lunes, diciembre 27, 2004

LA ZONA FANTASMA. 26 de diciembre de 2004. La creación de fascistas

Hace unas semanas, en la céntrica Plaza del Dos de Mayo de Madrid, una veintena de jóvenes propinó una paliza brutal a tres policías municipales, uno de los cuales quedó tan malherido que tardará meses en reincorporarse al servicio. Los otros dos salieron mejor parados porque una docena de compañeros, avisados in extremis por radio, se dieron prisa en llegar al lugar para salvarlos. Después lograron detener a cinco de los agresores, entre ellos dos chicas aún menores de edad. Tan mal se les puso la cosa a los guardias que, tras primero frenarse en su intervención por ser tan jóvenes los que les pegaban, uno de ellos se vio tan apurado que acabó por sacar su arma y disparar dos veces al aire, sin que por otra parte le sirviera de nada. Los municipales habían acudido, simplemente, a ver qué ocurría con un local de la zona que, casi a las cinco de la madrugada, se mantenía abierto sin el correspondiente permiso horario y con el consiguiente follón de música y griterío. Para explicarse semejante reacción de los jóvenes "damnificados", sólo cabe concluir que se trataba de fascistas de espíritu, porque un fascista -añadamos una definición más a ese término a menudo ya vagaroso- es quien no tolera no ya que se lo contraríe, sino que se le lleve la contraria, que son cosas distintas. (La excusa de alcohol o pastillas no me sirve: sólo acentúan lo que ya existe previamente.)

Este episodio tenía lugar poco después de que la prensa española haya aireado que cada vez son más frecuentes los casos de hijos que zumban a sus padres, o de alumnos que fostian a sus profesores. Como padres y profesores son personas que suelen estar a favor de sus vástagos y pupilos, que los cuidan y protegen y mantienen y ayudan, muchas veces hasta lo indecible, sólo cabe concluir, de nuevo, que el exceso de mimos, miramientos y consentimientos hacia niños, adolescentes y jóvenes está creando no pocos fascistas de espíritu, es decir, gente que no soporta ni acepta la menor frustración o contrariedad.

Pero como son ya varias las generaciones educadas entre algodones, en todo y a todas horas, ya tenemos adultos que se siguen comportando fascistamente, y encima ignorando en lo que se han convertido. Es un ejemplo entre mil -quién no ha padecido algo semejante alguna noche-, pero una amiga mía vive martirizada por un vecino treintañero, con dinero (de hecho trabaja para uno de nuestros cineastas de mayor éxito), que se dedica a improvisar en su piso grandes fiestas after-hours, a las cinco, seis o incluso siete de la madrugada. En mitad de la noche la música se pone a sonar bestialmente cada dos por tres. Los vecinos se quejan luego, pero tienen bien aprendida la lección contemporánea de que uno no puede ir hoy a protestarle a un fascista -a un señorito- sin correr grave riesgo de terminar como los municipales de Dos de Mayo. Mi amiga es temeraria, y sí baja a veces a intentar parar el estruendo: se levanta pronto para ir al trabajo a diario, y no se puede vivir sin dormir. En la última ocasión, los festeros -en la treintena la mayoría, ya digo- añadieron a su estrépito unas cuantas meadas dentro del portal de su anfitrión, al que hasta eso debía de traerle sin cuidado, no iba a limpiarlas él, sino el pobre portero-esclavo; y cuando ella salió ya hacia el trabajo y se permitió decirles "Cómo os pasáis, tíos", no fue más que eso, se encontró con un linchamiento verbal a cargo de veinte de ellos, una chica la voz cantante, bajo el "argumento" clasista de "Si te molesta vete a vivir al campo, tía, nosotros tenemos que divertirnos".

