ENTREVISTA REVISTA TELVA

Javier Marías concede pocas entrevistas, sólo cuando publica un libro y la promoción aprieta el dogal. Tiene fama de hosco con los periodistas, "un tipo glacial", me recuerda alguien, y de quisquilloso con los fotógrafos. "Javier -me avisa la editorial- sólo hará fotos en su rincón de trabajo". Al llegar a su casa, Raquel le explica la conveniencia de bajar a la calle para hacerle unos retratos y Marías, dócil y afable, acepta sin rechistar. Y cuando dirijo mi atención sobre dos pequeñas figuras de madera policromada, un lacayo indio con portaestandarte y un soldado escocés me confiesa: "Sólo me interesaba el lacayo pero como parecía llevar mucho tiempo en la tienda junto al soldado... por no separarlos compré los dos". ¿Son estas las razones de un tipo frío? Esta larga conversación ha sido posible gracias a la publicación del primer volumen de su nuevo libro Tu rostro mañana. 1 Fiebre y lanza (Alfaguara) novela que analiza los límites del hablar y el callar, los peligros de la lealtad, la amenaza de la traición y la indefensión del ser humano.

Cuando, después de una larga entrevista de casi dos horas, Javier Marías cierra tras de mí la puerta de su casa, yo, armada de atrevimiento y zozobra, me deslizo sobre uno de los escalones de la desgastada y acogedora escalera del siglo XVIII y allí, sentada, me quedo unos minutos analizando sus respuestas, procesando sus gestos y clasificando los distintos tonos de su voz; intentando trazar, el perfil humano de un escritor que lleva años fascinando literariamente a más de cuatro millones de lectores de cuarenta y cuatro países diferentes. Ya en la calle, mientras camino indolentemente por un Madrid atrapado en uno de los más violentos y rojos atardeceres de este otoño me pregunto: ¿Por qué este hombre parece un ser extremadamente controlado cuando los protagonistas de sus libros, en ocasiones un remedo del propio Marías, se debaten, por su sensibilidad y emotividad, entre la duda y el análisis? ¿Por qué sus novelas funcionan con la aséptica sincronización de un ensamblaje espacial de la NASA cuando los materiales que elige -la traición, la lealtad, la muerte, el olvido, el amor- maduran en los territorios más impredecibles y caóticos?

 

Su novela Tu rostro mañana, parece un cóctel frío, servido en copa larga, que mezcla diversos ingredientes: la vida de un profesor español de literatura en Oxford, determinados personajes del Servicio de Inteligencia británico y la traición que sufrió su padre, Julián Marías, cuando su mejor amigo le denunció a la policía de Franco.

No es una novela de espías aunque hable de un grupo de hombres a los que el MI6, el Servicio Secreto británico, llama intérpretes o traductores de personas, que tienen la capacidad de ver lo que la gente hará en el futuro: matar, arriesgar su vida por un ideal o traicionar a otro.

 

"Prefiero ir de confiado que de receloso"

A usted, ¿le gustaría tener el don de Peter Wheeler para ver o intuir el futuro de los que tiene a su alrededor?

Me parecería una maldición y más si no pudiera comprobar que lo que intuyo es cierto o no. No me gusta dejarme llevar sólo por percepciones. Además, como dice Yeats, "en el mundo de los humanos nada es puro y sin mezcla; en la persona que amamos hay algo que no nos gusta y en nuestro mayor enemigo hay algo que no nos desagrada".

Y hay que aprender a vivir con eso, a pasar por el filo de la navaja entre la confianza y el recelo.

Yo, en principio, tengo buena fe en las personas que trato aunque, a veces, vea actitudes en ellas que encienden una alarma; detalles menores que no hay que tener en cuenta. Pero aunque intuya cosas más graves, si no tengo una certeza absoluta no tomo medidas ni les retiro mi confianza. Yo creo que más vale ir de confiado que de lo contrario porque si uno no va por la vida con cierta inocencia, menudo infierno. Prefiero correr el riesgo, y por eso tengo un lema que dice. "A veces, un caballero debe dejarse engañar".

De pronto, en el salón donde hablamos -miles de libros pulcramente clasificados en la biblioteca, nutrida discoteca, una generosa pantalla de televisión, pequeñas colecciones de objetos relacionados con el cine, vídeos, obra gráfica de diferentes pintores. . . o sea, el reconfortante paraíso de un soltero intelectual- se cuela, desde alguna iglesia cercana, un repique de campanas que pone el contrapunto sereno a una charla que Marías va llevando, con habilidad y pasión, hacia su terreno: el literario.

El protagonista de su novela, Jaime Deza, viaja a Londres para indagar sobre sí mismo y sobre los demás. Pero, ¿me arriesgo al asegurar que en esta novela es Javier Marías el que bucea en algunos temas que le afectan directamente?

Jaime Deza va a Londres, entre otras cosas, para no seguir cerca de su mujer mientras ella se alejaba de él. Está recién separado, en un periodo de convalecencia sentimental, en el que todo el que ha pasado por esa experiencia sabe que es un tiempo de desconcierto, de...

Usted, ¿ha sufrido muchos periodos de ese tipo?

Bueno. . . unos cuantos.

¿Y qué terapia pone en marcha? ¿Escribir, tomar copas?

Uno está tan triste que no apetece escribir; copas, tampoco. Un poco de aturdimiento general va bien aun que el tiempo es, quizás, lo que más ayuda a superar esos desastres que. . . no sé si se llegan a superar del todo. Porque, de alguna forma, la pena que uno ha experimentado, esa sensación de pérdida, siempre queda registrada y forma parte de ti: es algo positivo que incorporas a tu experiencia, a tu capacidad para comprender a otras personas. Y menos mal, porque tengo la sensación de que, ahora, la gente quiere ser feliz a toda costa y en todo momento. Pero cuando uno sufre una desgracia, del tipo que sea, lo normal es que se encuentre mal; incluso habrá cosas, acontecimientos, que nunca se superarán. Los psicólogos deberían explicar esto a la gente y no hacerles creer que hay que estar siempre bien.

 

Secretos de familia

En esta novela se habla de la traición que sufrió su padre, Julián Marías, cuando, al poco de terminar nuestra guerra civil, fue denunciado, por su mejor amigo, a la policía de Franco. Una historia que él evitaba recordar y por la que usted sentía un inusitado interés.

Desde hace bastantes años, escribo de aquello que me preocupa personalmente. Porque si no me interesara mucho el tema me echaría para atrás el esfuerzo de pensar una historia, estructurarla y escribirla día a día, durante tantos meses. . .

¿Un secreto de familia?

No, no. La historia de esa traición ya la contó mi padre en un libro de memorias y es fácilmente comprobable: que estuvo en el bando republicano durante la guerra y que al terminarse fue denunciado, con datos falsos, por quien era su mejor amigo. En casa nunca se ocultó el percance pero jamás se nos contó con pelos y señales. Pero a mí, desde chico, y aún ahora, es una historia que me cuesta mucho comprender. Tanto que más de una vez le he preguntado a mi padre: "Y tú, ¿no lo veías venir?". Porque lo que ese tipo hizo no fue una simple jugarreta, fue mandarlo al paredón.

A usted, ¿le incomoda vivir con secretos, prefiere conocer toda la verdad o sólo intuirla?

En este libro se habla mucho del saber y del callar, del silencio. . . y hay una frase que es como un rítornello: "calla, calla y, entonces, sálvate". La gente no quiere padecer secretos porque las palabras pueden hacer mucho daño. Aunque a veces hay que tener mucho valor para renunciar a saber algo que uno sospecha.

A usted es difícil imaginarlo callado. Lo digo por la facilidad que tiene para hablar y encantar con sus palabras.

Pues soy capaz de no contar. . . y más de no preguntar. Me aguanto la curiosidad muy bien. Cada vez hago menos preguntas, y es posible que algunos se lo tomen como falta de interés por mi parte porque lo normal es que la gente pregunte mucho más de lo que le interesa. A mí me horripila sonsacar.

Si alguien le traiciona, ¿qué medidas toma? ¿pide una explicación al desleal, le ignora, anota el lance para no olvidarlo jamás?

Cuando me llegan los rumores de que un amigo de verdad ha dicho esto o lo otro sobre mí, suelo no dar crédito; pienso que el mensajero ha interpretado mal los comentarios, que era una broma... pero si las cosas son lo feas que parecen y es imposible negarlas, me aparto. En esto sí que soy radical; y una vez tomada la decisión, no doy marcha atrás. Lo que procuro es no perjudicar a mi vez aunque la deslealtad me haya escocido mucho.

 

"Ante la duda, mejor callado"

En la primera página de esta novela leo: contar casi siempre es un regalo. Unas líneas más adelante: calla, callar, es la gran aspiración que nadie cumple ni aún después de muerto. Usted, ¿de qué se duele más, de haber soltado la lengua o de que se la haya comido el gato?

Me pueden acusar de lo segundo, no de lo primero. Tengo un hartazgo y un enorme hastío del hablar compulsivo, permanente y, casi siempre, muy inútil en el que vivimos. Hoy, en la televisión y en la radio no habla uno sino ocho, que están todo el tiempo quitándose la palabra. Hay una sobredosis de lo verbal que, con frecuencia, se traduce en hablar mal de los demás; no en hablar de cosas sino de las personas. A mí, esos corrillos en los que hay un ánimo mutuo de criticar a otro y en el que si uno inicia una descalificación los demás le siguen, aunque ese alguien se lo merezca, me producen verdadero rechazo: no quiero participar en eso. Y no digamos si ese de quien se habla es amigo mío.

Cuando eso ocurre nadie se enfrenta a los maledicientes. Estos dirían que como hay libertad de expresión, tienen derecho a opinar.

Ese es un error muy común sobre el que yo escribí hace poco un artículo en El Semanal. No todas las opiniones son respetables; lo que es respetable es que cada uno pueda expresar su opinión, que la pueda decir, pero la mayor parte de la gente ha decidido que lo que es respetable es la opinión y que si atacas ese comentario eres tú el que está atentando contra su libertad de expresión. Pues no, una vez que una persona ha dicho algo yo puedo añadir: su opinión, lejos de ser respetable es totalmente despreciable.

A usted se le acusa de escribir frío, "como un novelista anglosajón", dicen; pero a mí siempre me sorprenden las palabras, de alto contenido emocional, con que titula sus libros. En éste, debajo de Tu rostro mañana añade Fiebre y lanza, dos palabras que abrasan.

Bueno... yo creo que mis libros conmueven mucho, y así me lo han comentado lectores de distintos países. Lo que no son es cursis, ni edulcorados, ni desgarrados. . . no hago jeremiadas; tampoco me gustan los libros que, de manera tramposa, buscan impresionar al lector.

 

"Me educaron en la contención emocional"

En sus novelas, las mujeres tienen una presencia fugaz: se van, mueren, pasan por la narración como fantasmas. Eso ¿indica una cierta misoginia encubierta?

Espero que no. Lo que hay es un cierto respeto por algo difícil para mí: tratar unos personajes femeninos muy dibujados y que a la vez sean creíbles y aceptables.

¿Puede nacer esa inseguridad del hecho de haberse educado en una familia de cuatro chicos y ninguna hermana?

No, no. Me eduqué en un colegio mixto y desde pequeño me acostumbré a estar con niñas. Lo que ocurre es que los narradores de mis novelas, que siempre son hombres, reflejan una cierta incomprensión del género femenino. Y te lo voy a explicar poniéndote un ejemplo: para cualquiera es más fácil saber cómo es una persona de su propio país que de otro, aunque sea tan cercano, para los españoles, como Italia. Siempre hay elementos fácilmente reconocibles.

La ausencia de su madre, ¿pudo influir en la extrañeza que dice sentir ante el mundo femenino?

Quizás. . . mi madre murió cuando yo tenía 26 años. Ahora, al cumplir 51 me he dado cuenta de que dentro de uno, habré vivido tantos años con ella en el mundo como sin ella. Era una presencia fuerte en la casa y sentí mucho su muerte. Hace poco, hablando con una amiga, comentábamos que casi todos tenemos una idea de qué persona nos ha configurado más, sobre todo en la infancia. En mi caso ha sido más mi madre que mi padre; ella estaba más tiempo con mis hermanos y conmigo, nos prestaba atención y desde muy pronto nos miró como personas. Yo, cuando algún amigo mío pierde a su padre o a su madre le consuelo con lo que me dije a mí mismo cuando murió mi madre: "Con toda la pena que tengas, este es un dolor que no duele, que no hace daño, es un dolor con el que uno está en paz porque no hay rencores".

En una antigua entrevista, me comentó que en su familia no eran muy frecuentes las demostraciones de afecto y que cuando las había siempre iban envueltas en la ironía. ¿Pudor, austeridad sentimental?

Un poco de ambos. Y no me parece mal. Yo puedo ser muy cariñoso y efusivo pero me sale más espontáneo con las mujeres, y no estoy hablando de algo meramente sexual. En casa somos muy independientes y nos han educado respetando mucho la intimidad ajena. Normalmente nadie opina sobre lo que hace el otro.

Parece falta de confianza.

No, no. Mis hermanos son amigos míos además de hermanos y si quiero hablar algo personal con alguno de ellos sé que puedo aunque no tenemos la costumbre de estar al tanto de lo que cada uno hace. Los Marías Franco nunca hemos funcionado como clan.

Eso sí, el día en que se reúnan todos a comer, ¡menudo nivelón tendrán las tertulias! El padre, un filósofo, y los cuatro hijos repartidos entre la literatura, el cine, la música y el arte.

¡Nada, nada, Concha! Hablamos de todo, de fútbol, de arte, hacemos bromas, nos tomamos el pelo. Estar dando siempre lecciones magistrales sería estomagante.

 

Fotos: Raquel Quintana

Marías según Javier

En el libro Miramientos (Alfaguara), Marías comenta catorce retratos de escritores. Al terminar la entrevista, yo le propuse que se interpretara a sí mismo en un reciente retrato. Y esto fue lo que vio:

"Estamos ante un hombre un poco melancólico, herido, aunque con cierta entereza y conformidad con quien haya podido herirlo. Por un lado, su mirada es de atención y, a la vez, de retirada... y, en cierto sentido un tanto indiferente. Es alguien a quien lo ocurrido deja huella, como si los huidizos hechos que acaban siempre por diluirse se le depositaran en la mirada haciéndole ver más de la cuenta y se le asentaran en el rostro conforme. Aún es impenetrable pero ya da menos miedo, si lo daba: seguramente sigue sin pedir nada serio, no contemporiza y puede ser justiciero; pero también ha aprendido a ser piadoso".

 

Un estilista elegante y radical, por A. Torrecilla, crítico literario de TELVA

En la literatura de Javier Marías, europea y moderna, predominan el pensamiento como eje estilístico y la ruptura con las formas tradicionales de novela.

Ha revolucionado el panorama literario español con su singular narrativa de la conciencia. En sus novelas no hay deliberadas intenciones sociológicas y críticas; tampoco hay argumentos cerrados. Lo suyo es literatura en estado puro, con un moroso, elaborado y alambicado trabajo estilístico.

por Concha Albert
TELVA
, núm.764
diciembre de 2002

 

ENTREVISTA REVISTA ELLE

 

Javier Marías. "El observador"

Uno de nuestros autores más internacionales llega a las librerías con la primera entrega de su nueva novela, Tu rostro mañana (Fiebre y lanza), de Alfaguara.

El pensamiento literario de Javier Marías te llevará por los caminos de la intuición y la intriga. En Tu rostro mañana (Fiebre y lanza), un grupo de hombres que durante la Segunda Guerra Mundial se ocupaba de un servicio secreto muy especial (mirando imágenes de desconocidos, opinaban sobre su forma de ser más profunda) continúa recibiendo encargos a día de hoy.

 

Otra novela con sello Marías: llena de detalles y muy minuciosa. Con usted hay que tener cuidado, se fija en todo.

Eso me dice mucha gente que ha leído mis libros. Y no es así: soy despistadísimo. No me fijo ni en los gestos, ni en la ropa, ni en las manos. Para mí es como si no existieran las manos de nadie: ¡no recuerdo ni las de mis novias! Luego, en el proceso de escritura sí que recupero los detalles. Lo que no haría es vivir de forma utilitaria, pensando en lo que me sirve para una novela. Sería una falta de cortesía y tendría que renunciar a un estilo de vida natural.

Los protagonistas elaboran informes sobre las posibilidades de traición de algunas personas durante la Segunda Guerra Mundial. El asunto parece complejo.

Pues en el fondo es el argumento de nuestra vida: queremos saber si la gente que nos rodea y nos importa es de fiar o nos va a traicionar. Cuando vemos algo que no nos gusta o nos inquieta en alguien a quien apreciamos, pensamos: nadie es perfecto, son figuraciones mías. Y no digamos si estamos enamorados: recibimos mensajes que no queremos ver. Por eso me gusta una cita de Yeats: "Nada hay puro y sin mezcla: en la persona que más amamos hay algo que nos desagrada y en nuestro mayor enemigo hay algo que nos gusta". Y es verdad.

Emitir juicios puede ser casi un juego...

Sí, y ése es el gran mérito de la televisión: puedes mirar de forma descarada. Aquí y ahora no puedo plantarme de brazos cruzados y observarte con descaro, porque sería una grosería. Pero en la televisión puedes mirar a tus anchas, con parsimonia, con atención, y además puedes opinar: "Qué imbécil, qué encanto, me lo comería a besos, está mintiendo, no le aguanto...". Si sale tanto personaje odioso -y hay verdaderos monstruos, canallas viperinos-, es porque los señores que hacen la programación saben que a la gente le encanta odiar impunemente. La televisión juega con la fascinación del horror: no lo aguantas, pero no puedes dejar de mirar.

Y, para este tipo de trabajo, ¿es más apropiada una mujer, por ese sexto sentido que se nos atribuye?

