Prólogo Pasiones pasadas

 

Se reúnen aquí treinta y un artículos de variadas extensión y asunto, escritos -con la excepción de uno- en el curso de los seis últimos años. La extensión y el asunto son tan variados que han sido justamente ellos los que han conformado la colección, expulsando de su seno, por un lado, los artículos más políticos y por ello sujetos a un momento ya pasado que además fue muy breve; por otro, los más polémicos o indignados, cuya aparición habría quizá obligado a explicar en cada caso el porqué y el contra qué o quién del enfado; y por último, los más literarios y relacionados con mis propios escritos de ficción, que tal vez un día podrían formar un volumen aparte.

Todos los momentos a los que cada artículo pertenece, son por lo demás, siempre pasados, y todos fueron escritos con un grado mayor o menor de pasión, y si esto puede a veces no saltar a la vista del lector de ahora, sí es algo sabido por el escritor de entonces: quizá no haya llegado aún al nivel de profesionalidad que me permita redactar artículos por obligación o por conveniencia. Incluso en los que fueron de encargo, tuve que hacer mío su asunto para poder componerlos. Es decir, sigo viendo la composición de estas piezas más bien breves como algo directamente relacionado y dependiente de la vehemencia o pasión de un instante. De cuantos practican el género con intención literaria es sabido que la tensión que exige no tiene nada que ver con la de la novela ni con la del ensayo ni siquiera con la del cuento, tal vez más (pero lo ignoro, ya que no los escribo) con la del poema, que, al igual que el artículo, puede despacharse en un día o dos, acaso porque no se aguanta durante más tiempo la intensidad a que el autor se somete.

Todo esto no quiere decir que quien se disponga a leer o releer estos textos vaya a encontrarse, uno tras otro, con arrebatos de odio y amor, de entusiasmo y cólera. Le ocurrirá alguna vez, pero quiero pensar que también hallará artículos ecuánimes o serenos e incluso burlones. Al hablar de tensión, vehemencia y pasiones me estoy refiriendo sobre todo a un elemento o rasgo compositivo que -creo yo- acompaña siempre a la escritura de estas piezas.

Las tres ciudades de las que hablo son aquellas en las que he vivido además de Madrid, la mía. He tenido dudas acerca de incluir o no dos artículos de los que no sólo proceden en parte sendas obras de ficción mías, sino que coinciden con ellas en algunos pasajes, que casi se repiten en ámbos géneros de textos. A la postre he decidido su inclusión por eso precisamente, como muestra de que las mismas palabras pueden ser ficticias o reales sin depender de ellas mismas (idénticas), sino de dónde se inscriben o con qué se envuelven o cuál es su tratamiento. Así, de "La venganza y el mayordomo" (1987), surge el cuento " Lo que dijo el mayordomo", del volumen Mientras ellas duermen (1990), y "El hombre que pudo ser rey" (1985) contiene lo que Nabokov habría llamado "el primer latido" de la novela Todas las almas (1989).

En el Índice el lector encontrará la fecha de composición de cada artículo, que no siempre coincidirá con la de publicación, cuyos datos, sin embargo, se le ofrecen al final bajo el epígrafe Procedencias. Sólo la última pieza, "La dificultad de perder la juventud", no había sido impresa hasta ahora en ningún lugar.

 

Javier Marías

Marzo de 1991

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P.D. Ocho años después

Quién sabe por qué motivos -pero algunos fueron sin duda de índole editorial-, Pasiones pasadas ha resultado ser mi libro menos conocido hasta la fecha, con la excepción de la novela El monarca del tiempo, de 1978, que nunca he reeditado como tal -sí en cambio tres de sus cinco partes- por no ver la necesidad. Menos, incluso, que los posteriores volúmenes de artículos -el género más modesto- que finalmente albergaron las piezas "expulsadas" de esta colección (Vida del fantasma, de 1995, y Literatura y fantasma, de 1993). Y sin embargo varios de los artículos aquí incluidos siguen contándose entre mis textos preferidos, de ficción o no. Podría pensarse que ello es debido precisamente a su poca suerte, y quizá no sea éste un elemento indiferente en la predilección. Pero es seguro que no es el único, porque parte de la preferencia obedece a razones biográficas, que no suelen hacer más fuertes ni más endebles la calidad añadida ni la compasión.

Y por eso, hasta cierto punto, di por buena durante años la escasísima difusión de estas páginas, que las hacía involuntariamente secretas e íntimas, conocidas sólo de lectores muy curiosos o exageradamente leales al autor. Hace año y medio, sin embargo, mi conformidad desapareció, al ver cómo esa escasa difusión era aprovechada deslealmente por un escritor para "tomar prestadas" numerosas imágenes, anécdotas y frases casi literales del largo artículo inicial de Pasiones pasadas, "Venecia, un interior", para incorporarlas -sin reconocimiento ni mención- a una atolondrada novela suya que le valió un llamativo premio. Dado que esa Venecia por mí retratada y pensada está unida a un periodo de mi vida que, por decirlo sin dramatismo, no es equiparable a ningún otro, no pude evitar sentirme saqueado, y no sólo de un texto, sino también de mis recuerdos.

Que ninguno de los jurados ni de los muchos críticos que se ocuparon del llamativo premio señalara esa deuda o apropiación -no la única, por cierto-, sólo contribuyó a que lamentase entonces los pocos lectores de Pasiones pasadas y a confirmar el doble rasero con que miden y juzgan bastantes de esos críticos -o su connivencia, o su ineptitud-. Y hubo incluso un periodista que, al hablar de aquella novela tan intempestiva y epigonal, celebró que "no todos los novelistas jóvenes sean como Javier Marías". Será lo justo que esa nota ahora añadida vaya a su salud y a la de sus colegas miopes o mudos, o acaso sólo complacientes con un ecuánime y nada vengativo director de periódicos y con una muy desinteresada editorial.

 

Javier Marías

Marzo de 1999