A otro nivel -pero todo responde a lo mismo-, antiguos colegas míos de Universidades inglesas me cuentan que las Juntas de Admisión de varios centros han decretado, a instancias de los quejumbrosos aspirantes, que las entrevistas para la admisión de estudiantes (ojo: charlas, no exámenes) no se celebren en habitaciones llenas de libros, porque éstas resultan "intimidatorias" para los nenes, y sean trasladadas a lugares "más neutrales". No sé qué se considerará "más neutral", pues si emplean aulas, los quejicas podrán aducir que se sienten examinados o aleccionados, y si recurren a los cuartos de baño, alegarán connotación sexual, supongo. La mera idea de que a futuros estudiantes que aspiran a aprender, no otra cosa, los libros les sean "intimidatorios", pone de relieve la tiranía mezclada con pusilanimidad que hoy se permite ejercer a cada vez más amplias franjas de nuestras poblaciones.

Sí, son ya varias generaciones. La exagerada idolatría y sobreprotección de los niños está dando sus resultados: no sólo son fascistas de espíritu numerosos críos y adolescentes -que por naturaleza tienden a ello-, sino también muchos adultos en activo. Si nadie los contrarió ni frenó nunca, ¿cómo van a aceptar la vejación enorme, ya de mayores, de que los demás existan y tengan tanto derecho a descansar, por ejemplo, como ellos a "divertirse"?.

Javier Marías

El País Semanal, 26 de diciembre de 2004

martes, diciembre 21, 2004

Carta al director de El País

17 de diciembre de 2004

Por la presente, algunos críticos, redactores, escritores, lectores y colaboradores de El País expresamos nuestra preocupación por el daño que ha sufrido el crédito del periódico a raíz de la carta abierta que el crítico de Babelia y colaborador de la sección de cultura del diario, Ignacio Echevarría, dirigió, el pasado nueve de diciembre, a Lluís Bassets, director adjunto de El País, en la que se denunciaba la represalia y la censura de los que ha sido objeto por ejercer la crítica literaria tal y como venía haciéndolo desde hace catorce años en estas mismas páginas.

Igualmente manifestamos nuestra preocupación por la posibilidad del futuro ejercicio libre de la crítica en las páginas de El País.

Rafael Conte
Mario Vargas Llosa
Rafael Sánchez Ferlosio
Juan Marsé
Eduardo Mendoza
Félix de Azúa
Javier Marías
Fernando Savater
Javier Cercas
Álvaro Pombo
Vicente Todolí
Francisco Rico
Victoria Camps
Ana María Moix
Ray Loriga
Rodolfo Fogwill
Agustín Díaz Yanes
Jordi Llovet
Jorge Herralde
Manuel Borja Villel
Manuel de Lope
Juan Bonilla
Hans Meinke
Chantal Maillard
Belén Gopegui
Juan Villoro
Marcos Giralt Torrente
Claudio López de Lamadrid
Esther Tusquets
Rafael Gumucio
Nora Catelli
Luis Magrinyá
Luis Antonio de Villena
Jordi Virallonga
Antonio Ortega
Enrique Lynch
Angel Luis Prieto de Paula
Luis Fernando Moreno Claros
Toni Berini
Constantino Bértolo
Amador Fernández-Savater
Edgardo Dobry
Ángela Molina
Rodrigo Fresán
Javier Rodríguez Marcos
Anatxu Zabalbeascoa
Jordi Ibáñez Fanés
Antoni García Porta
Ernesto Hernández
Adán Méndez Rozas
Silvia Alexandrowithch
Horacio Castellanos
Jorge Fernández Guerra
Félix Romeo
Leonardo Valencia
Guillem Martínez
Arcadi Espada
Isaac Rosa
Elsa Fernández-Santos
Carlos Boyero
Julián Rodríguez
José Manuel de Prada
Germán Sierra
María S. Martín Barranco
Gonzalo Hidalgo Bayal
Abel H. Pozuelo
Eloy Fernández Porta
Jordi Doce
Peio Hernández Riano
José Luis García Martín
Marcos Ordóñez
Francisco Solano
Cecilia Dreymüller
Mercedes Cebrián
Joan Fontcuberta
Vicenç Altaió
Juli Capella
Mercedes Casanovas
Efraim Medina Reyes
Valeria Bergalli
Antonio José Domínguez
Manuel Fernández-Cuesta
Mario Iglesias González
Antonio Ezpeleta Pérez
Miguel Martínez-Lage
Marta Pesarrodona
Francesca Llopis
Pep Agut
Colita
José Luis Guerín
Roberto Brodsky
Dante Liano
Antonio Ansón
Chiara Arroyo
Ismael Grasa
José Luis Pardo
Félix Ovejero
Isidoro Reguera
Ana Becciu
Aurelio Major
Valerie Miles