No. Creo que vuestra intuición funciona para aquello que os atañe directamente. Y además sois peor pensadas que nosotros, más recelosas, así que podríais ver segundas intenciones donde no las hay.

En el libro también reflexiona sobre cómo percibimos la imagen que tienen de nosotros los demás. ¿Por qué las mujeres nos vemos peor de lo que somos?

¿Sí, os veis peor? Es muy difícil saber eso desde el otro sexo. Pero, sí, a lo largo de mi vida he conocido mujeres espectaculares, guapas e inteligentísimas, de ésas que uno imagina que estarán muy seguras de sí mismas porque levantan admiración allí donde van, y me ha sorprendido que, cuando he intimado más, a menudo me he encontrado con un lado pobrino. Son inseguras, acomplejadas, se sienten descontentas y desamparadas... Y es verdad: he visto muchos más hombres que, siendo lamentables, están encantados de haberse conocido.

¿Se le ocurre algún motivo para que las mujeres seamos tan inseguras?

La mujer siempre ha estado obligada a tener un aspecto atractivo. Por eso es más fácil que os consideréis imperfectas y estéis obsesionadas por la imagen y la figura. Es algo muy interiorizado. Igual sucede en otros sentidos: también por tradición se cree que la mujer no sirve para muchas cosas; antes el "tú no entiendes de eso" estaba a la orden del día. Parece que sois menores de edad para ciertos asuntos y ése es un peso difícil de quitar, por eso en vosotras hay una mayor necesidad de obtener reconocimiento.

Su libro también trata sobre la confianza y la desconfianza. En su novela cuenta la traición a su propio padre, Julián Marias, por parte de su mejor amigo. ¿Este hecho le ha llevado a ser desconfiado?

Él fue traicionado en un tiempo en el que la vida estaba en juego. Es una historia terrible que he oído contar desde niño. A lo largo de mis 51 años he tenido la sensación de ser traicionado por gente que era muy amiga -aunque no es comparable-. El sentimiento de desengaño y dolor lo conozco. Pero no he sido desconfiado. Y no lo soy. Al contrario. Después de una decepción amorosa o amistosa, hay quien dice: nunca más. Y lo entiendo. A mí me ha pasado una, dos, tres veces, y siempre me quedo con la sensación de ser un imbécil pero es mejor volverlo a hacer si es que toca.

¿La edad ayuda?

Uno va tomando ciertas precauciones, haciendo más caso a las señales y a los mensajes, y reconociéndolos más... En mi caso, hubo una ocasión en la que me trasladé a otra ciudad, lo dejé todo y, cuando se acabó, me quedé desconcertado, a la intemperie... Aun así, no puedes instalarte en la desconfianza, es una renuncia excesiva.

Precisamente el narrador de la novela está viviendo una separación matrimonial reciente. Cada vez hay más...

Ya no llevo la cuenta. Las últimas generaciones ya viven con eso. La gente que se empareja o se casa lo hace con la intención de que sea para toda la vida, pero ya nadie se sorprende ante el fracaso. El que va al matrimonio o va con menos ingenuidad o es que está en Babia.

Hace inflexión en otro asunto: el callar y el hablar. La fama de habladoras nos la llevamos las mujeres...

Existen las dos tradiciones: la mujer cotorra y la mujer silenciosa, que también es una figura muy legendaria. Hay muchas mujeres que viven en un segundo plano.

¿Podría darme una razón de por qué nos gusta tanto hablar?

Existe un elemento que hace normal que habléis más, en el buen y en el mal sentido: es una de vuestras armas principales. El hombre se ha impuesto por su fuerza física, y lo que ahora sucede como una excepción y un escándalo lo hemos interiorizado. Las mujeres vivís con un suplemento de miedo, sois más vulnerables y en un mal encuentro soléis tener las de perder. Por eso la palabra ha sido siempre vuestra arma. Os defendéis con ella convenciendo, pactando y argumentando. A veces la usáis para hacer daño y morder con la lengua; otras, para denunciar algo o incluso seducir... El ejemplo más claro es Sherezade: la palabra la salvó de la muerte.

¿Es usted hablador?

Si me toca hablar, sí: en una entrevista, una clase, una conferencia... Pero, en mi vida, no demasiado. Me gusta el silencio.

Pues le costará encontrarlo...

Resulta dificilísimo. Parece que hay pavor al silencio y una obsesión por acabar con él. Vayas donde vayas, hay música de fondo, ruido... Siempre hay una radio en la que se habla sin parar, y en la televisión igual. Además, es una verborrea en la que unos y otros hablan a la vez, sin pausa. No hay ni siquiera una idea de diálogo; se enzarzan, discuten, se pisan la palabra, aunque sea repitiendo la misma frase una y otra vez o diciendo disparates sin pensar. Hay una voluntariedad de no ceder, de no permitir que se oiga al otro.

 

por María Llanos Domínguez
Elle
diciembre 2002

 

PRESENTACIÓN EN BARCELONA LETRAS LIBRES

 

CONVERSACIÓN ENTRE JAVIER MARÍAS Y JUAN VILLORO

De espías y otros fantasmas

El pasado 30 de octubre, en el Colegio de Abogados de Barcelona, Javier Marías sostuvo una conversación con Juan Villoro para presentar la primera entrega de su esperada novela Tu rostro mañana. Ofrecemos fragmentos de un diálogo centrado en las claves y efectos de la narrativa.

 

Juan Villoro: El mundo narrativo de Javier Marías es uno de los proyectos novelísticos más singulares del idioma, con una poética trabajada en una clave absolutamente original. Tal como uno puede reconocer la poética que anima las novelas de Bernhard, Nabokov o Rulfo, en el caso de Marías estamos ante una voz personal, distintiva, que llega, con Tu rostro mañana, a un nuevo derrotero. Esta nueva novela tiene mucho que ver con los procedimientos narrativos de Negra espalda del tiempo, una obra sobre cómo se gestan las historias, cuáles son sus consecuencias y en qué medida lo que decimos nos condena o nos absuelve. El tema reaparece en Tu rostro mañana, donde todo sujeto que habla puede ser condenado por sus palabras. Recordé al leer esta novela el aforismo de Karl Kraus: "Quien calla una palabra es su dueño, quien la pronuncia es su esclavo". Decir las cosas acarrea consecuencias. En algún pasaje de Tu rostro mañana Marías reflexiona sobre la fórmula jurídica estadounidense que anuncia a un detenido que todo lo que diga podrá ser usado en su contra. Me parece una coincidencia venturosa que estemos precisamente en el Colegio de Abogados. Ya se verá si nuestras palabras nos condenan o nos absuelven. Quizá, utilizando otra forma jurídica que sirvió a Octavio Paz, podríamos decir que hablamos en libertad bajo palabra.

Dentro de los temas de Tu rostro mañana destaco de entrada las condiciones morales y psicológicas del espionaje. El protagonista, que se llama Jaime o Jacques o Jacobo, tiene la capacidad de "traducir personas": puede descubrir en qué se van a convertir sus interlocutores, leer su destino inmediato, reconocer el rostro que habrán de tener a la mañana siguiente. La novela recrea el mundo del espionaje y la delación, sobre todo en su vertiente intelectual o académica, en la profunda relación que tuvieron Oxford y Cambridge con el trabajo de espionaje y contraespionaje. También recupera casos de delaciones en la Guerra Civil Española y campañas de la Inglaterra en guerra para evitar lo que se llamaba el careless talk, las conversaciones que, por descuido, podían revelar secretos. Todo ello lleva a una honda reflexión sobre las consecuencias de lo que escribimos y sobre el valor de las historias. La novela retorna elementos de Negra espalda del tiempo, recupera el pulso narrativo de Corazón tan blanco o Mañana en la batalla piensa en mí y personajes de Todas las almas, de modo que estamos ante una obra renovadora que al mismo tiempo incorpora una trayectoria de conjunto. Me atrevo a decir que otorga nueva coherencia, o coherencia retrospectiva, a libros que ya conocíamos.

Para abrir el diálogo se me ocurriría, Javier, que hablaras de algo que me intriga mucho en la novela: la construcción, la arquitectura del libro. No es una novela que dependa del desarrollo de una trama; la estructura misma deriva de una idea, está montada en torno al misterio de lo que decimos, a la consecuencias profundas que pueden tener las palabras. Recordemos la frase inicial de Corazón tan blanco: "No he querido saber, pero he sabido...". A veces sabemos cosas que nos alteran y nos cambian. Tu rostro mañana se ordena por asociaciones simbólicas de temas e ideas que permiten pasar de una historia a otra. ¿Tenías pensada, desde un principio, una arquitectura de conjunto?

Javier Marías: Muchas gracias al Colegio de Abogados de Barcelona por hospedarnos sin cargos esta tarde, al menos por el momento.

Aspiro a que la estructura temporal de la novela sea sencilla para el lector; no creo que se pierda nunca. Para el autor es un poco de locos. Buena parte de las casi quinientas páginas que han salido impresas transcurren a lo largo de día y medio de un fin de semana. De hecho, cuando termina este primer volumen no ha concluido todavía siquiera ese fin de semana. La novela empieza un sábado, en una cena fría que da un antiguo profesor de Oxford, viejo amigo del narrador, y cuando termina este primer volumen estamos apenas en el domingo por la mañana, cuando la señora que cuida la casa los llama para el almuerzo. Este fin de semana todavía va a continuar en la segunda parte. Sin embargo, hay una serie de episodios que se van intercalando y que cronológicamente son posteriores. Como particularidad, aunque no es algo que importe mucho, he reparado en que realmente el narrador escribe desde el futuro. Es tremendo. Cuenta un periodo de su vida que da, por así decirlo, por concluido y, al mismo tiempo, la acción propiamente dicha hace alusión a las Torres Gemelas o al golpe de abril contra Hugo Chávez, y esto es de 2002, por lo que él se tiene que situar después, en el año 2003 o 2004. No sé exactamente cuándo, pero después.

Es una estructura que yo controlo hasta cierto punto y hasta cierto punto no. He hablado ya de cierto desorden en la medida en que improviso mucho. No es verdad que escriba a ver qué sale, o sí, un poco sí lo hago, pero no hasta el punto de no saber hacia dónde voy. A veces he recordado esa imagen de los escritores que trabajan con mapa; es decir, que saben de antemano cuántos capítulos va a haber, cuántos personajes, qué le pasa a cada uno de ellos, cuándo y quién va a morir, quién no. Saben el camino que tienen que recorrer y en el mapa encontrarán dónde están los ríos, los desiertos, etcétera. Ése no es mi caso, me aburriría mucho si así fuera. Tendría la sensación de que redactaba solamente y el proceso de averiguación, entendido como el proceso de la historia, carecería de interés: si conozco la historia desde el principio, ¿para qué voy a escribirla? Yo trabajo más bien con brújula. Eso no quiere decir que uno no sepa a dónde va, porque la brújula justamente nos lo indica, pero lo que no se sabe es cuándo se va a encontrar uno con los ríos, con los desfiladeros, o si no va a haber siquiera ríos, desfiladeros, etcétera. Todavía me sorprenden mucho -en parte los envidio y en parte los compadezco- los colegas que dicen que los personajes se les rebelan, que cobran vida propia. Yo digo: "¡Esto no puede ser, son entes de ficción!". No me puedo imaginar un personaje que haya inventado diciendo: "Pues me quedo unas páginas más y te jodes, Marías". Esto a mí no me pasa. A ti, Juan, como novelista, ¿se te rebelan los personajes?

JV: La verdad, no. Ni siquiera se me sindicalizan.

En El hombre que fue jueves Chesterton dice que el mejor disfraz para un terrorista o un anarquista consiste en disfrazarse justamente de terrorista o anarquista. Estaba tentado a preguntarte si has sido, eres o serás espía. Pero el riesgo es que si me dices que sí puede ser una estrategia para que creamos que no. En la novela hay una indagación muy detallada de ese mundo y tu formación coincide con la de muchos espías.

JM: El narrador de la novela, que de hecho es el mismo de Todas las almas, regresa a Inglaterra al cabo de muchos años. Se ha separado de su mujer recientemente y en un momento dado se mete a trabajar para un grupo especial que se creó durante la Segunda Guerra Mundial y que aún pervive, llamado el MI6, el servicio secreto británico en el exterior. Ahora, tú me preguntas si he sido espía. La verdad es que no tendría nada de particular. El espionaje no es sólo una forma de actuar como en las novelas de Le Carre. En Oxford y en Cambridge no es una cosa tan misteriosa, quien ha estudiado ahí lo sabe: hay mucha gente que en un momento dado trabajó para los servicios secretos; los académicos son gente que sabe muchas cosas, son eruditos, saben ruso, y eso antes era muy necesario. Yo sí he conocido de primera mano gente relacionada con estas cuestiones. Ahora, si me preguntas si yo mismo, a través de estas personas, he tenido contacto o incluso he hecho algún trabajito para el MI6, es claro que, de haber sido así, no estoy autorizado para revelarlo. Una cosa es que en una Una cosa es que en una novela se diga algo así y otra es que alguien real, en público, lo diga, porque luego habría represalias. Así que en principio, no.

JV: Lo tomamos como un no siempre provisional...

JM: Ten en cuenta además que para el MI6 trabaja hasta James Bond...

JV: Uno de los personajes que aparecen en Tu rostro mañana, de manera lateral, es justamente el autor de la saga de James Bond, Ian Fleming. Al final de la novela se mencionan Jamaica y Cuba como centros de espionaje internacional. Hace muchos años leí un libro de viajes de Fleming en donde, curiosamente, habla con mucha destreza de Jamaica...

JM: Si no recuerdo mal la vida de Fleming -aparte, claro, de que el pobre murió en pleno éxito, gracias a las películas de James Bond que acabaron por arrastrar a sus novelas-, él tenía una casa en Jamaica.

JV: ¿ Cómo eran los espías de Oxford?

JM: He conocido gente en Oxford que me contó alguna cosa suelta sobre su vida de espía, sin entrar en detalles, ni grandes confidencias de villanías cometidas, asesinatos o cosas así. Lógicamente no están autorizados a contar qué hicieron en cada lugar. Por lo que he podido saber, parece que a menudo están asignados al cuerpo diplomático o son corresponsales extranjeros, lo que aparentemente era corrientísimo. Existe el caso del espía más famoso de todos, Kim Philby, corresponsal del London Times durante la Guerra Civil y agente doble, quien en realidad trabajaba para la Unión Soviética. Al parecer tenía la encomienda de los soviéticos, que no de los británicos, de asesinar a Franco, ya que estaba cubriendo la información desde el bando nacional, y no cumplió en absoluto. Lo peor es que ni siquiera lo intentó. Fíjate tú, otro gallo hubiera cantado si hubiese aplicado las órdenes del Kremlin. Me temo que eso de los corresponsales como espías hoy en día sigue existiendo.

JV: ¿Y el caso de Andreu Nin, del que hablas en la novela?

JM: Pese a que fue brutalmente torturado por órdenes de los estalinistas, parece ser que Andreu Nin no dijo nada, no delató a nadie, ni a sus propios compañeros del Partido Obrero de Unificación Marxista, del que era el líder principal. El POUM fue difamado y perseguido por el Partido Comunista español y por los servicios secretos soviéticos durante la Guerra Civil, como cuentan Orwell y tantos otros. Nin fue un caso llamativo de alguien que no habló nunca y no se salvó. De él no se sabe bien cómo murió, y quizá lo mejor sea no saberlo, dadas las posibilidades: hay quien dice que fue despellejado vivo y que, sin embargo, no habló. Tampoco se sabe dónde fue enterrado o si lo fue; algunos dicen que está en el Palacio del Pardo, desde donde gobernó Franco durante su dictadura.

El de Nin es un caso paradójico en relación a los temas o ecos del libro, esas frases o ecos que van apareciendo a lo largo de mis novelas, que dicen: "Calla, calla y entonces sálvate", y también está en relación con la primera frase de la novela: "No debería uno contar nunca nada...". En su caso no fue así, y es que aunque hubiera hablado tampoco se habría salvado.

Comentábamos antes que en la novela hay una alusión a la Fórmula Miranda, esa fórmula jurídica que hemos visto mil veces en las películas y que dice a todos los detenidos que uno tiene derecho a guardar silencio y que todo lo que usted diga podrá ser usado en su contra. Es una fórmula curiosa, si uno se detiene a pensarla, porque se le advierte al detenido que lo mejor para él será precisamente callarse. Es mejor que no diga nada antes de empezar a decir: "Oiga, yo no he sido". Cállese como forma de salvación, porque vamos por usted y cuanto diga, si comete un desliz, si se contradice, eso será utilizado. Si uno calla, nada podrá ser utilizado. Eso se une a la idea de que callando uno se salva. En el caso de Nin no fue así, pero sí fue muy llamativo -y heroico- que callara hasta ese punto.

Existe además una curiosa relación entre Nin y Fleming. En la novela Desde Rusia con amor aparece un personaje, Rosa Klebb, que en la película encarna Lotte Lenya, una mujer terrible que al final de la película, y de la novela, hace salir de sus zapatos unas cuchillas envenenadas con las que intenta patear a James Bond, representado por Sean Connery. Éste, claro, encuentra la manera de evitarlo, manteniéndola a distancia con una silla, como si se tratara de un león. Entre paréntesis diré que la descripción de este personaje femenino es literariamente muy buena, con lo cual Ian Fleming, que siempre ha sido desdeñado como escritor, no debe ser tan desdeñable. Pues de esta mujer se dice que estuvo en la Guerra Civil Española, que fue amante de Nin y que podía haber sido la que lo denunciara.

JV: Según Fleming la fuerza de esa mujer dependía de su indiferencia sexual.

JM: El rasgo principal de Rosa Klebb, aparte de la holgazanería, es que es sexualmente neutra, indiferente a la pasión, lo cual da un poder enorme.

