domingo, agosto 20, 2006

Un clásico del género policiaco


Ilustración de Tullio Pericoli


M. P. Shiel, autor de novelas fantásticas, se inspiró en el Auguste Dupin de Poe para crear a su detective, el príncipe Zaleski. Esta novela tiene todo el color, sabor y la solera de un autor por descubrir.


El príncipe Zaleski nació para la literatura policiaca en 1895. En 1887 había nacido, también literariamente, Sherlock Holmes; en 1841, si no recuerdo mal, lo hizo el padre de todos los detectives, Auguste Dupin. Los tres coinciden en un mismo método: la deducción. Los tres son capaces de resolver un intrincado enigma policial sin aparecer por el lugar donde se ha cometido el delito, pero, de los tres, el más reacio a salir de casa es el príncipe Zaleski, en lo cual se parece más bien a un detective muy posterior: el Nero Wolfe de Rex Stout, sólo que en vez de habitar en una casa en Nueva York en cuyo ático se encuentra un impresionante jardín de orquídeas, habita en una imponente y medio abandonada mansión en una de cuyas estancias, "una bizarrerie de lustre y penumbra a medio camino de la rareza", el príncipe retirado del mundo recibe tendido en una otomana, entre vapores del cannabis sativa, junto a una momia egipcia con la cara descubierta y sonriente. Más decadente no puede ser el personaje.

M. P. Shiel, autor de novelas fantásticas, creador de espacios oprimentes tan notables como el que se describe en La nube púrpura (Reino de Redonda, 2005), se apoyó sin duda alguna en el Auguste Dupin de Poe para crear a su detective. (Por eso es, en su primera juventud, una revelación decisiva, pero alguno de los relatos debe mucho, estructural y ambientalmente, a Conan Doyle). El presente libro consta de tres relatos centrales y otros tres -el último de ellos inconcluso- rescatados y retocados por John Gawsworth. Los tres primeros son los que llamaríamos el corpus central frente a los tres últimos, más ligeros, pero igualmente ingeniosos. En los primeros, el comienzo es siempre el mismo y marca de la casa: Shiel, que actúa de narrador con su nombre, encuentra un asunto misterioso, solicita audiencia a Zaleski, recibe un lacónico telegrama en el que se dice simplemente: "Venga" y se pone en marcha. Llega a la imponente mansión, atraviesa caballerizas y capilla vacías, salas abandonadas, pasillos interminables, sube a una torre y allí encuentra a Zaleski con su narguile que le recibe comentando sus descubrimientos de orden científico o filosófico y hasta mucho después no se habla del asunto que ha llevado allí a Shiel; entonces, una vez expuesto, Zaleski se entrega a sus deducciones y soluciona asombrosamente el misterio.

De los tres misterios, el verdaderamente fascinante es el tercero, titulado La S. E., un verdadero tour de force filológico-histórico en la mejor tradición de la lógica deductiva policiaca; y no le van a la zaga los otros dos, en especial el primero, una atractiva historia de maldición familiar. En cuanto a su característica vida sedentaria hay que señalar dos excepciones: en La S. E. Zaleski abandona la otomana para ir nada menos que a Londres (aunque regresa agotado y no es para menos después de una navegación por el Támesis y de ser narcotizado por una secta fanática) y en el segundo de estos tres últimos se desplaza a una finca vecina para resolver un doble asesinato. El clima general es el de la mejor tradición del nacimiento del género y los amantes de lo policiaco lo van a disfrutar. El otro aspecto interesante del libro es su estilo. Shiel es un hombre muy culto (un culo inquieto también) y no desdeña mostrar sus conocimientos aplicados a la rigurosa, exquisita y estéticamente elitista formación intelectual de su personaje. Para ello utiliza una construcción lingüística tan recargada como el conjunto de los conocimientos del príncipe. Creo que un ejemplo bastará para dar el tono al lector; lo que sigue se refiere al suicidio, al suicida: "Igual que una doncella rebosante, abrumada por su virginidad, cede medio desvanecida ante la fuerza íntima y morbosa de su deseo, con desvanecimientos y fuegos lascivos de esa misma índole, el alma, agotada por la continencia de vivir, cede voluntariamente a la tumba, y en adulterio hace de la Muerte su amante". No está nada mal como modelo de rebuscamiento conceptual, pero, al mismo tiempo, la mezcla de decadentismo y precisión es extraordinaria.