domingo, diciembre 19, 2004

LA ZONA FANTASMA. 19 de diciembre de 2004. Huya Cervantes


Cervantes sufrió en vida uno de los abusos que más pueden indignar a un autor; a saber: la apropiación por otro de sus personajes, el manoseo ajeno de su invención, el ensuciamiento de su creación. Como es sabido, en 1614 apareció un apócrifo Segundo tomo del Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, firmado por un tal Alonso Fernández de Avellaneda que a día de hoy aún se ignora a quién servía de disfraz. Aunque Cervantes lo supo sin duda, no le quiso hacer el favor de desenmascararlo -y hacerlo así entrar en la posteridad- cuando, dolido pero displicente, aludió a él en el Prólogo a su verdadera Segunda Parte, que vio la luz un año más tarde, en 1615, y que quizá se sintió espoleado a terminar pronto para remediar la usurpación o robo de Avellaneda. Éste no se limitó a trasegar con Don Quijote y Sancho, sino que además arremetió contra su creador, tildándolo de viejo y manco. Fue un precursor de los muchos "copiones" contemporáneos, que cuanto más imitan y aprovechan a alguien, más lo atacan o lo silencian: debe de ser insoportable saberse tan en deuda con ese alguien de mayor talento en la profesión.

El año que viene se conmemora el cuarto centenario de la publicación de la Primera Parte del Quijote, pero, como señalé hace semanas, los fastos ya han corrido disparatadamente mucho antes de alcanzar el 2005 -una prueba más es este número-, de modo que cuando llegue la verdadera fecha estaremos todos saturados de los pobres Don Quijote y Cervantes, y aun puede que los hayamos empezado a detestar. Porque, como dijo el segundo en el mencionado Prólogo, "la abundancia de las cosas, aunque sean buenas, hace que no se estimen". Y fue por eso, para que nadie futuro pudiera incurrir en más "avellanedadas", por lo que dio a Don Quijote "muerto y sepultado, porque ninguno se atreva a levantarle nuevos testimonios, pues bastan los pasados ..." Y sin embargo, pese a su disgusto de 1614, la celebración de estos cuatrocientos años ha sido pretexto para la aparición actual de nuevos Avellanedas que no han tenido rubor ni empacho en prolongar la existencia de los personajes que Cervantes dejó vivos ("que bien sé lo que son tentaciones del demonio", escribió también en ese Prólogo, "y que una de las mayores es ponerle a un hombre en el entendimiento que puede componer e imprimir un libro con que gane tanta fama como dineros, y tantos dineros cuanta fama"), y sobre todo, para que desde el más alto escritor hasta el más ruin político, pasando por la mayoría de los profesores, eruditos y expertos, reales o sobrevenidos, se pongan a la alargada sombra del Caballero de la Triste Figura y saquen fama como dineros de ella, y dineros cuanta fama. Y, en resumen, manoseen de tal forma el Quijote que milagro será si no han de transcurrir al menos diez años antes de que obra y autor se limpien de todo el tizne con que se los ha empezado a embadurnar, y lo que nos queda.

Una de las cosas más graves de nuestra época es que se tengan por normales iniciativas y hechos que no lo son. Leo, por ejemplo, que Esperanza Aguirre. Presidenta de Madrid, ha anunciado muy ufana que su Comunidad organizará 400 "actividades" en torno el Quijote en 2005. Cuatrocientas. Es decir, más que días tiene el desdichado año en cuestión. Como si tal cosa tuviera el menor sentido; como si existiera público para semejante empalago: como si pudiera haber cuatrocientas actividades de interés. Pero al poco, José María Barreda, a su vez Presidente de Castilla-La Mancha, anuncia que su Comunidad organizará 2.005 "actividades culturales" al respecto, lo cual es una ridiculez cinco veces mayor que la de Aguirre. ¿Se imaginan a una legión de asesores, promotores, consejeros y cantamañanas devanándose los sesos para dar con tales números de ideas -quiero decir de chorradas- con que cubrir los pomposos propósitos? Supongo que no harán otra tarea a lo largo de doce meses (claro que ya se preparan apasionantes "congresos de molinología"), amén de despilfarrar, desde luego.