JV: Una de las cosas más sugerentes de tu literatura es el peso que pueden tener las historias que no han existido pero pudieron existir: el reverso de los sucesos, por así decirlo. La vida de una persona también se define por negatividad: es la persona que no tuvo ese trabajo, no hizo ese viaje o no se casó con tal novia, pero que podría haberlo hecho. En ocasiones estas posibilidades omitidas o perdidas nos definen mejor que lo que sí ocurrió. Se trata de historias potenciales, por ocurrir o que se cancelaron pero siguen significando algo...

JM: Así es. También hablo en la novela de las historias contadas y que son simples calumnias, mentiras. Otra de las frases que aparecen en el libro -hasta el punto de que el narrador se pregunta si no puede ser una especie de lema de este grupo- es "todo tiene su tiempo para ser creído". Incluso las mayores falacias, las mayores calumnias, los mayores disparates, tienen su tiempo para ser creídos.

A veces son creídos por unos días, pero otras veces duran toda la vida. Pensemos en la santificación de Escrivá de Balaguer. Es inverosímil, claro, para los españoles de cierta edad que le hemos visto y escuchado. Seamos creyentes o no creyentes, estamos dispuesto a creer que San Francisco era un santo, por las fieras y todo ello. En principio, uno está dispuesto a creer en la mayoría de los santos antiguos; por ejemplo, en la pobre de Santa Úrsula, a la que cortaron los pechos. Pero ahora la canonización de Escrivá afecta a la de San Francisco y a las de todos los demás, pues quién nos dice que San Francisco no era exactamente igual a San José María. Al nivelarlos, el desprestigio que ha caído sobre todos los santos es enorme. Pero es que a quién se le ocurre. Habría que esperar un siglo o dos antes de hacer esto, cuando ya nadie se acuerde de este hombre. Escrivá incluso salía en televisión, dando pequeñas charlas a favor del dolor... Y, sin embargo, hay muchísima gente que cree en su santidad. Todo tiene su tiempo para ser creído, incluso lo que no ha ocurrido. En la novela hablo de esa especie de desazón que nos produce que algo inexistente, irreal, se narre como algo real. Porque es muy difícil que eso desaparezca. Sucede en la prensa todo el rato. Aparece una noticia llamativa, la leemos y nos la creemos. Si unos días después se nos dice que no era verdad, y sabemos que fue una invención, es extremadamente difícil que borremos la historia primera. Esto me recuerda una película de Otto Preminger, Anatomía de un asesinato. En una escena James Stewart, en el papel de abogado, hace un interrogatorio muy sesgado contra un testigo, se salta constantemente las normas y el juez le llama la atención varias veces. Las protestas del abogado rival son siempre admitidas, pero Stewart insiste en ese tenor y, en un momento dado, el juez, harto, pide al jurado que deseche todo lo dicho por el abogado en el interrogatorio del testigo. Entonces un personaje pregunta cómo puede el jurado no tener en cuenta lo que ha oído, y Stewart le contesta: "Es que no puede", y es por eso que lo ha estado diciendo. Aunque luego haya quedado desautorizado, da lo mismo, la gente no puede ignorar lo que ha oído. Eso crea una especie de desazón: hasta qué punto todo lo que se dice, sea falso, sea calumnioso, sea mentira, permanece y es imposible anularlo.

JV: En la novela hay retratos que no son tan conjeturales ni especulativos; por ejemplo, el irónico retrato de un diplomático español en Londres, un impresentable de quien difícilmente pensaríamos que pudiera tener rostros distintos al día siguiente.

JM: Cuando hay españoles en el extranjero, por el simple hecho de ser del mismo país, se produce una especie de confianzudismo entre la gente. De repente te encuentras siendo amigo de una persona a la que en tu ciudad probablemente no habrías ni saludado.

Hay diplomáticos menores, y a menudo no sólo menores, que aprovechando que pueden hablar en español un rato se desahogan y sueltan blasfemias espantosas. Hay una frase real que no pude evitar reproducir literalmente. Me la dijo un diplomático español hace dieciocho años y no he logrado olvidarla, del impacto que me causó. La frase dice: "Todas las mujeres son unas putas, y las más guapas, las españolas". Seguramente este diplomático llegará a ministro.

JV: Tu rostro mañana reflexiona sobre la forma en que se cuentan las historias. La novela no es el desarrollo de una historia que ya sabe el narrador, sino que la indaga mientras leemos y tenemos la sensación perturbadora de ver cómo la historia se va gestando. Además, la novela establece ciertas consonancias con otro de tus libros, Miramientos, en donde, a través del análisis de una fotografía, exploras a una serie de escritores. Lo digo porque en Tu rostro mañana el narrador tiene que establecer conjeturas sobre la vida de otros personajes de los que muchas veces sólo hay una imagen.

JM: Es cierto, aunque Miramientos está escrito con información confiable de los escritores y no está basado sólo en la intuición de una fotografía. El grupo del MI6 del que ya hemos hablado, y donde entra a trabajar el narrador de la novela, se creó con gente que tiene la facultad -un "don", que no tiene nada de sobrenatural ni de extraordinario, ni siquiera de psicológico; que, en principio, puede tener casi cualquier persona, salvo los muy despistados- de poder descubrir en qué se va a convertir la gente. Se podría decir que uno de esos deseos no expresados de cualquiera sería saber, sobre todo de las personas que nos son importantes, cuál será su rostro mañana. ¿Quién no ha dicho, al descubrir una traición: "Pero cómo no me he dado cuenta, cómo es posible. Yo habría puesto la mano al fuego por esta persona"? Cuando esto sucede podemos simplemente quedarnos perplejos, pero a veces también queremos reconstruir nuestra relación con esa persona para detectar algún aviso, algún mensaje de esa futura traición. Cuando uno sabe el final de una historia, reconstruye la historia en función de ese final. Pero también es verdad que muchas veces, sobre todo con personas queridas, percibimos indicios que nos inquietan, nos alarman, nos ponen en guardia, y a menudo los descartamos. Normalmente sabemos mucho más de lo que queremos saber. En el fondo, detestamos saber eso, repudiamos ese conocimiento. Detestamos tener certidumbres que no podemos comprobar inmediatamente. Y también a la inversa: cuando alguien no nos gusta en su conjunto, descartamos sus logros, pensando: "Esto es un error, una casualidad...".

Este grupo se crea en Londres en un momento en que había el mayor temor a los quintacolumnistas, a los espías, a los agentes dobles, a los agentes infiltrados. Durante la guerra, todo el tiempo saltaban en paracaídas al suelo británico espías alemanes que tenían sus cómplices en el país. Y la gente de este grupo de interpretaciones se usaba para desenmascarar a estos personajes. O para saber si un nuevo recluta sería capaz de matar o estaría dispuesto a morir por tal causa. En este trabajo hay un elemento de apuesta, pero, en cualquier caso, se trata de interpretaciones más bien narrativas. Los novelistas hacen un poco esto: anticipan una historia.

 

Letras libres, España
núm.15
diciembre de 2002

 

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Entrevista completa

Programa "La Ventana"
Cadena SER
Dirigido por Gemma Nierga
30 de octubre, 2002

 

ENTREVISTA REVISTA QUÉ LEER

Contesto y salto pocas veces para las que podría hacerlo    

Han pasado cuatro años desde la publicación de Negra espalda del tiempo y la espera ha dado un fruto literario XL: un novelón en dos entregas titulado Tu rostro mañana (Alfaguara), con una primera que responde al nombre de Fiebre y lanza.

Si no fuera porque aparece en los mapas, Oxford podría ser el Macondo o el Yoknapatawpha County de Marías. El tinte de esta ciudad universitaria se ha desparramado por parte de su obra, y solo hay que hacer un obligado flash-back literario hasta 1989 y entrar en Todas las almas, para descubrir su geografía y de paso consolar al joven narrador que abandona esta localidad sin la compañía de su adorada Clare Bayes. Han pasado los años, y tras otros ocasionales episodios oxonienses como los de Negra espalda del tiempo, regresamos a sus calles con el mismo protagonista pero sin que sea un continuará, en busca de aquellos temas mariescos de siempre, pero con renovadas percepciones. Quien se atreva con el mundo de Marías, deberá poner en guardia sus neuronas y sus aurículas, porque no hay página suya sin carga de profundidad. Lo que decimos, lo que sabemos o lo que escondemos alimentan sus historias desde que hace 31 años le dio por este oficio, que lo ha llevado a ser uno de los escritores más prestigiosos y uno de los polemistas más temidos. Tu rostro mañana (aviso para fetichistas: el título lo encontrarán, con otro significado, en la página 241 de Mañana en la batalla piensa en mí, edición de Alfaguara) y Fiebre y lanza rompen un silencio promocional de cinco años, lo que nos permite regresar a las alturas del Madrid noble, donde el autor vive junto al espíritu de Sherlock Holmes, Conrad y Benet.

 

Primera entrega de quinientas páginas que acaba en un claro continuará. ¿Preocupado por la reacción de los lectores?

Un poco. Publicarlo en dos entregas o en una sola de mil páginas hubiera sido igualmente una descortesía. Odio los libros tan largos, no los leo, salvo que sean de Dickens o un autor similar. Además, obras estupendas como Tristram Shandy, de Sterne, o menores como El cuarteto de Alejandría, de Durrell, salieron en varias entregas.

¿La segunda está adelantada?

No, me pongo ahora, y por eso dejaré de lado las críticas que puedan salir para que no interfieran en mi trabajo. Espero tenerla lista en un año y desde luego no se podrán leer de forma autónoma. Tampoco sé realmente lo que ocupará, y me divierto asustando a mis editores, diciéndoles que a lo mejor me sale un apéndice de cien páginas, ¡ja, ja!

Habrá quien decante una sonrisa ya que vuelves a hacer promoción tras no hacerlo con la obra anterior, Negra espalda del tiempo.

¡Pero si siempre he hecho promoción de mis libros excepto en ese caso! Lo expliqué lo mejor que pude, pero no sirvió de mucho porque algunos se enfadaron. Incluso hubo quien comentó que era una estrategia comercial. Es absurdo cuando hoy en día todo el mundo se desvive por salir en los medios de comunicación y yo lo que decidí era no ocupar ningún espacio. Más que una estrategia comercial eso era una locura.

¿Nunca te arrepentiste de esa decisión?

No exactamente. Pero es que... vamos a ver. Ese libro tenía fragmentos autobiográficos, y en algún caso, como el de la muerte de mi madre, de una fuerte carga emocional que me costó trabajo escribir. Una cosa es comentarlos por escrito y otra hablarlos en público y no me apetecía hacerlo. Antes de que la editorial hiciera una oferta por el libro les advertí que no haría promoción. Algunos lo tomaron como una arrogancia mía, pero se equivocan. Ahora bien, descubrí que cuando no das entrevistas el libro queda indefenso y algunos se aprovechan de ello.

Da la impresión de que tus novelas piden cada vez lectores más exigentes.

No lo creo, pero me preocupa eso que dices. Como me considero una persona común en muchos aspectos, incluso con algún rasgo de vulgaridad, creo que lo que a mí me interesa le puede interesar a mucha gente. No hago una literatura del más difícil todavía, aunque sí es cierto que mis personajes piensan, argumentan. En muchas novelas actuales priman personajes más simples, tipos raros, graciosos, o asesinos en serie, que no argumentan en exceso. A lo mejor los míos dicen tonterías, pero piensan. Y creo que los lectores están a la altura de lo que se les presenta.

La novela

El narrador de Fiebre y lanza regresa a Oxford donde dio clases y se encuentra con sir Peter Wheeler, profesor universitario jubilado que fue espía británico durante la Segunda Guerra Mundial, y que lo anima a trabajar en una organización como analista de las vidas de otros. El libro está dedicado a sir Peter Russell. Ya sé que sueles jugar con la realidad y la ficción, pero ¿son la misma persona?

(Pausa de varios segundos.) Te voy a enseñar una cosa. (Javier Marías coge Negra espalda, la abre por la página 38 y me invita a leer el último párrafo. Para darle un poco de suspense a la respuesta, mejor que la busquen y la lean. Merece la pena.)

¿Sir Peter Russell ha leído el libro?

Aún no. Es un hombre mayor. Pero diré algo más. Estos dos hombres tienen algo que ver, ya que Russell me dio permiso para utilizar su continente, el envoltorio de sus datos más públicos, aunque el contenido del personaje tiene mucho de fabulación.

El tema del espionaje en el mundo universitario inglés es un clásico. Es una leyenda basada en una verdad tan común que allí resulta una cotidianidad. Yo conozco gente que ha trabajado con el MI5 y el MI6.

¿Nunca te tantearon a ti?

Eso ya es querer saber demasiado. Además, no me dio tiempo, solo estuve dos años. El narrador toma prestada algunas cosas mías, pero solo algunas.  

¿Con los amigos asumes riesgos?

Por supuesto. Tengo amigos por los que me jugaría el cuello.

¿Te faltan dedos para contarlos?

Por fortuna sí, aunque no son muchos más. Pero para que yo me sienta amigo de una persona no es necesaria la reciprocidad. Puedo ser incondicional de alguien sin que este lo sepa.

Se habla en la novela de esos tipos que quieren quedar bien con todo el mundo. Tú, de enemigos, vas servido.

No los rehúyo pero no los busco, aunque tengo fama de lo contrario. Actualmente se espera de la gente que se calle, que evite el enfrentamiento, como si estuviera mal visto. Prefiero caer bien, pero no haré esfuerzos con quien me tiene manía.

Eres algo quisquilloso.

Depende de lo que cada uno entienda por quisquillosidad. Contesto y salto pocas veces para las que podría hacerlo. Por ejemplo, creo que nunca he saltado contra nadie que criticara mis libros, y, si lo he hecho, hice mal. Solo contesto a las falsedades que se publican o se dicen sobre mí.

Sin embargo, en tus artículos sueles morder con cierta regularidad.

¿Para qué vas a escribir en un periódico si vas a decir lo mismo que todo el mundo? Ahora mismo tengo un problema gordo... pero bueno, prefiero no decir nada porque a lo mejor todo acaba bien. Hay columnistas con fama de transgresores que siempre están diciendo lo que sus clientes esperan que digan.

¿Cuáles te gustan?

Fernando Savater es magistral, uno de los mejores articulistas de la historia del periodismo español. También las columnas de Félix de Azúa; Arturo Pérez-Reverte, que es muy eficaz y tiene gracia, o Juan José Millás, que es muy ingenioso...

Se queja el narrador de "la mezcla de zafiedad, ñoñería y ordinariez que se extiende como una plaga entre los españoles, con los escritores al frente".

Sí, lo suscribo. En los últimos siglos, muchos escritores españoles combinan o alternan a veces dos cosas que parecen contradictorias: lo soez y lo cursi. Por ejemplo, podríamos encontrar en algún texto algo así: "el amor es lo que nos hace más humanos, ¡coño!". Es un ejemplo rudimentario, pero sirve.  

También nos cuesta aceptar otros de tus temas recurrentes:

4. El paso del tiempo: "El tiempo intenta siempre deslumbrarnos y, mientras tanto, va pasando".

Aunque es un tema que no me quita el sueño. No suelo marcarme objetivos, nunca cierro la puerta a lo inesperado, y ni tan siquiera he tenido un proyecto literario como dicen tener algunos colegas míos, lo que no deja de asombrarme. Pero lo que sí intento es notar ese paso y peso del tiempo, y para ello no hago absolutamente nada y me digo: "esto es tiempo que va pasando".

¿Hablas de una vida contemplativa?

¡No, no! Nada de contemplar o reflexionar. No hablo de meterse en un monasterio ni nada por el estilo. Me refiero a aburrirse, pararse y notar el tiempo. Es algo mucho más terrenal y menos etéreo. Algo tan simple como mirar las musarañas.

El paso del tiempo habrá conseguido que al fin dejen de citarte como el joven valor de la nueva narrativa española.

Creo que a mis 51 años ya no lo dicen. He recibido el beneficio de la juventud durante más tiempo del que me tocaba, supongo que por empezar a publicar muy joven.

Dedicas varias páginas a reflexionar sobre cómo el presente se cabrea con el pasado por no poder controlarlo ni remediarlo.

El presente no ha intervenido en el pasado aunque intenta manipularlo al contarlo. Mi padre tiene una teoría muy acertada: en la prensa existe la tendencia a eliminar antes de hora a esos individuos del pasado que nos hacen sombra. Pronto dirán de Coppola que es el último gran director de cine, como si ya no tuviera nada interesante que rodar.

¿También suscribes la consideración de que es lamentable reclamar daños y perjuicios por lo que hicieron los antepasados?

Desde luego. Es cínico y arrogante que un gobierno actual como el alemán pida perdón por lo que hicieron otros hace cincuenta años. ¿Quiénes son ustedes para pedir perdón por lo que hicieron otros? ¿Pero qué es esta osadía?  

Dice Wheeler: "La vida no es contable y resulta extraordinario que los hombres lleven siglos intentándolo con leyendas, poemas, crónicas... y es una empresa condenada y fallida". Después de 31 años y muchos libros, aún lo intentas.

Estoy de acuerdo con esa afirmación, aunque no obsta para que sigamos intentándolo. Pero Wheeler también dice que "quizás no estaría mal si se dejara de intentar y permitiéramos que las cosas tan solo ocurrieran". En Mañana en la batalla piensa en mí se repetía una frase a modo de eco (habitual en sus libros) que decía que el mundo depende de cómo se cuentan las cosas y de quién las cuenta.

Ahora que hablabas de esos ecos, quizás el más utilizado en esta novela sea "calla, calla y entonces sálvate". Preside uno de tus temas preferidos. Hablemos de ellos:

1. Hablar y callar: "Hablar es lo que más nos define, la rueda que mueve el mundo, el motor de la vida".

Tiene que ver con la campaña que se llevó a cabo en Gran Bretaña durante la guerra. Se pedía a la población que no hablara, ante el temor de pasar información sin querer a los espías nazis. Era lo único que tenían y les pedían silencio, algo terrible. Ya sabemos que el habla es propiedad de todos, sin distinción social. Pero creo que hoy en día se habla demasiado. En las radios, en las televisiones, existe una cháchara continua.