Tampoco faltan aproximaciones a la actualidad, como suele suceder en esta clase de cuentos. El lector de La S. E. encontrará en seguida referencias al progreso (la ciencia médica, dedicada a salvar enfermos, es contrapuesta a la concepción espartana de lo sano, lo que nos acerca peligrosamente a cuestiones de perfeccionismo racista), pero también acepta una lectura con referencia al terrorismo y Al Qaeda. Pero sea como sea, el libro pertenece a la fundación del género, como decíamos al principio, y tiene todo el color, sabor y la solera de un clásico que merece la pena descubrir.


Un creador de mundos maravillosos

"ME DECLARO natural de las Antillas, adonde fui transportado para empezar a respirar: a Montserrat, una masa montañosa, bella entre las bellas, pero quisquillosa, voluble, de súbitas rabietas -huracanes, terremotos, arroyos de hirvientes aguas, soufrières (pantanos azufrosos), riadas-, digna aya de un poético infante, y he visto cosas inefables que el hombre no puede decir". Así comienza el texto titulado Acerca de mí, tres escritos de distintas épocas de su vida, en el que Shiel habla de sí mismo. Muy cerca de Montserrat, donde nació, está la isla de Redonda, reino del cual fue Shiel primer rey con el nombre de Felipe I y al que sucedieron John Gawsworth con el nombre de Juan I, John Wynne-Tyson con el de Juan II y, por último, quien reina en la actualidad, el narrador español Javier Marías con el nombre de Xavier I.

Matthew Phipps Shiel nació en 1865 y murió en 1947. Escribió 25 novelas, cuentos e incluso poemas y llevó una vida bohemia e itinerante. Es uno de esos personajes curiosos o raros de la literatura, poseedor de un estilo abarrocado al servicio de una escritura de corte fantástico; un creador de mundos maravillosos procedentes de la ensoñación de una imaginación ardiente y valerosa y bien podría decirse de él que es un romántico de última generación, uno de esos espíritus eminentemente literarios que lindan con la magia. ¿Pues no fue capaz de fundar un reino y ocupar su trono en vida? La sensación que dejan sus escritos es que fue un hombre literariamente feliz. En cuanto a su vida, no parece que fuera desdichado. Es más, una tarde, en París, entró en el Palais de Glace, en la Rue de Madrid, donde vio a una muchacha española de 16 años que le fascinó. Rezó: "¡Dios! ¡Dámela!". Y se la dio. Tuvieron una hija, pero su esposa murió cinco años después. Cultivó el decadentismo con entusiasmo, volvió a casarse con otra mujer que se parecía a su madre y murió octogenario y, tiendo a suponer, en paz consigo mismo.


JOSÉ MARÍA GUELBENZU
BABELIA - 19-08-2006
EL PRÍNCIPE ZALESKI
M. P. Shiel
Traducción de Eduardo Iriarte
Edhasa. Barcelona, 2006
224 páginas. 17,50 euros