Si se relee otro Prólogo de Cervantes, el del libro que él prefería sobre todos los demás, el Persìles, poca duda le cabe a uno de que el autor del Quijote, de poder asomarse a nuestro país en estas fechas y las que se avecinan -como ángel o como fantasma, según las creencias-, pondría pies en polvorosa, estragado por tanta avidez y untuosidad. Pues en él relata cómo, al reconocerlo un estudiante viniendo de Esquivias, éste lo agarró de la mano izquierda y lo ensalzó así: "¡Sí, sí; este es el manco sano, el famoso todo, el escritor alegre, y finalmente el regocijo de las musas!" A lo que respondió el novelista, "abrazándole por el cuello" para no ser descortés: "Ese es un error donde han caído muchos aficionados ignorantes. Yo, señor, soy Cervantes, pero no el regocijo de las musas, ni ninguna de las demás baratijas que ha dicho". Sí, Cervantes no soportaba las baratijas ni a los Avellanedas, pero está visto que a nuestros contemporáneos cobistas sus preferencias les traen sin cuidado.

Javier Marías

El País Semanal, 19 de diciembre de 2004

martes, diciembre 14, 2004

Vídeo

Un vídeo grabado por www.tintachina.com de la entrada de Javier Marías al acto de GQ Hombre del año, 2004



domingo, diciembre 12, 2004

LA ZONA FANTASMA. 12 de diciembre de 2004. Traducción y racismo


Cuando, hace ya muchos años, daba clases de Teoría de la Traducción, el primer día procuraba convencer a mis alumnos de la veracidad de dos afirmaciones contradictorias, de carácter general. Una era "Todo puede traducirse". La otra, "La traducción es imposible". Y, si no me equivoco, tras ejemplos variados y diferentes maneras de enfocar el asunto, acababan por aceptar que ambas cosas eran ciertas, o al menos podían serlo. La segunda de ellas me ha venido a la memoria a raíz de la tremendamente inflada polémica en torno a las palabras que el seleccionador de fútbol, Luis Aragonés, dirigió en un entrenamiento al jugador Reyes. Una cámara captó la escena, ésta dio la vuelta a medio mundo, y luego vinieron las posteriores torpezas y los imbéciles de turno para complicar lo que, de haber habido un buen traductor por medio -o bien ser posible la traducción, la cabal-, no debería haber tenido importancia, o muy escasa.

Lo que Aragonés soltó a su pupilo, para picarlo en su amor propio y "motivarlo", fue algo así como: "Dígale, demuéstrele a ese negro de mierda que usted es mejor que él". Se refería al famoso compañero de Reyes Thierry Henry; ambos en el Arsenal londinense, y yo creo que cualquier español conocedor de las hablas coloquiales que la gente emplea aquí muy a menudo, supo, desde el momento en que trascendió el comentario, que en la frase de Aragonés no había -o no por fuerza, desde luego- racismo alguno, y que lo mismo podía haberse referido a Van Nistelrooy como a "ese holandés de mierda", a Shevchenko o a Kahn como a "ese rubio de mierda", o a Adriano o Kaká como a "ese brasileño de mierda". Se trataba tan sólo de una manera (ruda) de hablar, que todos conocemos bien y que nunca hay que tomar al pie de la letra, igual que no se nos ocurre tomar de ese modo insultos objetivos que sin embargo se dicen en tono cariñoso, o envidioso-admirativo: "Qué suerte tienes, cabrón", o "Qué bien juega el hijoputa", son cosas perfectamente habituales que no encierran injuria pese a las apariencias: y "ese negro de mierda" pertenece a la misma gama -ya digo, envidioso-admirativa-, y la traducción explicativa de las palabras de Aragonés vendría a ser esta: "Demuéstrele a ese negro del que se hablan tantas maravillas (estoy hasta los cojones de oír su alabanza, y bien que es merecida), que usted es incluso mejor que él". Yo apostaría a que la expresión "de mierda" llevaba el elogio implícito, y lo justo que a Luis le parecía ese elogio, esto es, lo envidiable. No es nada infrecuente que cuando alguien hace algo muy bien, se diga o piense de él: "Qué hijoputa el tío, cómo remata, cómo escribe, cómo toca el piano".