Sin embargo, dice Wheeler que "casi todo lo que decimos es filfa, es vulgar".

Es que es un hombre mayor y tiene menos paciencia con las tonterías. Pero recuerda que también dice que si cuando uno se acuesta repasa lo que ha dicho y escuchado a lo largo del día, descubre que casi nada vale la pena. Algo de razón tiene.

¿Eres muy hablador?

Puedo serlo, pero suelo escuchar mucho y preguntar poco. A sir Peter Russell nunca intenté saquearle la memoria.

Se afirma en la novela que el hombre necesita contar lo que sabe, sentirse parte de una cadena. Así no hay manera de preservar otro de tus habituales temas:

2. El secreto: "Y antes o después llega el momento de sacarlo fuera, de despedirse, entregarlo, aunque sea una sola vez y a una sola persona".

Existe un interés demencial por explicarlo todo y por saber cosas que aún no han pasado. De ahí esa tendencia a la condenación del secretismo, lo que contrasta con el hecho de que los gobiernos tienen más medios para tenernos controlados. Yo estoy muy contento de no utilizar ordenador ni e-mail, porque es muy fácil interceptarlos. Todos tenemos cosas que no deseamos desvelar aunque no sean trascendentes. A lo mejor yo no quiero que se sepa que soy capaz de tragarme tres partidos seguidos de fútbol de un mundial.

Se habla de la capacidad que tienen algunos de adjudicarse las ideas de otros. Ahora entiendo que el patio literario ande bien servido de intertextualidades.

Yo diferenciaría las influencias reconocidas de la copia descarada. Es bueno que los escritores tengan modelos. En mi segundo libro eran evidentes los homenajes a Conrad o Conan Doyle. Otra cosa es este fenómeno del copieta, que decíamos en el cole. A veces adoptan modismos estilísticos que jamás mencionan. Yo he leído libros en los que se copiaba descaradamente a Eduardo Mendoza o a Arturo Pérez-Reverte.

¿Y de ti?, porque tú tienes un estilo muy característico.

Claro que los he visto, pero prefiero no decirlo porque no vale la pena.

¿Ni a los implicados?

No, porque en general no tengo trato con el mundillo literario. Alguna vez he mencionado algo en alguna entrevista, pero no me parece adecuado insistir (trabajo de hemeroteca; en una entrevista publicada en Lateral de octubre de 2001, Marías decía: "Más curioso aún es que los críticos españoles nunca se enteren o nunca señalen estas mimesis, incluso si se dan en novelas muy leídas y elogiadas, como, por citar dos ejemplos (pero hay más) La tempestad de Prada y Soldados de Salamina de Cercas).

No es fácil ofrecer nuevas ideas, encontrar una voz narrativa propia.

Cuando uno empieza eso no es lo importante. Una de las plagas de la literatura del siglo XX ha sido el afán de la originalidad. Nunca puede ser una meta. Otra cosa es que a posteriori lo consigas, y eso es estupendo. En buena medida, la historia de la literatura es una reiteración, solo que cada etapa necesita que se hable de algunos temas conocidos con la voz de esa época.

Entre esos temas, hay uno que te gusta tocar especialmente:

3. El matrimonio con más o menos desamor: "Es increíble la rapidez con que lo que es y ha perseverado deja de ser de golpe y se anula, una vez que se atraviesa la última raya alumbrada y se inicia el proceso del ensombrecimiento y la difuminación".

Por necesidades de la historia, aquí se habla de cuando languidece una relación. Pero en Corazón tan blanco, por ejemplo, el matrimonio del narrador no se disuelve. Ç

Pero hay que ver las dudas de ese narrador.

Sí, y eso tiene que ver con otro de los temas del libro y es que sabemos más de lo que queremos reconocer. Uno sabe cuándo te dejan de querer o cuándo dejamos de querer.

¿Qué nos impide aceptar lo que sentimos?

Será que odiamos el conocimiento y la certidumbre, aunque la seguridad sea un factor determinante hoy en día. Por ejemplo, en aquello que no nos gusta existe la esperanza de que estemos equivocados. Piensa en las veces que percibes algo que desmiente la idea que tienes de una persona. Normalmente nos decimos: "son imaginaciones mías" o "no importa, tiene un mal día". Somos crédulos, deseamos poder confiar en la gente.

El hecho de saber demasiado puede ir en contra de la sorpresa.

Es que la certidumbre futura va en contra de lo inesperado. Esa es la gran contradicción. Queremos saber para que nuestro futuro sea más seguro pero, por otro lado, esperamos que la vida nos sorprenda, por lo que odiamos saber.

Corazón tan blanco ha vendido un millón y medio de ejemplares en todo el mundo y acaba de cumplir diez años. ¿Le habrías hecho un lifting literario?

No soy muy partidario de grandes cambios. Solo algo de carpintería. Cada libro es de cuando fue escrito, si no es que lo falseas. Vi hace poco Apocalipsis Now extralarga y es mucho peor que la anterior. No entiendo esa manía de poner finales alternativos en los DVD y esa ridícula moda de hacer novelas interactivas. A mí que no me consulten cómo debe acabar una historia.

¿Estás al día de lo que se publica?

Cada vez menos, entre otras cosas porque leo menos. Lo que sí percibo es que hay más gente que sueña con decir que es escritor. Quizás tenga que ver con la proliferación de esas escuelas de letras. Piensan que ganarán dinero, que serán considerados socialmente. Alguien les debería decir que en ocasiones escribir libros es un engorro.

¿Vas a seguir reinando en Redonda?

Por el momento no tengo previsto abdicar. Soy un rey muy poco molesto. En esta corte no es obligatoria la lealtad, así que cualquiera puede ponerme verde y no pasa nada.

¿Tu osadía de ejercer de editor va a seguir por más tiempo?

Por el momento sí, y eso que da bastante trabajo y tengo algunas pérdidas, aunque asumibles. Mientras no me lleven a la bancarrota...

¿Te imaginas cómo será Tu rostro mañana? ¿Te gustaría leer un análisis sobre ti, de esos que confecciona tu narrador?

No sé cómo estaré el día de mañana, y en cuanto a leerlo, es posible que lo leyera, pero a lo mejor no descubriría nada que no sepa ya. Pero no negaré que podría afectarme si hubiera algo alarmante.

 

Si te parece, cerramos con un atrevimiento: aprovechando el trabajo de tu protagonista, asumo por unos minutos su papel de intérprete de vidas, y me ayudas a redactar tu propio informe:

¿Matarías por algo?

Creo que no, pero nunca es descartable.

¿Morirías por algo?

Lo fácil sería decir que sí, pero no lo sé.

¿Traicionarías a algún amigo?

No, pero soy capaz de borrarlo de mi vida.

El hombre de tu vida.

Juan Benet, por lo que aprendí de él.

La mujer de tu vida.

Pues... depende de cada momento presente.

Un consejo que nunca olvides.

No dar importancia a lo que no la tiene.

Un defecto.

Me siento un poco justiciero y no está bien.

Una virtud que vean en ti.

Que no hago muchas preguntas.

Un objeto del que nunca te desprenderás.

(Saca de su cartera un trozo de papel que le dio Juan Benet poco antes de morir.) Es una cita de su puño y letra que me regaló y que pertenece a Gilbert Murray; dice: "Teopompo, fragmento 134 refiriéndose al rey Dionisio II de acusa: El rey tenía la vista estropeada a causa de sus excesos con la bebida. Solía sentarse en las barberías a entretener a los clientes." Es muy graciosa y nada solemne, y tiene mucho que ver con el sentido del humor de Benet.

¿Echas de menos a alguien?

(Mira hacia el Madrid ya oscurecido tras el balcón.) Sí, a Benet; a Aliocha Coll, que se suicidó hace unos años, y a algunos que no han muerto pero que se han alejado de mí. A ellos también los echo de menos.  

       

Revista Qué Leer
2 noviembre, 2002
por Óscar López

 

ENTREVISTA ABC

 

Javier Marías "Me angustia que nada sea olvidable"

Javier Marías (Madrid, 1951) es uno de los escritores españoles de mayor prestigio internacional por novelas como Todas las almas, Corazón tan blanco o Mañana en la batalla piensa en mí. Después de Negra espalda del tiempo, un libro de ficción autobiográfica, retoma al narrador de Todas las almas en su nueva novela, Tu rostro mañana, que aparecerá en dos partes, la primera de las cuales, Fiebre y lanza, es el centro de esta entrevista.

 

Hay una idea en Tu rostro mañana que no se olvida: el narrador afirma saber quién le fusilaría si se produjera una situación como la de la Guerra Civil.

Me temo que sí, pero a lo mejor me equivocaba (al pensar quiénes vendrían) y espero no tener que comprobarlo. Se le hiela a uno la sangre al pensarlo. He oído contar muchas cosas, de primera mano, aunque mis padres no eran precisamente de los que contaban las truculencias; pero uno oye de los primeros días de la guerra en Madrid, en este caso del bando republicano (aunque no sólo iba Franco contra la República sino también algunos que decían defenderla). Recuerdo una historia que me contaron: iba en el tranvía una mujer jactándose de que habían ido a una casa y que se habían cepillado a todo el mundo y al niño lo había cogido por los pies y lo había estampado contra el muro. Es terrible pensar que en esa ciudad, que es la misma de ahora, puedas escuchar eso y no puedas decir nada... Podríamos empezar por otro lado.

¿Es una novela de espías?

No creo. El único elemento que se podría asociar con los espías es que el narrador —que es el mismo de Todas las almas, que regresa al cabo de los muchos años a Inglaterra— trabaja en un grupo creado durante la II Guerra Mundial por el MI6, el servicio secreto británico para el exterior, que se supone sigue funcionando gubernamentalmente. No sé si se podría decir que es una novela de espías: es más un trabajo de oficina, mirando vídeos y mirando gente.

Pero rescata a Ian Fleming, creador de 007.

No he leído mucho a Fleming. Ha sido tan despreciado como autor... pero a lo mejor resulta que hay que leerlo un poco más. Fleming, que aparece en la novela como conocido del segundo protagonista, Wheeler, estuvo en España, y puede que en la segunda parte (no tengo ni mucho menos planeado el libro cuando lo comienzo; me divierte escribir averiguando) aparezca de alguna manera.

Sí que es una ficción sobre el Silencio.

Hay una especie de paradoja, o de broma deliberada, ya que la primera frase del libro es algo así como "No debería uno contar nunca nada", y luego son 475 páginas impresas... Se lo he puesto fácil a los detractores. Es cierto que reaparecen temas que aparecen en otros libros (sobre todo en Corazón tan blanco, donde se abordaba el secreto y su propia conveniencia). Tu rostro mañana es un libro muy mío, muy identificable estilísticamente, y al mismo tiempo muy diferente a todos los otros, por ejemplo en su estructura.

El centro de la historia sucede en un fin de semana, pero los pasados y el futuro se mezclan continuamente.

El narrador cuenta desde el futuro; habla de lo que cuenta como de un periodo ya concluido, quizá hace un par de años, pero habla de las Torres Gemelas, del golpe contra Chávez (que, curiosamente, había escrito antes, no es mucho mérito, cualquiera lo podía haber visto), se habla de cosas del 2001... y si ha pasado más tiempo, el narrador cuenta desde el 2003 o el 2004. En ese largo fin de semana se le introduce en lo que van a ser sus actividades con el grupo. Su tarea, que consiste en interpretar vidas ajenas, está basada en el atrevimiento. Una de las ideas que subyace en el libro es que todos detestamos conocer; odiamos la certidumbre. ¿Qué nos importa más que la gente con la que nos relacionamos? ¿Qué más desearíamos que saber a qué atenernos con cada una de esas personas respecto a su lealtad? Todos hemos ido viviendo grandes sorpresas y desearíamos, en teoría, poder saber a ciencia cierta (si esa expresión es posible) lo que se puede esperar de las personas que nos importan. Sabemos pero no lo reconocemos. En el fondo uno ve mucho más de las personas que lo que acepta que ve. Hay una frase de Yeats en la que, refiriéndose al mundo de los humanos, en contraposición con el de los duendes, dice algo así como que nada es nunca puro y sin mezcla. En la persona que amamos hay algo que nos desagrada y en nuestro mayor enemigo hay algo que nos gusta.

De los pasados, toma elementos de la Guerra Civil y de la II Guerra Mundial.

Es algo que no se había visto apenas. Aunque la Guerra Civil acaba en el 39 y unos pocos meses después empezó la II Guerra Mundial (intervino quien intervino, y fue una especie de ensayo de la II Guerra), casi nunca se las vincula: no se compara el Madrid asediado con el Londres bombardeado, dos imágenes de la guerra en retaguardia. Hablo de lo que es el estado de guerra y el estado de paz, y cómo es imposible imaginar el uno cuando se está en el otro. Hay una parte que es claramente un préstamo del autor al narrador, que ni siquiera está disimulada, que coincide con la historia de mi padre, que ha contado en el primer tomo de sus memorias [Julián Marías, Una vida presente].

¿Y la historia de otro personaje, el tío Alfonso, con la madre del narrador buscándolo por Madrid?

También es real. No se llamaba Alfonso ese tío mío, hermano de mi madre, sino Emilio, y lo mataron tal cual se cuenta en la novela. A veces pienso: Si yo tengo la mala suerte de que se me haya ocurrido esto, ¿qué derecho tengo a meterlo en la cabeza de alguien más? Tengo un sentido de la culpabilidad. En la novela anterior, o falsa novela, Negra espalda del tiempo, había una idea que a mí me parecía desoladora: lo terrible que es que nada pase nunca del todo. Se habla de desmemoria, y en parte es verdad, pero a veces me entra una verdadera angustia de que nada sea olvidable. Es muy difícil que se borre todo, que se acallen las voces del pasado... y a veces me parece más atroz. Son sensaciones ambiguas que sólo en la literatura son posibles.

Creo que Tu rostro mañana es una novela más oral que las anteriores.

Una de las diferencias entre ésta y las novelas anteriores es que este narrador escucha, y a veces es sólo un contrapunto de su interlocutor.

En la novela juega mucho con la lengua (la hablada, la escrita, la traducida).

Me ha divertido en esta novela, a posteriori, pensar que a mí, durante muchos años, con mis primeras novelas sobre todo, se me descalificaba diciéndome que parecían traducidas del inglés. Yo nunca me lo tomé como una descalificación (he traducido, y sé el trabajo que lleva), pero se empleaba como "¡Bah!, este escritor que parece traducido". Al cabo de los años, éste es un libro que parcialmente sería una traducción, porque muchos de los diálogos estarían sucediendo en inglés. Finalmente, ésta sería una novela traducida (risas).

 

ABC
Suplemento Cultura
sábado 26 de octubre, 2002
por Félix Romeo

 

ENTREVISTA EL PAÍS BABELIA

 

'A medida que uno cumple años se incrementan la confusión y la incertidumbre'

'Todavía estamos viviendo las consecuencias de la guerra civil. Y hay cosas que necesitan tiempo para ser asumidas como materia de ficción'

'A veces tengo la sensación de que nunca nada queda olvidado del todo, de que nada se está quieto, de que nada se queda en paz'

'No concibo la literatura como algo circense sometido al imperativo del más difícil todavía'

Javier Marías (Madrid, 1951) publica en estos días Fiebre y lanza, primera parte de Tu rostro mañana, la que será, cuando la complete, su décima novela. Un grueso volumen de casi quinientas páginas que apenas permite entrever su desarrollo futuro y que discurre prolijamente sobre el hablar y el callar y el conocimiento que se puede alcanzar de las personas si uno se dedica a observarlas atentamente.

 

PREGUNTA. 'Nada se entrega tanto ni tan cabalmente como las palabras. Uno las pronuncia y al instante se desprende de ellas y las deja en posesión de quien las ha escuchado'... Esto dice el narrador de Tu rostro mañana. Supongo que hay que estarle agradecido por que conceda una entrevista...

RESPUESTA. No hay que agradecerme nada, todo lo contrario. Todos aceptamos que cuando se publica algo nuevo hay que promocionarlo. Lo que pasa es que para los escritores no deja de resultar contradictorio. Uno escribe un libro, un objeto lleno de palabras, para expresar algo adecuadamente, y a continuación tiene que hablar de ello y trivializarlo, con la sensación de estar abaratándolo.

P. La primera pregunta es inevitable. ¿Qué fue de la dirección emprendida con Negra espalda del tiempo, del que usted mismo dijo que podía tener continuidad?

R. Yo nunca hablé claramente de una continuación. Ni presenté aquel libro, como ahora Tu rostro mañana, como la primera parte de nada. Negra espalda del tiempo se cerraba en sí mismo. Pero lo cierto es que, dada la índole de los materiales que en él se manejaban, era y sigue siendo pensable que tuviera una prolongación. Es una posibilidad que no está cerrada, aunque ahora mismo no tenga previsto seguir en esa dirección. Por lo demás, y a pesar de que yo mismo califiqué ese libro como 'falsa novela', lo cierto es que no lo distingo sustancialmente de otros libros míos más narrativos. Y entretanto, la mezcla de realidad y ficción que allí tenía lugar se ha ido convirtiendo en algo más común y más aceptado. No tiendo a sentirme comprometido u obligado por lo que ya he hecho, ni siquiera como superación. No concibo la literatura, ni ninguna actividad, como algo circense, sometido al imperativo del 'más difícil todavía'.

P. Tu rostro mañana retoma no sólo al narrador, también muchos de los personajes y temas presentes ya en Todas las almas. Esta novela parece ocupar un puesto cada vez más central en su obra...

