal… Hemos
vivido atrocidades como el 11 de septiembre".

¿Qué
es una columna?
En una columna, para el que la escribe, aparte de ganar algún dinero,
se ve forzado a pensar en asuntos más o menos de actualidad, y
a pensar algo distinto -si se da el caso- de lo que la sociedad y la época
ya piensan por sí solas. Para el que la lee, uno confía
en que a su vez se pueda parar a pensar un poco más de lo habitual,
o a considerar otro punto de vista.
Publiqué mi primera columna en...
No me acuerdo bien. Más que columnas, primero publiqué artículos,
quizá en el Diario de Barcelona, quizá en la revista
médica Juno. Probablemente eran literarios.
¿En qué se inspira para elegir tema?
A menudo -es así- en los propios cabreos con lo que se dice, se
hace o sucede. Pero también procura uno cambiar de tonalidad de
vez en cuando, o si no sería un permanente cascarrabias.
Alguna columna que le haya traído problemas...
Varias. Evidentemente, la que más la titulada "Creed en nosotros
a cambio", que El Semanal decidió censurar y que
motivó mi salida de ese suplemento dominical tras casi ocho años
de colaboración dominical. Es muy preocupante que en 2002 se censure
una columna crítica con la Iglesia. Para echarse a temblar.
¿A mano o a máquina?
Escribo a máquina, corrijo a mano y vuelvo a hacer la versión
última a máquina.
¿Censura o autocensura? ¿Hay asuntos de los que
prefiere no escribir?
Autocensura más bien no. Censura, ya le he dicho. Las libertades
hay que tomárselas, no que reprimírselas. De eso, al parecer,
ya se encargan siempre otros. Pues que se encarguen ellos, no va uno a
hacerles además el trabajo.
El mejor columnista de España es o ha sido...
Me temo que sigue sin ser superado Larra.
La libertad de opinión tiene como límite...
El insulto injustificado, la falsedad, la calumnia, el excesivo impudor,
el buen nombre de otras personas. Lo normal.
Nunca sería columnista de...
Son demasiados los sitios en los que no escribiría para aquí
enumerarlos. Por razones de todo tipo.
¿Todas las opiniones son respetables?
No, y a eso he dedicado varias columnas. Lo que es respetable es que todas
las opiniones puedan expresarse. Pero hay opiniones repugnantes, o imbéciles,
o criminales, que no han de ser respetadas. Toda opinión es susceptible
de ser rebatida, criticada o vapuleada. La gente no parece diferenciar
hoy mucho entre las personas y sus opiniones. Éstas no tienen por
qué ser respetables. ¿Lo era que había que aplicar
a los judíos la llamada "solución final", por
ejemplo?
”El
ciudadano Javier Marías”, por Inés Blanca (www.javiermarias.es) |
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O el ciudadano más lúcido, también. Esto es
lo primero que me viene a la cabeza cuando pienso en los artículos
de Marías, los lectores que lo siguieron durante los ocho
años que escribió en El Semanal y que lo
siguen desde hace unos meses en El País Semanal
entenderán lo que digo. Tantos y tantos domingos en que uno
tiene la sensación de que es algo así como nuestro
portavoz, que reflexiona y se queja sobre cuestiones que nos afectan
a todos. Tiene esa virtud, la de saber extrapolar sus experiencias
e inquietudes de manera que nos sintamos representados, ya se trate
de los ruidos que nos martirizan en las ciudades, del mal funcionamiento
de algunos servicios públicos o de la importancia que tienen
en nuestras vidas las personas mayores o los seres queridos. Los
ejemplos nos llevarían un buen rato, pues la variedad de
los temas que trata es enorme, por lo que considerados en conjunto
es como si la vida cotidiana entrara a raudales, con sus dosis imprescindibles
de humor, aventura, emoción y reflexión (esto se ve
bien en las recopilaciones: Mano de sombra, Seré
amado cuando falte, A veces un caballero y la más
reciente, Harán de mí un criminal, libros
todos publicados por Alfaguara). En cierto sentido, algo semejante
pasa con sus novelas.
Los que lo leemos todos los domingos sabemos bien que Javier Marías
no se calla ante las injusticias o tropelías de gobiernos
y políticos, que no es indulgente cuando no toca, que no
es superficial –aunque sí puede tener en ocasiones
un punto de sana frivolidad–, que no comete el atropello de
regalarnos el oído con lo consabido. Esto lo convierte en
un articulista incómodo, y no sólo para el establishment
(de todos es sabido que su marcha de El Semanal se debió
a que le censuraron un artículo contra la Iglesia católica),
a veces puede serlo hasta para sus lectores más fieles y
entusiastas. Voy a explicar esto último: algunos domingos,
día de publicación de su pieza semanal, no siempre
sienta bien que nos zarandeen, que nos sacudan de nuestra modorra
o simples ganas de distraernos las mañanas del festivo de
la dureza de la semana. Así, he observado cierta impaciencia
en algunos lectores en los últimos meses en que Marías
se ha volcado en sus artículos especialmente en tratar la
guerra de Irak y ha escrito mucho contra los políticos que
la provocaron (Bush) y los que la secundaron (Aznar) pese a la oposición
clamorosa de las gentes a las que ellos tendrían obligatoriamente
que representar. “Otra vez está Marías con eso”,
he oído o leído con alguna frecuencia. Y resulta que
“eso”, la guerra, es lo que nos ha amargado y enfurecido
hasta el punto de salir a la calle repetidas veces durante semanas,
lo que ha llenado nuestros pensamientos y nuestras conversaciones
varios meses, y aún ahora. Demasiado dolor e injusticia,
pero dolor e injusticia han estado tan presentes que el escapismo
sólo hubiera dado más alas a los poderosos. Sí,
Javier Marías es un articulista incómodo, afortunadamente
para todos, una rara avis en esta sociedad tan complaciente y amarga
en que nos ha tocado vivir.
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Sincolumna.com
3 de noviembre de 2003
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