Ahora bien, ¿es esto propiamente traducible? ¿Con todos los matices y hábitos que he apuntado, y que a cualquier español no cursi nos facultan para oír la conflictiva expresión con naturalidad y sin ir a buscar en ella lo que en realidad no hay? Probablemente sí sea traducible, pero se habría requerido de un magnífico traductor (pocos hay, y en la prensa menos) que conociera a la perfección ambas lenguas, el español y el inglés. Lo que es seguro es que si la frase se traslada literalmente sin más, suena fatal y se entiende por fuerza de manera muy distinta de como aquí la entendimos todos.

Pero a eso se añadió, por desgracia, que Aragonés, con elementalidad excesiva, desbarró con unos periodistas británicos sobre el racismo congénito del país de éstos. Y se añadieron, sobre todo, los cretinos miméticos (todas las sandeces prosperan en nuestro tiempo, siempre son imitadas y repetidas por diez mil cabestros) que se dedicaron a abuchear y a proferir gritos simiescos cada vez que un jugador negro de un equipo rival tocaba el balón. Uno de los mayores problemas de nuestra época es, también, el ansia general de otorgar importancia a lo que no la tiene, o muy poca. Es obvio que los ultras de Chamartín que tuvieron esa actitud tarada ni siquiera son racistas verdaderos, ya que si lo fueran de veras silbarían en cada partido a Ronaldo y a Roberto Carlos, que son mestizos, o lo habrían hecho con Makelele durante años. El problema es de esos ultras, ellos sí simios, no sólo por su nula racionalidad, sino por su primitiva propensión al remedo. Puede que durante una temporada padezcamos en nuestros campos una ola de comportamientos así, que en realidad no responden a algo profundo (a los futbolistas estamos acostumbrados a verlos sólo como tales, y de hecho cuesta acordarse de que Ronaldo o Roberto Carlos no son blancos, porque nos trae sin cuidado), sino a un expediente más para provocar al contrario y descentrarlo. Es sólo la crueldad superficial y descerebrada de una parte del público de todo estadio: al jugador cuya mujer le ha puesto cuernos le sacarán el índice y el meñique todo el partido, y al que ha consumido cocaína le cantarán "Fulano, pásanos una raya", y así hasta el infinito. En realidad sólo cabe añadir que ojalá todo racismo, el que no se limita a los estadios, fuera así: en el fondo tan estúpido, tan pueril y tan inocuo. Que se lo digan a los inmigrantes que no juegan al fútbol.

Javier Marías

El País Semanal, 12 de diciembre de 2004

domingo, diciembre 05, 2004

LA ZONA FANTASMA. 5 de diciembre de 2004. Venga más papel de fumar

Un joven escritor bilbaíno me hace llegar un breve cuento destinado a un proyecto colectivo, digamos literario-musical, sobre el equipo de fútbol de su ciudad, el Athletic de Bilbao, que, como es sabido, debe de ser el único del mundo en el que no sólo no hay extranjeros ni los ha habido nunca, sino ni siquiera españoles de otras zonas que el País Vasco y Navarra. Y aunque en los últimos tiempos haya habido mucho aficionado interesado en darle a esta tradición un tinte nacionalista y racial, cuando no racista, siempre hay que agradecerle al Athletic que se mantenga fiel a lo que fueron los inicios de este deporte: los habitantes de un lugar contra los de otro, sin préstamos ni refuerzos importados, de tal manera que la identificación de los espectadores con sus jugadores tuviera verdadero sentido, y la sentimentalidad razón de ser, en las victorias como en las derrotas.