R. Es cierto que en mi nueva novela vuelvo sobre Todas las almas y retomo, transcurridos muchos años, el mismo narrador; pero no se trata de ninguna continuación, y la novela se puede leer sin necesidad de saber nada de aquel libro. Yo no suelo volver sobre lo que ya he escrito, e incluso tiendo a olvidarme de ello. Pero lo cierto es que en relación a Todas las almas tengo la impresión de que es mi libro más fértil, lo cual no significa que sea el que yo prefiero, ni tampoco el mejor. Digo fértil en el sentido en que es el que ha ido teniendo más ecos en el propio escritor que lo escribió: tanto en la vida real -y eso es lo que parcialmente hablaba Negra espalda del tiempo- como en la obra.

P. Me interesa el modo distinto en que sus dos últimos libros vuelven sobre Todas las almas. La diferencia la determina la figura del narrador. En Todas las almas se jugaba con la ambigüedad de un narrador sin nombre, muy parecido al autor. En Negra espalda del tiempo quien hablaba era el propio escritor Javier Marías. El narrador de Tu rostro mañana tiene un nombre bien subrayado: Jacobo Deza.

R. No doy demasiada importancia a eso. Pero es cierto que hay una diferencia. El hecho de que el narrador de Negra espalda del tiempo se llamara Javier Marías constituía una incomodidad considerable. Uno es mucho más impune si no habla en nombre propio. En el caso de las novelas más convencionales, el narrador no deja de ser un personaje más. En la novela, por lo demás, el juicio sobre los hechos que se cuentan permanece en suspenso. En ella uno simplemente asiste a esos hechos.

P. Contar con la figura de un narrador supondría, pues, una mayor libertad para la escritura.

R. Así es. Si bien no hay que olvidar que el hecho de que una historia sea real no quita que a la vez pueda imaginarse. Creo incluso que la manera real de vivir las cosas, es decir, de conocerlas y de entenderlas, consiste en, además de vivirlas, imaginarlas. Para lo cual no se necesita ser escritor. Todo el mundo ha sentido la necesidad de contar ese o aquel episodio de su propia vida, y al hacerlo realiza un trabajo de imaginación sobre lo real y acaecido.

P. No deja de resultar chocante tanta suspicacia hacia la palabra por parte de alguien que tiene la palabra misma por oficio.

R. En la novela se dan distintas visiones del hablar, unas más negativas que otras. Por un lado está el personaje de Peter Wheeler, que habla y habla. Pero está también el narrador, que escucha mucho y que se distingue en esto de los de otras novelas mías. Como se dice en el libro, hablar es lo que todos compartimos, una de las pocas cosas comunes a todos, por pobres o ignorantes que sean. Lo cual no evita que hablar entrañe, en efecto, numerosos peligros, entre ellos el de ser tergiversado, llegando a ocurrir que, a consecuencia de lo que uno mismo ha dicho, llegue a ser traicionado o incluso sentenciado sin saberlo.

P. En Negra espalda del tiempo, el narrador parecía confiarse a una escritura que discurría 'sin motivo'. De Peter Wheeler se dice ahora que cuando habla en realidad siempre sabe dónde se halla, y que lo que en él parece azaroso suele estar 'calculado, medido y sujeto'. ¿Es así?

R. Pienso que, a pesar de todo, Negra espalda del tiempo acababa teniendo una unidad y un sentido superiores a los que el mismo narrador cree. Y eso se debe a dos factores. En primer lugar, a que las cosas vividas no son lo mismo una vez contadas, adquieren una cierta armonía; en el momento en que uno se pone a contar algo, ese algo, para que exista como relato, debe sufrir una selección inevitable, que puede ser indeliberada por parte del autor, pero que revierte en un cierto orden más o menos implícito. A lo que hay que agregar una cierta capacidad asociativa muy propia de mi estilo particular, y que refuerza, de un modo también indeliberado, ese efecto de armonía. Fuera de eso, hay que tener presente que en Negra espalda del tiempo yo manejaba un material que ya estaba dado. La mayoría de cosas que allí se cuentan son cosas sucedidas, y se suceden en el libro anárquicamente, como ocurre con la vida misma. En una novela las cosas son distintas. Sé a donde me dirijo, pero trabajo con brújula, no con mapa. Eso significa que no sé, cuando empiezo, si por el camino me voy a encontrar con un río o con un desfiladero, ni cuándo puede ocurrir tal cosa. El que tiene un mapa, en cambio, lo sabe. Digamos que en este sentido yo aplico a mi escritura el mismo principio que rige la vida, en la que uno no puede rectificar su propio pasado, tiene que contar con él. Pero sí, en definitiva sí, lo que dice Wheeler es atribuible a los narradores de mis libros.

P. En esta novela se dice que nada es peor que buscar el sentido de algo o creer siquiera que lo hay...

R. Sí. Hay en mis libros muchos pasajes que son contradictorios entre sí. Ése es uno de los privilegios de lo que entiendo por pensamiento literario. En él las cosas pueden ser a la vez de una manera y de otra, y ser en los dos casos verdad.

P. Decía usted que hablar es lo que todos compartimos. Pero, como observa uno de sus personajes, los únicos que no comparten eso son los vivos con los muertos. ¿Es la escritura la forma que los muertos tienen de hablar con los vivos?

R. En cierto modo sí. Pero ya al comienzo del libro se dice también que 'callar, callar, es la gran aspiración que nadie cumple ni aun después de muerto'. En este sentido, y contra lo común que suele ser lamentarse de que las cosas caigan en el olvido, una de las desazones que se expresan en este y otros libros míos es la que se deriva de constatar lo difícil que es que las cosas se olviden efectivamente. Suprimir los rastros, los vestigios de lo que ya no existe y está aparentemente olvidado. Ya la primera frase de Tu rostro mañana advierte contra el recuerdo de tantas cosas 'que sí pasaron pero estaban ya medio a salvo en el tuerto e inseguro olvido'. Parece como si nada estuviera a salvo de volver a ser recordado... Es como una maldición... A veces tengo la sensación de que nunca nada queda olvidado del todo, de que nada se está quieto, de que nada se queda en paz.

P. Contra la irresponsabilidad de tantas cosas que se dicen a la ligera, la escritura vendría a ser la palabra en estado de responsabilidad.

R. No sé si diría tanto. Pero sí, tal vez la escritura sea la expresión más responsable del decir. Hay un momento en Tu rostro mañana en que Peter Wheeler observa lo raro que es el día en que nos vamos a la cama habiendo dicho u oído algo relevante. Por el contrario, cabe pensar que en la escritura no sea así... que pueda haber algo más. La escritura es la forma en que uno mejor dice lo que puede decir, la más consciente. De hecho, creo que la escritura viene a ser una forma de pensamiento. Hay pensamientos que por mucho que uno se concentre no pueden ocurrir fuera del proceso de la escritura. Y aun me atrevería a decir que algunas cosas sólo pueden ser pensadas en el proceso de escritura de una novela. De todos modos, cuando al comienzo de mi novela se dice aquello de que 'no debería uno contar nada...', eso vale para la escritura misma. Al fin y al cabo, llevamos siglos y siglos contando la vida, y la vida no es contable. Quizá no estaría mal dejar alguna vez que, simplemente, las cosas ocurran.

P. El narrador dice que su tarea consiste en 'escuchar y descifrar conductas, caracteres y escrúpulos'...

R. En efecto. Digamos que las suyas son interpretaciones de tipo narrativo antes que propiamente psicológico. Lo que se le pide es sencillamente que vea. Y que sea capaz de decirlo sin miedo a equivocarse. '¿Cree usted que esta persona haría esto, que sería capaz de hacer eso otro, que se puede confiar en ella?'. Informaciones de las que a todos nos gustaría disponer. Lo que el libro viene a decir es que las personas nos dan sobre ellas mismas muchos más datos de los que solemos procesar. Recuerdo una cita de Yeats. Viene a decir algo así como que por desgracia nada es puro y sin mezcla, que incluso en nuestra amada hay siempre algo que no nos gusta. Está además lo que en el libro llamo 'afinidades', refiriéndome a los rasgos que a veces comparten personas que no tienen nada que ver entre sí, y que nos ilustran acerca de una y otra. Todas ésas son cosas que por lo general no incorporamos a nuestra conciencia en forma de conocimiento, de las que huimos a veces porque nos resultan incomodadoras. Que no termine pasando así depende en buena medida de que uno se 'atreva' a verlas. Y en eso consiste el trabajo del narrador. De él se llega a decir que posee un don rarísimo: el de 'ver a la gente a través de ella misma'.

P. Ligado a esto, cabe detectar en su novela y en su discurrir lleno de sinuosidades una tácita reivindicación de la paciencia, de la insistencia, incluso como vía de conocimiento.

R. La gente se contenta con lo primero que se le ocurre. Cuando de lo que se trata es de preguntarse: ¿y qué más? Porque, sí, hay un valor en la insistencia, en la profundización. A estas alturas (qué horror, hablo como si fuera un anciano, será que hace más de treinta años que vengo publicando libros y me siento por eso mayor de lo que soy), a estas alturas, decía, pienso que si uno sigue escribiendo es para intentar mirar las cosas lo más de cerca posible. Con independencia de que lo haga bien o mal, yo creo que mi intención es ésa: ver aquello de lo que me ocupo, sobre lo que discurro o cuento, con la mayor matización y finura posibles. Y para eso se necesita tiempo y morosidad. En este sentido uno siempre ha de darse por insatisfecho. Borges decía que la idea de texto definitivo corresponde o a la religión o al cansancio. Siempre hay algo más que mirar.

P. En su concepción de la escritura parece abrirse paso una actitud cada vez más moral.

R. Imagino que no se refiere a la moral común. Creo poder afirmar que en mis novelas no hay sermones, como en tantas otras. Ni tampoco jeremiadas. No me dedico a condenar las acciones o las actitudes de los personajes, por horribles que pudieran resultar, no se trata de eso. Me molesta cada vez más la trampa, la impostura. Lo que más me puede irritar es la complacencia con que el autor de una novela o de una película alardea de su propia posición moral. Me dan ganas de decirle: 'Oye, ya me he dado cuenta de que tienes un alma muy bella, deja de darme la lata y cuéntame algo más interesante'. Es posible, en efecto, que por mi parte sea cada vez más moral la manera de abordar la escritura, pero lo sería en un sentido opuesto a este que señalo.

P. Dentro de la órbita moral de la novela se da un rechazo de la fascinación y del morbo que suscita lo que se sabe horrible. Frente a este prestigio del mal, el narrador concluye: 'El mal suele ser simple'.

R. Es cierto. Parece que como si lo que resulta horrible contara de cierto prestigio añadido. Y como si contarlo implicara un grado mayor de valentía. Cuando la realidad es lo contrario. Nada es más sencillo que impresionar al lector con el simple relato de lo que nos produce escalofríos. No deja de haber algo abusivo y fácil en recurrir a ello. Creo que se presta un exceso de atención a lo que reconocemos como el mal. Como si fuera algo raro o anómalo, cuando más bien es lo contrario. Es en este sentido en el que en algún momento de la novela se dice que 'el mal suele ser simple'. Pero lo cierto es que no se deja de darle vueltas. Yo, por ejemplo, ya no soporto una película ni un libro más sobre asesinos en serie. Me revientan.

P. En Tu rostro mañana cita una frase de Toby Rylands, personaje de Todas las almas: 'No he tenido mujer ni hijos, pero creo haber tenido una vida de conocimiento, que era lo que me importaba. Nunca he dejado de saber más de lo que sabía antes...'. ¿Suscribiría usted estas palabras?

R. Esas palabras se dicen en un contexto, por así decirlo, académico, y en este sentido sí, cualquier persona que lee y sigue leyendo suele ir sabiendo más de lo que antes sabía. Pero si nos referimos a un tipo de conocimiento más amplio, más ligado a la experiencia de la vida, ya no estoy tan seguro de que nadie pueda suscribir tal cosa. Es más, tengo la sensación de que, a medida que uno va cumpliendo años, se van incrementando la confusión y la incertidumbre. En cierto sentido, creo que mis dudas son cada vez mayores, y no, no me atrevería a decir eso de que siempre he sabido más de lo que antes sabía. Conforme pasa el tiempo uno va concentrándose en los campos de conocimiento que más le interesan. En lo que a mí respecta, el conocimiento de mí mismo, eso que desde los griegos parece que es tan importante, hace tiempo que a mí no me interesa nada.

P. 'Es como si viviera paralelamente una vida teórica', lee Jacobo Deza en un informe sobre sí mismo. ¿Tiene la misma sensación?

R. Sí, aunque lo que tengo es la impresión de conocer o saber cosas y vivir experiencias que quedan, por así decirlo, postergadas. Es como si las registrara sin el propósito de ocuparse realmente de ellas, o con el propósito de hacerlo en una vida distinta a la que estoy viviendo. Quizá esa vida sea, en mi caso, la escritura.

P. El narrador habla de la influencia que sobre nosotros tienen las opiniones de los demás y de las expectativas de las que somos objeto. Eso es algo que, a partir del éxito que su obra ha obtenido, ha debido pesar sobre usted.

R. No, yo no experimento esa opresión, quizá porque me he cuidado de no consentirla. De hecho, todos podemos ser víctimas de ella. Yo sin duda la he sentido, pero me he cuidado de no hacerle demasiado caso. Cuando publiqué Todas las almas, Juan Benet, a quien el libro le gustó mucho, me dijo que lo único malo era que nunca iba a escribir otro igual. Yo decidí no amargarme con ese vaticinio, por mucho que viniera de alguien a quien respetaba y admiraba mucho. Y no me puedo quejar de cómo me ha ido desde entonces.

P. Publicada la primera parte de su novela, ¿no teme que cuanto digan lectores y críticos pueda influirle y distorsionar sus propósitos iniciales?

R. Sí, en parte sí. De momento, mi propósito es no leer las reseñas que salgan. Es fácil que llegue a mis oídos lo que ha dicho uno u otro. Pero dado que quiero escribir la segunda parte de mi novela, prefiero evitar la interferencia de juicios ajenos. A lo mejor no soy capaz, aunque creo que sí, porque sé contener mi curiosidad. De todos modos, permanezco en alerta. Yo nunca doy a leer mis textos a nadie hasta que están acabados, pero esta vez, en cierta forma, lo estoy haciendo, y sí, es un riesgo que corro, ya veremos si consigo relativizarlo.

 

El País
Suplemento BABELIA
Sábado 26 de octubre, 2002
Número 570
Por IGNACIO ECHEVARRÍA

 

ENTREVISTA EL CULTURAL

"Demasiados críticos quieren que escribamos como notarios"

Como si de un relato de Borges se tratara, vive Javier Marías en una casa que son dos. Arriba está la biblioteca, el estudio. Abajo, en el otro piso del mismo edificio, más biblioteca, más libros. Como un espejo. Hasta los sillones, dice, son iguales. En la de arriba, además de libros hay cuadros, dibujos, carteles, soldaditos de plomo, un inmenso aparato de televisión, dvds… Y ceniceros, y fotos (una de una mujer y un niño. Su madre. Él). Y una pipa tiznada de recuerdos. Una casa acogedora como él, expectante en vísperas de lanzar Tu rostro mañana (Alfaguara)

 

Pregunta: Tu rostro mañana comienza así: "No debería uno contar nunca nada"… ¡Menudo arranque para una novela de casi 500 páginas, que es la primera parte de la obra completa!

Respuesta: Sí, se lo he puesto fácil a mis detractores, pero pasamos demasiado tiempo intentando contar la vida. Y la vida no es contable porque en el mismo momento de hablar, ya modificamos el pasado.

P: También escribe que cuando uno se hace consciente de su valía: "le entra el miedo a no estar a la altura de sí mismo". ¿También usted?

R: No. Precisamente he procurado siempre no tener una concepción circense de la literatura, eso del "más difícil todavía", y no me siento obligado por lo que he escrito antes.

P: ¿Cuándo habla de concepción circense se refiere sólo a eso?

R: Bueno, también a esas declaraciones de algunos colegas que dicen aceptar desafíos como, no sé, escribir como una mujer.

P: ¿Por qué publica sólo la primera parte del libro?

R: Tenía que elegir entre dos descortesías, la de publicar un libro desmesurado de mil páginas o la de hacer esperar al público. Elegí la segunda porque como lector siento aversión por los libros muy extensos, me dan una pereza espantosa.

P: ¿Puede adelantarnos algo de esa segunda parte?

R: Ni puedo ni quiero. No tengo nada decidido, porque me gusta escribir con brújula pero sin mapa, sabiendo adónde quiero llegar pero no cómo. Eso sí, los personajes no se me van rebelando como a otros, jé.

P: Recupera en el libro a Jacobo, Jacques, Iago Deza, de Todas las almas

R: Sí, aunque en esa novela no tenía nombre ni ésta es una continuación. Han pasado 13 o 14 años y la vida le ha cambiado. Su voz es distinta.

P: También recupera a Toby Rylands a través de un personaje, Peter Wheeler, que además de su amigo resulta ser su hermano.

R: Sí, son personajes diferentes pero emparentados por algo más que la sangre, por el espíritu. También sus biografías son paralelas.

P: ¿Wheeler es en realidad Peter Russell, a quien está dedicado el libro?

R: Sí, le pedí permiso para utilizar su continente, para decirlo de manera pedante, su biografía real, su cáscara. Y me dejó fabular con ella..

P: no es el único homenaje. También evoca cómo el padre de Deza fue delatado tras la guerra civil por su mejor amigo.

R: No es un homenaje, es un préstamo. Mi padre ya lo había contado en sus memorias, sólo invento las conversaciones con él.

P: Lo no inventado es la traición.

R: No. Aunque todos podemos ser traicionados en algún momento, no dejo de preguntarme qué pasa para que tu mejor amigo te traicione y te lleve a la muerte. Cómo no puedo prever su rostro mañana, saber si va a ser mi verdugo o mi salvador.

P: Quizá sea importante no olvidar episodios como ese.

R: No sólo eso. A mí me parece muy bien que tras la muerte de Franco no se ajustasen cuentas pendientes, pero es indecente que gente que se comportó de forma detestable durante o después de la guerra, tuviera la desfachatez de inventarse exilios imaginarios.

P: Parece incluso como si no importara …

R: Espero que no tenga razón. Probablemente nadie de mi generación puede juzgar lo que la gente hizo, pero 27 años después de la muerte de Franco no se puede saber lo repugnantes que fueron muchos.

P: Al menos también está la otra cara, la de quienes dicen no. Como Savater.

R: Sin duda. Ni siquiera los que somos amigos suyos y le admiramos como escritor y como hombre nos damos cuenta de lo que está haciendo, y con cuánta generosidad, valor y dignidad.

P: Volviendo al libro, es apasionante el trabajo del protagonista…

R: Sin ser un visionario o un psicólogo, intenta averiguar en qué se va a convertir aquel a quien estudia, si sería capaz de matar o morir o traicionar.

P: ¡Qué difícil!

R: Sí, porque como dice Yeats nada es nunca puro y sin mezcla. El libro trata de eso. De que en el fondo sabemos más de lo que aceptamos saber. De que la gente odia el conocimiento y las certidumbres. Es preciso no conformarse y aprender a mirar y pensar. En todos los órdenes, también en literatura.

P: Me imagino que su novela será un ejemplo.

R: Al menos los personajes son gente inteligente, que habla y reflexiona, no resultan esquemáticos, si son esos estrafalarios, asesinos o jóvenes descerebrados que proliferan en nuestras letras.

P: Dice en el libro que hoy los críticos españoles crucificarían a Shakespeare.

R: Me preocupa lo anticuados que son o se han vuelto algunos, que hacen reproches absurdos, señalando supuestas incorrecciones cuando se trata de forzar la lengua, como hicieron Góngora o Shakespeare. Parece que quieren que todos escribamos como notarios, pero en literatura hay que correr riesgos.

P: ¿Se equivocan quienes intenten identificar a ese editor "jactancioso" que "desconoce la gratitud"?

R: Por supuesto, hay mucha gente así. Demasiada.

 

El Cultural
Suplemento cultural del periódico El Mundo
Jueves 24 de octubre, 2002
Por Nuria Azancot
Ilustración: Gusi Bejer

 

ENLACES ARCHIVOS SONOROS DE LA CADENA SER

Entrevista completa

Corte de la entrevista

"Foto sonora" por Luis del Val

Programa "Hoy por Hoy"
Dirigido por Iñaki Gabilondo
Jueves 24 de octubre, 2002

 

TRANSCRIPCIÓN ENTREVISTA HOY ES DOMINGO

 

Concha García Campoy

Nuestros oyentes saben que tiene muchos libros estupendos a sus espaldas, pero seguramente recordarán Todas las almas, o Corazón tan blanco o Negra espalda del tiempo. Hay un libro de cuentos que a mí me entusiasma que es Mientras ellas duermen, yo creo que los mejores cuentos que he leído y estábamos hablando y le estaba diciendo a Ángeles que me he leído 400 páginas y que me quedan solo unas poquitas para acabar Tu rostro mañana porque no he querido leerlo precipitadamente. Estaba disfrutándolo.

¿Cómo estás, Javier Marías?

Javier Marías

Hola, qué tal. Buenos días.

Concha G. Campoy

Buenos días. Estás en compañía de Javier Gurruchaga, Gerardo Vera y Ángeles Caso.

Javier Marías

Pues muchos saludos a los tres, aunque a Gerardo no lo conozco personalmente. A Javier y a Ángeles hace tiempo que no los veo.

Ángeles Caso

Sí, es verdad.

Javier Marías

Encantado de oíros.

Ángeles Caso y Javier Gurruchaga

Igualmente, Javier.

Gerardo Vera

Yo te conozco por tus libros, Javier, o sea que da igual.

Javier Marías

Jajaja.

Concha G. Campoy

Además, Javier Marías, Tu rostro mañana. 1. Fiebre y lanza. Es decir, Javier, que tú nos preparas más, esta es la primera parte.

Javier Marías

Pues sí, es el primer volumen en principio de dos. Aunque en fin, uno nunca sabe si va a cometer un error de cálculo y quién sabe si a lo mejor acabarán siendo más o por el contrario, y eso es una cosa con la que de vez en cuando amenazo, en parte para divertirme, a mis editores, a lo mejor la segunda parte en vez de ser otras 500 páginas aproximadamente, que es lo que tiene este volumen, hubiese calculado mal y me salen 100 y saco un segundo volumen ridículo que no justificaría en absoluto los dos volúmenes. Se llevan las manos a la cabeza, pero en fin. Lo previsible es que haya un segundo volumen efectivamente de unas casi 500 páginas.

Concha G. Campoy

La sensación que tenía leyendo tu libro, que por cierto me quedan muy poquitas páginas para acabarlo…

Javier Marías

Sí, por lo que has dicho te quedan me parece que 75…

Concha G. Campoy

Exactamente, un poco menos. La sensación es que haces ya filosofía de la literatura.

Javier Marías

Bueno, no sé si de la literatura exactamente, más que de la literatura. quizá del hablar y del callar y lo que tiene el hablar por ejemplo de cosa maravillosa, de cosa que además, como se dice en el libro, comparte todo el mundo absolutamente. En un momento dado se dice que el hablar es lo que incluso tienen los que no tienen nada más, es decir, los mendigos, la gente más pobre, la gente más inculta, porque independientemente de la cultura que se tenga, la verdad es que la gente que habla, habla muchísimo.

Concha G. Campoy

Claro, porque tú dices en la primera frase del libro: "No debería uno contar nunca nada". Sin embargo lo contamos todo.

Javier Marías

Pues sí, y yo el primero porque con esa primera frase la verdad es que se lo he puesto fácil a posibles detractores porque no tienen más que decir que si yo hubiera seguido al pie de la letra esa primera frase nos habríamos ahorrado esas 475 páginas. Pero efectivamente ahí, por un lado, se muestra el lado positivo e incluso absolutamente vital del hablar, y por otro lado también, se habla del horror que eso puede acarrear a veces e incluso del callar como salvación. Por ejemplo, no sé, incluso en cosas… Está en las primeras páginas un comentario sobre eso que hemos visto tantísimas veces sobre todo en las películas americanas, en que cuando se detiene a alguien se le aplica lo que se llama la fórmula Miranda, que es esa frase que hemos oído mil veces que dice: "Tiene usted derecho a guardar silencio porque cualquier cosa que diga se podrá utilizar en su contra". Es decir, es una extraña advertencia si uno se para a pensar, es como si a uno le dijeran: mire, cállese que es lo mejor, ¿no? Quizá si se calla usted pueda salvarse, casi es mejor que no diga nada. Que no empiece a decir "no, yo no he sido, no soy culpable". Es algo curioso, la propia ley, por lo menos en Estados Unidos, considera… "calla y entonces sálvate".

Concha G. Campoy

Y en gran medida el protagonista de la novela es vidente o psicólogo avezado, o tiene un don. Yo creo que esa capacidad de ver o presumir, o quizá de alguna manera, fantasear acerca de cómo es y cómo se verá la gente en el futuro.

Javier Marías

Sí, bueno, las dos palabras que has empleado la verdad es que yo no las emplearía. Ni vidente ni psicólogo, porque precisamente no…

Concha G. Campoy

Juega más bien a eso, ¿no?

Javier Marías

No, se trata más bien… en fin, el narrador que es un español, que por otra parte es el mismo narrador de mi antigua novela Todas las almas, aunque no es en modo alguno la novela una continuación de aquella, pero sí recupera la misma voz narradora. Al cabo de muchos años vuelve a estar en Inglaterra y entonces a través de una serie de vicisitudes entra a trabajar con un grupo que se creó en su momento, en la Segunda Guerra Mundial y que aun ahora pervive, y que lo creó el MI6, es decir, el servicio secreto británico para el exterior -el MI5 es el que se ocupa de las cosas del interior- y se creó en su día, en la Segunda Guerra Mundial con vistas a intentar desenmascarar a los espías alemanes que efectivamente se iban lanzando en paracaídas sobre el suelo británico, a los cómplices que había allí, etc. Y también para reclutar a personal. Y entonces no, realmente, no es una cosa de psicólogos ni por supuesto tiene nada de sobrenatural, no es un visionario, sino que se trata de buscar a un agente digamos con la capacidad y el atrevimiento y la responsabilidad, para, se dice, ver lo que en realidad todos somos bastante capaces de ver; es decir, sería un don, o una facultad que en realidad tendríamos todos, es decir, lo que sucede es que, se sostiene en la novela, normalmente casi nadie se atreve a hacerlo o casi nadie pone en práctica.

Concha G. Campoy

¿Y haces tú ese ejercicio, Javier? ¿Eso de mirar a alguien?

Javier Marías

Hombre, todos, yo creo que todos lo hacemos y todos dejamos de hacerlo. Es decir, si normalmente, por poner un ejemplo, cuando uno con una persona que le gusta en conjunto, no digamos de la que esté enamorado, o con un amigo muy amigo, de vez en cuando vemos cosas, vemos rasgos, vemos pequeñas reacciones, a veces incluso gestos, que de pronto nos inquietan y que no nos gustan, que preferiríamos que no estuvieran en esa persona sobre todo, si de esa persona tenemos una buena idea o la queremos mucho. Y lo cierto es que normalmente cuando vemos esos, llamémoslos avisos, no hacemos caso, tendemos a pensar: "bueno, figuraciones", o bien pensamos "nadie es perfecto al fin y al cabo". Pero a menudo dejamos de registrarlos, en realidad vemos bastante más, en el fondo todos quisiéramos en teoría saber qué podemos esperar de las personas que nos importan, hasta qué punto nos van a ser leales, si algún día pueden traicionarnos. Quien más quien menos, sobre todo según va cumpliendo uno años, ha tenido esa sensación de desengaño, de decepción, de decir: "Dios mío, cómo es posible, habría puesto la mano en el fuego por esta persona", etc. Y en realidad la mayor parte de las veces uno va viendo más de eso. También a la inversa, también cuando alguien no nos gusta y de vez en cuando encontramos rasgos y decimos "ah, quizá no sea tan condenable esta persona". Pero lo cierto es que también en esos casos solemos hacer caso omiso. Y entonces, se trataba de crear un grupo que fuera gente capaz de hacer unas interpretaciones, más que psicológicas, ya digo, casi narrativas. Es decir, ¿qué se puede esperar de esta persona?, ¿esta persona sería capaz de matar? ¿Qué opina usted? ¿Esta persona sería capaz de morir? Etcétera. Es decir, es un grupo que no tiene nombre, aunque en algún momento se los llama intérpretes de vida o traductores de personas, pero qué es un asunto totalmente terrenal y nada visionario.

Concha G. Campoy

Todos están asintiendo a las cosas que dices, Javier, aquí en el estudio.

Javier Marías

Ah, mejor.

Concha G. Campoy

Y además es verdad que en algún momento, y tú lo señalas también en la novela, uno en un momento dado puede ser capaz de matar, en otro no, es capaz de tener actitudes heroicas y en otro completamente despreciables.

Javier Marías

Hombre, lo normal es que uno no lo sepa. Probablemente eso es lo más difícil de saber ¿no? También de uno mismo. Pero precisamente la idea que subyace a esta tarea, a este grupo especial que no tuvo nombre y que se creó efectivamente durante la Segunda Guerra Mundial, era un poco decir: bueno, sí, pero se trata de intentar ver... Hay un elemento de apuesta evidentemente, y con un margen de error. El narrador empieza a trabajar -la novela transcurre en la época actual, se alude a las Torres Gemelas o al golpe de estado contra Chávez-, hay un momento en que el narrador dice que empezó a trabajar ahí y que lo suyo fue un proceso de atrevimiento, que inicialmente se trabajaba con vídeo, también en persona pero digamos observando desde un observatorio oculto a gente que va a tener entrevistas con otros compañeros del grupo, etc. Luego les preguntas: ¿qué opina usted de este individuo? ¿Qué opina usted de tal? Y la tendencia inicial, como nos pasaría probablemente a todos, es decir: hombre, no sé, no me atrevo a decir, y dice: pronto me di cuenta de que "no sé" era la respuesta que menos se pensaba allí y que en cierto sentido, te decían: no, no diga usted lo que piensa. Dígalo. Tampoco va a pasar nada necesariamente, es decir, él no sabe muy bien qué se hace con esos informes en este primer volumen, ¿no? Si se archiva meramente… Hay un momento en el cual él incluso busca en unos archivos y encuentra que hay informes de este tipo, es decir, que no son psicológicos ni de otro tipo que no sean de interpretación narrativa podríamos decir, casi, como si fuera la descripción de un personaje en un cuento o en una novela. Resulta que hay gente como Margaret Thatcher o Keith Richard -uno de los miembros de los Rolling Stones-, hasta gente completamente desconocida, de nombres que no le dicen nada. Incluso encuentra algún otro de sí mismo, claro, que lee y dice: "bueno, me quedé como estaba".

Concha G. Campoy

Ahora estábamos mirando en El País Semanal, lo tiene ahora delante Javier Gurruchaga, que además ya se adelanta seguramente parte de lo que saldrá en el próximo libro y ahí sí que hay informes concretos sobre algunas personas.

Javier Marías

Sí, bueno, eso ha sido una especie de juego. A raíz de eso, lo que aparece en El País

Javier Gurruchaga

Los carteles de propaganda, ¿no?

Javier Marías

Sí, los carteles están en el libro también, los carteles de la campaña que hubo contra el hablar, durante la Segunda Guerra Mundial. Hubo una campaña institucional, careless talk se llamaba, es decir, la conversación imprudente, que quería hacer ver que incluso aunque ellos creyeran no tener ninguna información buena ni importante no debían hablar.

Javier Gurruchaga

La traducción, Javier, es fabulosa, ¿no? "Cállense, no hablen, porque no se sabe quién puede estar escuchando y qué utilización hará de nuestros comentarios más triviales". Eso decían los carteles, ¿no?

Javier Marías

Sí, cosas por el estilo y algunas de las viñetas, además, son muy graciosas, son muy de época. Hay uno en el cual aparece una espía vestida de gala y traje de noche, rodeada de oficiales que la están obsequiando y que dice, hay un juego de palabras: "Cuidado, ella no es tan dumb", que es una palabra que quiere decir tonta y también muda. Es decir que…

Javier Gurruchaga

O sea, Javier, a la conclusión que se puede llegar un poquito así en plan rápido es de que no te puedes fiar de nadie, ¿no? No hay nada mejor que estar solo, solo y bien callado y sordo.

Javier Marías

No, todo lo contrario. También en la novela aparecen ejemplos de lo contrario. Hay un elemento de un ambiente que… Y yo creo que también todos conocemos una extraña afinidad que a veces encontramos, no se trata de parecidos, sino que a veces con personas completamente distintas, puede ser por ejemplo una joven muy joven y de pronto esa joven muy joven en un gesto en una manera de… te recuerda de pronto a un señor mayor que conoces y de pronto dices ¡hombre!, y no hay parecido ni se conocen ni hay influencia, y sin embargo es como una especie de extraña afinidad y a veces esa afinidad que uno ve le da confianza, veo aquí algo en común con una persona que me fue tan querida… y entonces también puedo obrar a la inversa, es decir, esa persona es totalmente fiable… No siempre…

Concha G. Campoy

Teniendo a Javier Marías yo me andaría con cuidado, sobre todo no te rías así a lo tonto. Ríete de verdad, cuando tengas alguna afinidad con él.

Javier Marías

No, pero ten en cuenta qué… No sé… Yo me doy cuenta de que tengo una cierta fama, gente que ha leído mis libros a veces me dice: "¡huy, contigo en todo hay que tener cuidado porque debes ser tan observador… te fijas en qué tacones llevamos, en qué zapatos, en qué no sé qué…" Yo la verdad es que soy de lo más despistado, no me fijo en nada. Es más, últimamente voy por la calle, me encuentro con mi padre y no lo veo. No lo saludo, y la verdad es que voy absorto. Normalmente, no me fijo en nada, lo que pasa es que luego… a la hora de escribir me doy cuenta de que quizá uno recupera cosas que en el momento no ha observado, es una extraña observación a posteriori. Pero vamos, mientras se está conmigo ningún miedo se me debe tener en ese aspecto, creo yo.

Javier Gurruchaga

Hay una película que acaban de estrenar por primera vez en España en un cine, que tiene mucho que ver con el mundo que estamos hoy hablando y tu novela, yo creo, que es Los verdugos también mueren de Fritz Lang.

Javier Marías

Ah.

Javier Gurruchaga

Donde precisamente todo el mundo es delator del vecino del vecino.

Javier Marías

La han reestrenado, claro, la recuerdo mal. La vi hace muchos años, por eso no la recuerdo muy bien…

Concha G. Campoy

En todo caso yo le recomiendo a Javier Marías que vea Deseo que se va a estrenar esta semana y que es la película por la que están aquí Gerardo Vera y Ángeles Caso. Y además, Ángeles te está escuchando todo el rato con mucha atención. ¿Tú crees que tendrías algo…?

Ángeles Caso

Yo quería decirle una cosa a Javier, aparte de que estaba de acuerdo con varias de las cosas que has dicho, yo admiro infinidad de cosas de tu talento literario, pero una de las que más admiro e incluso envidio es tu talento para los títulos. Son los títulos más bonitos de la literatura española.

Javier Marías

Ah, pues mira con éste... bueno, tiene dos títulos. Hay el título de la novela en su conjunto, que es Tu rostro mañana, y luego el subtítulo, o título del primer volumen que es Fiebre y lanza. Pero con el del conjunto, con Tu rostro mañana, no sabes la cantidad de problemas que he tenido, además tenía varias opciones y de diferentes gamas y además esas veces en que vas preguntando a los amigos y a veces todo el mundo dice: "Éste, éste sin duda". Y a ti… Les gustaban otros. Cabría la posibilidad de que hubiera sido Conocer tu rostro mañana, por ejemplo.