El motivo del envío era el siguiente: los responsables del proyecto habían decidido suprimir el cuento a última hora porque, según ellos, podía molestar u ofender a los homosexuales y a los hinchas del Real Madrid. Y, en mi calidad de conocido representante de estos últimos, el joven escritor solicitaba mi opinión al respecto, para quedarse más tranquilo sí yo no me sentía agraviado, y poder pensar que sus "censores" se habían excedido en su celo, nada más. Y, en efecto, supongo que lo habré tranquilizado. Y aunque por los homosexuales no pueda hablar, muy tonto tendría que ser, creo yo, el gay que se molestara por el único detalle relativo a esa condición, a saber: cuando el hijo adolescente del protagonista (acérrimo seguidor del Athletic) aparece un día con la carpeta forrada de fotos de Beckham, lo primero que al padre se le ocurre es preguntarle si es homosexual. Algo perfectamente verosímil, dado que, desde su llegada al Madrid, este futbolista no ha deslumbrado por su juego lo suficiente para ser el ídolo de nadie, mientras que su indudable apostura lo ha convertido, al igual que en su país de origen, en un individuo admirado y deseado por la mayoría de quienes gustan eróticamente de los varones, sean aquéllos mujeres u otros varones. Y al responder el hijo que no, el padre concluye lo que acaso le parezca una diferencia más insalvable entre los dos, esto es, que el muchacho le está saliendo del Real Madrid, algo tremendo en una familia athlética de varias generaciones.

La mayor pega del cuento, según le dije a su autor, es que ese padre es más bien simple y carece de todo humor, y ni se le ocurre pensar en lo mucho que podrían divertirse él y su hijo, picándose mutuamente. Pero esta no es la cuestión, sino la de encontrarse, una vez más, ante esas actitudes tan voluntaristamente "respetuosas" con todo el mundo que acaban por ser paralizadoras y timoratas. Si es desaconsejable publicar este cuento por las razones aducidas, entonces más vale que nos vayamos olvidando todos de publicar nada y se suprima la ficción, porque, tal y como está el mundo de memo y de policial, raro será el texto que no "ofenda" a alguien, o ante el que algún paranoico no se dé por aludido. Es conocido que, desde hace unos años, los villanos de las películas convenía que fueran siempre hombres blancos y heterosexuales, porque si eran asiáticos, protestaba la comunidad asiática, y lo mismo si eran negros, o árabes, o mujeres, o lesbianas (como ocurrió con Instinto básico), o gordos, o zurdos. Hasta el punto de que los villanos han sido, con más frecuencia de la normal, seres amorfos tipo Alien, o extraterrestres imaginativos, o virus, o plagas de insectos, o fabulosos Godzillas, para que así no se ofendiera nadie.

Lo más preocupante es que, encima, se trataba de ficciones, cuyo territorio es, o debería ser, no sólo el de la máxima libertad, sino el de la máxima verdad. Pase que a quien escribe artículos o ensayos se lo pueda acusar de esto o lo otro según los términos que emplee y las ideas que exponga. Pero a un novelista, a un cuentista, a un cineasta, jamás deberían pedírseles cuentas de lo que hagan o digan sus personajes, ni de lo que decidan mostrar ellos en sus libros o películas. Se les estaría pidiendo, de hecho, que renunciasen a algo imprescindible en su tarea, la verosimilitud. Y que depusieran su libertad. Por mucho que les fastidie a tantos como se la cogen hoy con papel de fumar, el mundo no es piadoso ni armónico ni remilgado: está y estará siempre lleno de brutos, asesinos, ofensores, racistas, desalmados y malas bestias; y en él hay y habrá asiáticos malos como los hay y habrá buenos, y negros, y homosexuales, y mujeres, y hasta zurdos crueles como los habrá muy benévolos. Ya sería hora de que, en vez de instarnos a todos a comprar más papel de fumar cada vez que decimos u opinamos o inventamos algo, los "delicados" se endurecieran un poquito la piel tan fina que se han colocado. Sólo fuera, además, por la cuenta que les trae en la desconsiderada vida real, ya que no por recuperar el sentido de la proporción que parece haber desertado de nuestras pusilánimes sociedades.

Javier Marías

El País Semanal, 5 de diciembre de 2004