Ángeles Caso

Pues a mí, Tu rostro mañana me parece bellísimo.

Javier Marías

Tuve otra gama que era Algunas causas de tu muerte, era una posibilidad. En fin, la verdad es que esta vez me ha traído de cabeza encontrar uno.

Ángeles Caso

A ver si me regalas algún título alguna vez.

Gerardo Vera

A mí también, para mi próxima película, Javier.

Javier Marías

Con mucho gusto.

Concha G. Campoy

Deseo no está mal, ¿eh?

Javier Marías

Voy a poner una agencia, pero yo creo que…

Gerardo Vera

Negra espalda del tiempo es un título que a mí me fascina.

Javier Gurruchaga

Javier, yo sé que tú tienes una situación privilegiada. La de mirón, gran mirón. Ves muy bien y de muchas maneras al alcalde de Madrid, ¿no? ¿Cómo es eso, Javier? Cuéntanoslo

Javier Marías

De eso te diré que incluso a mi espalda noto la figura de un fantasma que suele cantar…

Javier Gurruchaga

Ah, ¿sí?

Javier Marías

Porque en fin…Aquí no creo que haya ningún inconveniente en contarlo. De hecho, hace unos años que heredé concretamente el mismo piso donde Javier Gurruchaga vivió un par de años y todavía el portero me cuenta hazañas de ti, Javier. Sé mucho sobre ti que tú ignoras que sé. Uno nunca debe abandonar una casa y dejar que entre alguien conocido detrás.

Javier Gurruchaga

Has cogido dos pisos, además.

Javier Marías

Sí, bueno. Tengo un segundo piso alquilado, son ambos alquilados, pues de ampliación de biblioteca y segundo estudio para cuando quiero trabajar con más tranquilidad.

Concha G. Campoy

Javier vende en muchísimos países y aquí en España se le aprecia, pero yo creo que fuera de España más, y en Alemania es un furor impresionante. Y no tiene ni el Nacional de Literatura, ni el Nadal, ni el Planeta, nada.

Javier Marías

Mira, el Nadal y el Planeta y esas cosas no los voy a tener nunca porque yo no me presento, la verdad. Me presenté una sola vez hace muchos años, en 1986, y no he vuelto a presentarme ni lo haré nunca.

Ángeles Caso

Es que no lo necesitas, tienes esa suerte.

Javier Marías

Premios a los que uno se presenta… Quizá, efectivamente, a estas alturas no me son muy necesarios y por otra parte la idea de la competición y eso de deliberar...Si a uno le dan un premio porque ha publicado un libro, a posteriori, pues bien, pero presentarlo… En realidad, los veo como concursos y yo soy muy poco concursante.

Concha G. Campoy

Pues Javier Marías. Enhorabuena. Tu rostro mañana. Un abracito muy fuerte.

Javier Marías

Muchísimas gracias y muchos saludos a Gerardo, Ángeles y Javier.

 

Programa "Hoy es domingo"
Onda Cero
Domingo, 20 de octubre de 2002
11:30 horas
Dirigido por Concha García Campoy

 

ENTREVISTA EL SEMANAL

"Ni hago relaciones ni adulo a nadie"

Está a punto de publicar Fiebre y lanza, primer volumen de Tu rostro mañana, novela en la que Marías despliega todas sus obsesiones. De ellas habla en esta entrevista, desmintiendo el tópico de su frialdad y su reserva.

Quedamos con Javier Marías en su casa, un hermoso piso en pleno centro de Madrid donde los recuerdos desperdigados ordenadamente cuentan mucho de él: pequeñas cajas, pastilleros con aire antiguo, infinidad de libros, algunos exquisitamente encuadernados, fotografías, críticas primerizas, soldados de plomo, esculturas de Sir Arthur Conan Doyle y de un Sherlock Holmes que tiene el rostro de Peter Cushing...

Pasó la tarde mientras hablábamos sobre su nueva novela, Tu rostro mañana, o mejor dicho, del primer volumen que va a ser publicado, Fiebre y Lanza.

La primera parte de Tu rostro mañana, Fiebre y lanza, es casi un ejercicio de crueldad hacia el lector. Es una novela que se lee con avidez... ¡Pero nos va a dejar esperando casi dos años para conocer el desenlace!

Todo el mundo está avisado. Me he visto obligado a elegir entre dos descortesías posibles hacia el lector. Odio los libros muy largos actuales, nunca me leería una novela de mil páginas de un autor contemporáneo. Esa longitud tira para atrás a los lectores, empezando por mí mismo, así que no puedo ofrecer una. La otra descortesía era dejar al lector al que le ha interesado la novela esperando al segundo volumen. Me he guiado por mí como lector. Tengo la esperanza de que los lectores a los que le interese, tras ese momento de rabia, piensen que la novela no se ha acabado, que va a volver.

¿Tiene pensada ya la segunda parte?

Parcialmente. Necesito no conocer completas las historias que voy a contar, de lo contrario escribir me parecería un mero ejercicio de redacción. Escribir para mí es también un proceso de averiguación. Inventar, etimológicamente viene del latín invenire, que quería decir descubrir o averiguar. Muchas de las cosas que escribo las voy decidiendo conforme voy escribiendo. Tengo la costumbre de empezar las novelas el día 3 de septiembre y ahora, dado que estaba cerca, he aprovechado para escribir un poco el comienzo.

¿Lo de empezar en esa fecha tiene algo de superstición?

Acaba por ser una especie de superstición falsa porque no creo en eso. Inicialmente fue porque es el cumpleaños de una amiga que fue muy querida entonces, y ahora también.

Hay una idea inquietante en el libro: de algún modo sabemos qué van a ser para nosotros las personas que encontramos en nuestra vida.

Sabemos más de la gente de lo que aceptamos. En el fondo todo está ahí, pero preferimos vivir en una especie de incertidumbre. De entrada preferimos confiar. Cuántas veces, cuando tenemos una decepción, a posteriori recordamos una gran cantidad de detalles, a veces nimios, que nos estaban avisando.

Se hace fácil identificarle como al protagonista de Tu rostro mañana, Jacobo Deza.

Tiene cosas de mí, como los narradores de mis últimas cinco novelas, pero no soy yo. Es el narrador recuperado de Todas las almas, aunque no es una continuación. Hay un préstamo de Javier Marías al protagonista, Jacobo Deza: la parte que cuenta lo que le ocurrió al padre, que es la historia, tal cual, que le pasó a mi padre, Julián Marías, cuando fue denunciado a la policía de Franco porque alguien había sido su mejor amigo.

¿ Es sólo un préstamo o tiene algo de regalo a su padre?

No me atrevería a decir tanto. En mi familia somos todos bastante pudorosos, no solemos contarnos las cosas que hacemos, es una especie de extraña sobriedad entre nosotros. Le he comentado a mi padre que he usado esta historia y creo percibir que le hace ilusión. De hecho me ha dicho que me asegure de que entintan bien el libro porque tiene la vista un poco mal. Espero que lo hagan, si no tendré que leer en voz alta.

¿Siente que hay que mantener las formas incluso en soledad, como le pasa al protagonista de su libro?

Soy un tipo de persona que no hace a solas cosas muy distintas de las que hace en compañía. Creo que todos tenemos, de una manera más o menos consciente, la sensación de ser observados.

¿Vivimos un poco teatralmente?

No todo el rato, y unos con más conciencia que otros. Hay personas en internet que viven filmadas continuamente por una cámara. No sé si el éxito de esto es la antigua idea del hombre, en la que hoy se cree menos, de que Dios lo ve todo. Esto era una herramienta de amenaza para la Iglesia, pero si la humanidad ha creído en ello es también porque se sentía más acompañada. Hoy se cree menos en Dios, o de una manera distinta, por lo que la gente siente que no hay alguien ahí. Al menos Dios en la vieja idea tomaba nota, aunque fuera para castigar en el Juicio Final. Quizá ese exhibicionismo actual sustituya en parte a la idea de Dios vigilante y testimonial.

¿Cree entonces que vivimos de alguna manera para los demás?

No, hacemos lo que creemos que debemos hacer. Cuando se hace un sacrificio y otro tiene conocimiento de él ya no es verdadero. Las cosas más nobles hay que hacerlas sin que trasciendan.

¿Le parece criticable?

Según para qué cosas, sí. Cuántos escritores han sido llamados comprometidos durante el siglo XX porque siempre apoyaban a los desfavorecidos... Sinceramente no me creo la buena voluntad de alguien que va a Chiapas con los zapatistas donde le está esperando una corte de fotógrafos, o que en su día se fue a Sarajevo para protestar no se sabe muy bien de qué. Me parece que van a ponerse donde están los focos.

¿Está nuestra sociedad más pendiente de los famosos de lo que debiera?

No, me parece que está muy 'imbecilizada', pero bastante menos de lo que parece si atendemos a lo que es más visible: la radio, la televisión, la prensa, los políticos. Ahí sí que hay una 'imbecilización' sin límites. Por detrás de eso creo que la sociedad española es bastante más sana y más lista que su representación más visible. Atendiendo a la televisión éste sería un país de 'chorras' y por fortuna no es así.

En su novela señala que hay mucho fascista suelto. ¿Cómo reconocerlos?

En el sentido analógico, no literal, se les reconoce en seguida por su comportamiento. Hace poco coincidí en una tienda de ropa con una actriz conocida, joven, supuestamente 'rompedora ', y trató de tal manera a los dependientes que, por muy de izquierdas que se presente, es una fascista.

¿Hay fascismo en nuestros políticos?

En ese sentido amplio, sí, mucho. Además sin distinción. Hay gente de izquierdas que es tan desdeñosa, despectiva, despótica y autoritaria como puede ser el carcamal franquista que todavía va diciendo "usted no sabe con quién habla".

Da la impresión de que mantiene una especie de complicidad con los lectores de El Semanal...

Tengo la sensación de que estamos en familia. Quienes lean mi columna con regularidad saben de qué pie cojeo, mis manías, las bromas que hago, las rabietas que me cojo... Supongo que también contribuye que, al poco de empezar, Arturo Pérez-Reverte y yo iniciamos una relación de columna a columna que hemos ido manteniendo. Me parece increíble que no hagan algo parecido otros columnistas, que suelen escribir regularmente sin hacer referencia jamás a sus vecinos. Supongo que incluso a los que les reviente mi columna ya deben estar acostumbrados a mí a estas alturas.

¿Qué puede 'reventar' de usted?

Se me considera frío, arrogante, altivo y cosas parecidas. No creo serlo, pero quizá me muestro indiferente a ciertas cosas que a la mayoría sí le importa.

¿Qué tipo de cosas?

Algunas como los juicios ajenos. También rehuyo relacionarme con el ambiente literario, ir a congresos, simposios o cursos. Uno de los motivos es que cuando son organizados por el ministerio o las universidades estatales, yo, de entrada, no acepto dinero del Estado.

¿Molesta ser considerado así?

No, se puede controlar. Hay gente que, cuando me conoce en persona, me dice, como con sorpresa, que soy muy normal [Risas]. Pero no puedo ir llamando a todas las puertas presentándome. Los escritores somos personas públicas, pero lamentablemente hoy no se acepta que no tengamos cara. En realidad lo que tengo que decir está en los libros.

¿Considera las relaciones de pareja como un juego de poder?

En mi caso, en la medida en que lo puedo juzgar, no lo han sido nunca. Sería muy cansado, nunca te podrías relajar. Pero parece una plaga; cada vez parece que hay más cónyuges masculinos que matan a su mujer tras una relación de poder o más bien de dominación.

¿Las mujeres seguimos llevándonos la peor parte del pastel?

A día de hoy la mujer se sigue llevando la peor parte en casi todo, tanto en las relaciones laborales, como en las sociales y las personales.

Pasó fugazmente por la Universidad española. ¿Qué sensación le quedó?

Las clases no me desagradaban, pero el poco contacto que tuve con los pasillos me desagradó mucho. Mi opinión sobre la Universidad española es mala. Un ejemplo, yo daba Teoría de la Traducción en el Instituto de Lenguas Modernas y Traductores, y opté por hacer unas clases de traducción inversas, del español al inglés. A los alumnos les gustó, pero el responsable del instituto me dijo que las interrumpiera porque los de alemán y francés no las tenían. En vez de darles la posibilidad, pretendían que yo parase. Mi sensación particular es que en la Universidad hay una entronización de lo mediocre y que si alguien se sale de ello van a por él. Es atroz. Así no se puede mejorar una sociedad.

¿Qué falta hoy en la critica literaria?

Tengo la sensación de que es muy frecuente que los críticos, sobre todo los de prensa, ni siquiera son sinceros; noto que no opinan lo mismo que escriben, que hay elementos extraliterarios que les influyen. Si el crítico ni siquiera es sincero, apaga y vámonos.

En Alemania ha vendido más de 1.100.000 ejemplares de Corazón tan blanco. ¿Ha notado algún cambio negativo al vender mucho?

Lo más negativo puede haber sido comprobar que cuando uno ve si sus amigos son buenos no es, como solemos creer, en función de cómo se portan cuando uno está mal, porque es fácil consolar. La verdadera piedra de toque es cuando algo te va bien. He tenido amigos que no han soportado mi éxito, si se puede hablar así. Aunque no he hecho nada aparte de escribir para conseguir lo bueno que me ha venido. Hay mucha gente que se ayuda; yo ni hago relaciones, ni adulo a nadie, me parece muy trabajoso.

¿Qué sensaciones recuerda de sus inicios en la lectura?

De niño leía mucho a Guillermo Brown. En parte esos cuentos son los responsables de que yo escriba. Me gustaba tanto lo que leía que cuando los acabé empecé a escribirlos yo. Recuerdo la sensación de diversión, de gran placer y de absoluto apasionamiento. La ficción, en parte, descansa de la vida. La vida nos pesa a veces, pero el mundo de ficción no.

¿Vivimos tiempos de plagio?

Sí, el plagio es difícil de demostrar, excepto en casos flagrantes, pero lo que sí es bastante frecuente es lo que llamaría, utilizando una palabra infantil, el copión, y hay muchos en la literatura actual. Está bien que un escritor que empieza tenga modelos; los que dicen no tenerlos me parecen unos mamarrachos. El problema es la intencionalidad, silenciar esas influencias. He visto copiones clarísimos de Eduardo Mendoza o del propio Arturo Pérez-Reverte.

¿Y suyos?

También y no es agradable. A veces reconoces intenciones estilísticas y uno las cree abaratadas, tiene la sensación de que lo han estropeado. He abandonado algunos de mis recursos por este motivo. Aunque nadie ha inventado nada, sientes que te lo han echado a perder. Como si te lo hubieran ensuciado.

 

El Semanal
Número 782
Del 20 al 26 de octubre, 2002
por Paka Díaz
Fotografías: Mark G. Peters

 

CUESTIONARIO PARA PRENSA DE PROVINCIAS

 

Jacques Deza, un español que regresa a Inglaterra, es el narrador de Tu rostro mañana. ¿Hay que aclarar que también lo fue de Todas las almas?

No es necesario. Tu rostro mañana (Fiebre y lanza) recupera a ese narrador, que no tenía nombre en Todas las almas, pero no es en modo alguno una continuación de aquella novela de 1989. Y, para entender su pasado en Oxford, hay los suficientes datos en la nueva novela. Supongo que para un lector curioso puede ser divertido regresar a la antigua después de leer la de ahora, pero las historias son del todo independientes. No es la primera vez que recupero a un narrador. Mi cuento "Sangre de lanza" está contado por Víctor Francés, el narrador y protagonista de mi novela Mañana en la batalla piensa en mí, y un personaje secundario de ésta, Ruibérriz de Torres, relata otro cuento, "Mala índole", sin que unas historias sean necesarias para entender las otras. La vida de cualquiera da para aventuras distintas e independientes.

¿Por qué la novela se divide en dos volúmenes, que se van a publicar con varios meses de diferencia?

Más que meses será un año o año y medio, me temo. Nunca pensé que fuera a escribir una novela de novecientas o mil páginas, entre otras cosas porque como lector no las soporto a menos que sean de Dickens, o sea el Quijote o En busca del tiempo perdido, claro está. Entre la descortesía de escribirla entera y ofrecerla de golpe, y la de dejar al lector de Fiebre y lanza con un "continuará", he preferido la segunda, guiándome por mis propios gustos como tal, como lector. Comprendo que la cosa puede resultar irritante o frustrante para quien esté interesado en lo que ha ido leyendo (quien no, ya sabe que se ahorrará el segundo volumen y eso que gana). Pero confío en que, tras un primer momento de enfado, también encuentre cierta gracia a la espera, y al hecho de que el mundo novelesco en que se ha instalado no haya concluido y esté previsto que regrese. A mí me da pena despedirme de los personajes y mundos que me gustan, hablo como lector de nuevo. Por último, mi particular manera de trabajar me hacía más aconsejable el corte. Pero claro, esto ya no me justifica ante los lectores. Sí quisiera decir (ya me llega alguna voz idiota y mal pensada que atribuye todo esto a "estrategias editoriales") que no sólo todo ha sido decisión mía, sino que los responsables de Alfaguara más bien están espantados, y temerosos de que sólo un primer volumen pueda resultar disuasorio.

"No debería uno contar nunca nada, ni dar datos ni aportar historias ni hacer que la gente recuerde a seres que jamás han existido ni pisado la tierra o cruzado el mundo, o que sí pasaron pero estaban ya medio a salvo en el tuerto e inseguro olvido", leemos al principio. ¿Tampoco deberíamos contar de qué va la novela?

Yo preferiría no tener que hacerlo, pero así va el mundo y no hay más remedio que adelantar un poco si uno quiere hacer saber de la existencia de una obra nueva. Yo he escrito casi quinientas páginas (este volumen es, de hecho, más extenso que ninguna de mis novelas anteriores) y luego me veo obligado a resumirlas, a medio explicarlas de palabra, en cierto sentido a trivializarlas. Resulta incómodo, pero no es grave. Por lo demás, mis novelas no son propiamente de intriga, aunque al parecer haya gente que las lea como si lo fueran, quiero decir casi sin pausa.

¿Cuánto hay de Javier Marías en Jacques Deza? ¿Suscribe este pensamiento del narrador: "yo creo saber quiénes vendrían a fusilarme si un día estallara otra Guerra Civil en España"?

No más, no menos que en otros narradores míos, Juan Ranz de Corazón tan blanco, Víctor Francés de Mañana en la batalla piensa en mí, el primer Deza de Todas las almas. Sí hay menos, claro, que en el Javier Marías que narra Negra espalda del tiempo. Hay en Tu rostro mañana (Fiebre y lanza) un claro préstamo del autor al narrador, y es la historia de su padre durante y al término de la Guerra Civil. Eso le ocurrió exactamente a mi padre, y ni siquiera he disimulado ese préstamo. Y bueno, pretender saber si yo he trabajado o he tenido contactos con el MI6, el Servicio Secreto británico en el exterior, como Deza, sería demasiado querer saber. Entre otras cosas, porque si así hubiera sido, no estaría autorizado a contarlo. Respecto a esa frase que señala, me temo que sí, por desdicha, sí podría suscribirla. Aunque tal vez me equivocara. Prefiero no tener que averiguarlo nunca.

¿Deza es un hombre desgarrado por una lanza, tras separarse de su mujer y sus hijos?

No, o al menos no se ve en la novela semejante cosa. El narrador es muy sobrio al respecto, y ni siquiera cuenta por qué su matrimonio ha acabado. Suelen ser esos relatos demasiado parecidos entre sí. Y desde luego nada tan pesado como un personaje o narrador quejoso y sufriente, creo yo. Se puede inferir que ese hombre está más tocado por ese término de lo que parece. Pero desde luego no da la tabarra con esa clase de lamentaciones.

Deza posee el don de ver el verdadero rostro de las personas. ¿Resulta tan extraordinario tenerlo?

Lo que resulta sorprendentemente difícil no es ver, sino aceptar que uno ve, reconocérselo, tomar nota de ello y no descartarlo pensando que son sólo figuraciones o que está uno equivocado. Deza describe su trabajo como "un proceso de atrevimiento". Casi todos vemos mucho más de lo que nos atrevemos a pasar por nuestra conciencia. La gente teme juzgar en serio, o, como se dice en el libro, odia conocer y detesta las certidumbres. Sobre todo las que no le gustan, pero no sólo.

¿Es complejo, y divertido, escribir en español pensando que los personajes a menudo dialogan en inglés?

Lo más divertido es que durante muchos años (y empecé a publicar a los diecinueve años) otros escritores y muchos críticos me acusaban de que mis libros parecían traducidos. Para mí, como traductor que era asimismo, eso no era negativo en modo alguno, pero ellos lo esgrimían como un venablo. Ahora, en esta novela, la mayor parte de los diálogos serían en inglés, y por tanto estarían teóricamente traducidos al español. Hay cierta complejidad en ello, porque según qué expresiones españolas, tenían que quedar descartadas. Menos mal que uno de los personajes ingleses principales es un viejo hispanista, que entiende perfectamente el español e incluso recurre a él para algunas frases y expresiones.

¿Cómo intuye que la crítica española recibirá la novela?

Más que intuiciones, tengo alguna que otra certeza, hay demasiados críticos españoles que son enteramente previsibles, según sus gustos, sus capacidades o hasta el medio en que publiquen. Algunos son previsibles incluso en su grado de insinceridad, algo mucho más frecuente que deseable; que no se diga lo que de verdad se piensa, sino lo que se decide pensar, por motivos más bien extraliterarios. Por suerte hay unas cuantas excepciones a todo esto. Con todo, en esta ocasión creo que no leeré ninguna crítica de momento. Las guardaré y las veré, si puedo mantener mi propósito, una vez que haya terminado el segundo volumen de Tu rostro mañana. Si, como quien dice, me queda por escribir media novela, no me parece muy conveniente someterme a esa clase de interferencia. Y la verdad es que por lo general sé aguantar mis curiosidades, no me cuesta mucho aplazarlas, del mismo modo que suelo hacer pocas preguntas.

 

ENTREVISTA EN EFE

 

Marías pone punto final a Tu rostro mañana, su nueva novela

El escritor Javier Marías acaba de entregar el original de su nueva novela, Tu rostro mañana, una extensa obra que se publicará a finales de octubre y en la que el autor indaga en la esencia de las personas y reflexiona sobre "la bendición y desdicha del hablar y el callar".

Pero en esta ocasión los miles de lectores de Marías se enfrentarán a una situación nueva. Lo que verá la luz el 23 de octubre será el primer volumen de la novela, titulado Fiebre y lanza; para el segundo habrá que esperar "uno o dos años más", según afirma el escritor en una entrevista con Efe, en la que adelanta las líneas generales del libro.

Fue hace una semana cuando Marías (Madrid, 1951) tuvo claro el título -suele dejarlo para el final- y acabó de corregir las segundas pruebas. Atrás quedan cuatro años de trabajo, tres de ellos dedicados de lleno a la redacción de este libro que, "en cierto sentido, creo que es mi novela más ambiciosa, aunque sólo sea por la extensión".

Y es que la primera parte de la novela, que publicará Alfaguara, tendrá casi quinientas páginas y es probable que la segunda ronde una cifra similar.

"Hay quien puede considerar una descortesía" que al final del primer volumen aparezca un "continuará", pero entre esa descortesía y la de publicar una novela de mil páginas -"yo no creo que hoy me leyera un libro tan largo de un autor contemporáneo porque para eso preferiría leer una novela de Dickens"-, el escritor ha optado por la primera.

En Tu rostro mañana, Marías, ganador de numerosos premios internacionales y cuya obra ha sido traducida a más de veinte idiomas, recupera a un antiguo narrador suyo, el de Todas las almas, pero sin que la novela "sea en modo alguno una continuación de aquélla".

El narrador, que en Todas las almas había estado dos años en Oxford, regresa ahora a Inglaterra "por no seguir cerca de mi mujer mientras ella se me alejaba", dice Jaime o Jacobo o Jacques Deza, que a todos esos nombres responde el protagonista de la historia, sumido "en uno de esos períodos de desconcierto propios de la gente que se separa", afirma Marías.

"No debería uno contar nunca nada", son las palabras con las que comienza la novela, que transcurre en la época actual. Y, sin embargo, el narrador tendrá que hacer justo lo contrario al ser contratado por un grupo creado durante la Segunda Guerra Mundial por el MI6, el Servicio Secreto británico.

Sir Peter Wheeler, un viejo profesor de Oxford que había trabajado para el MI6 durante la guerra, fue quien lo recomendó para formar parte de ese grupo y el que le aconsejó que no se molestara en buscar información sobre el mismo "porque nunca tuvo nombre. Sólo de las cosas que no tienen nombre se puede realmente negar la existencia".

Ese grupo sigue funcionando en la actualidad, "aunque de una manera degradada -afirma el escritor-, porque no se trabaja ya sólo para el Gobierno" sino que, al parecer, aceptan también encargos privados, "como ha pasado con muchos servicios secretos del mundo. Ahora quizás la cosa vuelve a cambiar después del 11 de septiembre", añade.

Los reclutados por ese grupo tenían "un cierto don -no hay nada de sobrenatural en ello, advierte Marías-, una cierta capacidad para ver en los otros, para conocer hoy cómo serán sus rostros mañana, para saber hasta dónde pueden llegar las personas, aunque no se les presenten las circunstancias adecuadas". Para saber también si serán leales o traidores y si serán capaces de matar.

El protagonista tiene que pronunciarse sobre diferentes personas, famosas o anónimas, y luego debe redactar una serie de informes que nunca sabe para qué serán utilizados. El "no sé" no era admitido como respuesta: había que atreverse a hablar aunque a veces podía "ser funesto".

El título del primer volumen, Fiebre y lanza, alude a dos elementos que van apareciendo a lo largo del libro, "aunque de forma metafórica": por un lado "el estado febril, de excitación, de indagación y descubrimiento de las cosas"; por otro, la referencia a la guerra. "Yo soy mi propio dolor y mi fiebre", se dice más de una vez en la obra.

Tu rostro mañana (en esta ocasión no se cita a Shakespeare en el título) presenta un tratamiento del tiempo "complejo" y el pasado irrumpe con frecuencia en sus páginas. El autor de Corazón tan blanco habla de la Guerra Civil española y de su conexión con la Segunda Guerra Mundial en Inglaterra.

"En cierto modo es un libro en el que va apareciendo la idea de lo que es el tiempo de guerra y el tiempo de paz", añade Marías, quien no tiene "inconveniente en decir" que hay un episodio en la novela que coincide enteramente con algo que le pasó a su padre, el filósofo Julián Marías.

El padre de Jaime Deza estuvo en el bando republicano como soldado, "pero no hizo ninguna barbaridad, y al término de la guerra fue delatado, con denuncias además falsas, por quien había sido su mejor amigo".

"Ese es un ejemplo claro -comenta Marías- de que nunca sabes lo que puede ocurrir, y en cierto sentido todos desearíamos saber si quienes nos rodean nos están engañando o van de buena fe".

 

Entrevista en EFE
15 de septiembre, 2002
Por Ana Mendoza

 

ENTREVISTA EL PAÍS, domingo

 

En el hablar y el callar se descubre la esencia de las personas

Javier Marías lleva 31 años dedicado a la literatura. Los dominios del lobo fue su primera novela, y a ésta la siguieron títulos como Todas las almas, Corazón tan blanco o Mañana en la batalla piensa en mí, traducidas a más de treinta lenguas y reconocidas con prestigiosos premios internacionales . Su último trabajo publicado fue Negra espalda del tiempo, una falsa novela en palabras del escritor. Ahora, después de dos años de intenso trabajo, acaba de concluir lo que será la primera parte de su nueva creación literaria, Tu rostro mañana. Es un primer libro de casi quinientas páginas que lleva por título Fiebre y lanza.

Pregunta. ¿Por qué una novela en dos entregas?

Respuesta. No hay que dar demasiada importancia a las dos entregas. Es algo que se ha hecho muchísimas veces. Me surgió el problema de tener que elegir entre dos descortesías posibles para el lector. Por un lado, los que se puedan interesar, se quedan con un continuará, y sé que se pueden irritar o sentirse frustrados. Por otro, hacer una novela de mil páginas me parece algo detestable. Cuando veo un libro de un contemporáneo de esas dimensiones, no me lo leo. No me gustan. Adoro El Quijote, que en los dos tomos pasa de las mil páginas. Me ocurre lo mismo con Guerra y paz o En busca del tiempo perdido... pero hoy en día no se puede escribir tan largo. He optado por la descortesía menor que es recurrir a las dos entregas. Esto tiene la ventaja de que al lector que no le guste, se ahorra la segunda parte.

P. En el cine nos hemos acostumbrado a las segundas y terceras partes. El Padrino tiene tres entregas cinematográficas y se pueden ver seguidas o desordenadamente.

R. Pero en este libro no podrás leer el segundo volumen por sí mismo como ocurre con El Padrino II, que lo puedes disfrutar sin haber visto el primero.

P. Hablemos de la novela. ¿Quién es el protagonista, Jaime Deza?

R. Jaime, Jacobo o Jacques Deza, que de todas estas formas se llama el protagonista. Recupero con él al narrador de Todas las almas, sin que en absoluto sea una continuación. Ese personaje vuelve ahora a Inglaterra en un momento en el que se ha separado de su mujer. Busca viejos contactos. Logra algún empleo esporádico y en un momento se reencuentra con un antiguo conocido suyo, sir Peter Wheeler, un viejo profesor hispanista de más de ochenta años que había estado vinculado al mundo del espionaje británico.

P. Parece que ese mundo tiene una gran presencia en la novela.

R. Este profesor estuvo vinculado a un grupo nacido al amparo del MI-6, la organización creada después de la Segunda Guerra Mundial por el Servicio Secreto Británico en el exterior. No eran exactamente espías. Eran intérpretes de vidas o traductores de personas o anticipadores de historias. Es un soporte que me sirve para hablar de algo que ya he tratado en algunos libros: el hablar y el callar.

P. Del peligro de ambas cosas, supongo.

R. Del peligro de la palabra. Hubo después de la guerra una campaña institucional contra las conversaciones imprudentes pronunciadas ante posibles infiltrados nazis. La campaña fue: no hable. En la propia guerra de España, en la zona republicana hubo también una campaña similar: es uno de los temas del libro visto de una forma muy opuesta a la tendencia actual de invitar a todo el mundo a opinar, a exigir a los Gobiernos que digan cosas que lo mismo no debieran decir. Es tremendo, porque la palabra es el último recurso que le queda a la gente. Hay un momento en el que el viejo hispanista dice que 'el hablar es algo que comparte todo el mundo, sean ricos o pobres'. El contar es muchas veces el único recurso de los indigentes.

P. La palabra puede provocar conflictos.

R. Cierto. También en el libro se dice que el hablar puede ser más nefasto que el callar. Por ejemplo, en Estados Unidos tienen lo que se conoce como fórmula Miranda, esa que tantas veces hemos visto en las películas americanas, que consiste en que cuando te detienen te advierten de que todo lo que digas puede ser utilizado en tu contra. Si piensas en eso ves que se te dice: no hables ni siquiera para defenderte. Hay una frase en la novela, uno de esos ecos que yo introduzco en mis libros, que dice 'calla, calla y entonces sálvate'.

P. Supongo que se trata de controlar siempre lo que se dice.

R. Hay que tener en cuenta que no tenemos muchas cosas interesantes que contar. En un momento de la novela, el profesor afirma que raro es el día que uno se va a la cama y piensa que podría haberse ahorrado todo lo hablado. Lo malo es que en medio de todas esas conversaciones innecesarias se pueden soltar cosas que perjudiquen a otros. Se dicen cosas a la ligera que otros codician saber para los usos más dispares.

P. ¿El grupo de informantes en el que entra el narrador está especializado en sacar provecho de esas conversaciones aparentemente superficiales?

R. Son gentes que, sin tener ninguna clase de poder sobrenatural, son capaces de ver cosas que un simple observador no percibe. Dentro del MI-6 había un grupo con ese don de ver. En el fondo todos sabemos más de lo que reconocemos. Sabemos cuándo algo se tuerce, cuándo alguien deja de quererte, cuándo estamos irritando al interlocutor.

P. ¿En qué tiempo se sitúa la novela?

R. En tiempo actual. El grupo del que hablamos tiene su origen en la II Guerra Mundial, pero los protagonistas presencian la caída de las Torres Gemelas, el golpe contra Hugo Chávez. Es más, el libro está contado desde el futuro.

P. ¿Hay alguna base autobiográfica?

R. El narrador no soy yo, pero tiene cosas mías. Hay un préstamo que no he maquillado. El narrador cuenta una historia de su propio padre (Juan Deza) ocurrida durante la Guerra Civil. Es una historia que sufrió mi propio padre, Julián Marías, y que él mismo ha contado en sus memorias. Al terminar la guerra, mi padre, que estaba en la retaguardia en el bando republicano, fue denunciado a la policía franquista por su mejor amigo. Por eso es tan importante saber cuál va a ser tu rostro mañana, y ésa es la referencia al título.

P. ¿Es difícil de adivinar la traición?

R. Lo importante es tener capacidad de ver y saber actuar a tiempo.

P. ¿Sobre cuántos personajes recae la novela?

R. El narrador y el profesor son muy importantes, pero hay unos cuantos más que aparecen aquí y reaparecerán en la siguiente

P. ¿Hay alguna situación de conflicto bélico de fondo?

R. No. Desde la caída del muro de Berlín, muchos de estos espías empezaron a ofrecer sus servicios a particulares. Este hombre empieza a trabajar observando a través de entrevistas o vídeos. Hace informes que no sabe para qué son. Al principio no está seguro. Pero se va forzando a ver, a ser capaz de responder si una persona es capaz de matar o no.

P. Una afirmacion siempre peligrosa.

R. Sí porque hay que ver más allá de las circunstancias personales de cada uno. Hay que tener en cuenta que nadie es de una sola pieza. He oído decir a mi propio padre que de no haber habido una guerra, muchos no se habrían convertido en delatores y hubieran llevado una vida decorosa. Hay una frase que dice uno de los personajes que es importante: 'La gente lleva sus probabilidades en el interior de sus venas'.

P. ¿Cuál es la trama?

R. La estructura temporal es compleja porque cosas que pasaron después se cuentan antes. Una buena parte del libro transcurre en un solo fin de semana. Hay una fiesta en la casa del viejo profesor, en Oxford, y el narrador se queda a dormir. El profesor le descubre su capacidad de ver. Hay muchos elementos en el libro. Tiene importancia la equiparación de la retaguardia del Madrid asediado con el Londres bombardeado. Se reflexiona sobre el estado de paz y el estado de guerra, dos situaciones irreconciliables. Puede que no sea una novela muy de trama, porque mis libros no son muy de argumento.

P. Parece una novela muy de Marías.

R. Estilísticamente es un libro muy mío, aunque la estructura no se parece mucho a otros. Aquí, el narrador escucha más que cuenta, al contrario de lo que he hecho otras veces. Creo que sí, que puede ser un libro mariesco, si se puede decir así. Trato de los temas que me interesan como persona, sobre todo de la búsqueda de la esencia de las personas, de cómo se descubre en el hablar y en el callar.

 

El País
Domingo, 15 de septiembre de 2002
por Ángeles García
Fotografía: Luis Magán