Los nuevos “bolsillos” del académico



El libro de bolsillo continúa su imparable marcha ascendente. Los 32 millones de ejemplares editados en este formato en el año 2000 llevan camino de convertirse en más de 40 en 2005. A pesar de que el Gremio de Editores no ha publicado las cifras correspondientes al pasado año, todos los indicios sugieren que el bolsillo es uno de los subsectores que ha registrado un crecimiento más espectacular. Es verdad que las tiradas medias, próximas a los 8.000 ejemplares, están todavía lejos de las 15 o 20.000 copias habituales en las grandes colecciones de bolsillo extranjeras (Penguin, Folio). En España la competencia por este mercado aún emergente está siendo feroz, lo que ha provocado movimientos de segregación (Santillana y Ediciones B, en Punto de Lectura, Booket y Plaza & Janés, en DeBolsillo) y de agregación (Quinteto, Puzzle). El primer lugar del ranking lo ocupa DeBolsillo, cuyo director. Juan Díaz, ha sabido dotar a la colección de un amplio espectro de autores, temáticas y contenidos. Con más de 1.500 títulos y una cuota de mercado superior al 50 por ciento, lejos de sus inmediatos competidores (Booket, de Planeta, y Punto de Lectura, de Santillana), el sello de Random House va a por todas.

Para octubre. por ejemplo, anuncia el relanzamiento de la obra de Javier Marías, descontento con el trato que sus bolsillos recibían en Punto de Lectura. A los primeros 6 volúmenes seguirán más tarde otros 13, todos prologados por la hispanista Elide Pittarello. La “gran campaña” de lanzamiento incluye carteles, expositores y lo que los expertos en mercadotecnia de Random House llaman, sin ningún rubor, floorstands; supongo que el recién elegido académico, que ha declarado sentirse preocupado por el uso innecesario de anglicismos, tirará de las orejas a sus nuevos editores (aunque el término lo usan todos: a nadie se le ha ocurrido llamarlos “columnas”, expositores de pie, o algo por el estilo). Por cierto, Marías -que sólo se divorcia de Santillana en lo que se refiere a sus libros de bolsillo- está recibiendo una auténtica avalancha de críticas elogiosas en Francia y Gran Bretaña por las dos primeras partes de Tu rostro mañana (Fiebre y lanza, Baile y sueño). La tercera y última, todavía en proceso y sin título definitivo, podría aparecer en la primavera de 2007. En Alfaguara, naturalmente, si no hay nada en contra.

MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO

Abc de las artes y las letras, 19 de agosto de 2006

miércoles, agosto 16, 2006

De Región a Redonda o la España neovictoriana

Muy raras y escasas son las novelas españolas capaces de suscitar una atmósfera literaria realmente nueva, un enjambre de personajes curiosos, un léxico feliz, una tonalidad nueva del idioma, un estilo y un mundo propios. Otro cantar es que esas novelas obtengan el consenso crítico peninsular o continental. Tras los novelistas del 98 -por no decir desde Cervantes- nadie se ha interesado apenas en Europa por la novela española. La irrupción de los novelistas hispanoamericanos eclipsó en buena medida el nacimiento de la España neovictoriana. Juan Benet, ingeniero jovial, fascinado por el mundo de Faulkner, publicó Volverás a Región en 1967. El territorio de Región, una suerte de España inhóspita al turismo y el progreso, custodiada por el siniestro Numa, fue explorada palmo a palmo, con cartografía minuciosa, por el ingenioso ingeniero de Madrid, don Juan Benet Goitia, hasta su muerte en 1993. Uno de sus ensayos últimos lo dedicó al Londres victoriano, casi un invento de Dickens.

Cuando se viaja por la España rural, el atento observador detecta en sus topónimos el sabor ancestral de un país milenario. Raros son los escritores capaces de forjar el espejismo literario de un mundo novelesco que no es sino el trasunto feliz del mundo real. Cuando hago el viaje entre Zaragoza y Madrid, al pasar por Medinaceli pienso en Menéndez Pidal y sus juglares de Mío Cid, y cuando se pasaba en tren por Sigüenza, pensaba en el Doncel glosado por Ortega, el reto bizarro de conciliar el coraje y la dialéctica. Pero al cruzar en coche los adustos páramos de Guadalajara, un rótulo anuncia un paraje llamados Las Inviernas, que me despierta o suscita de modo vertiginoso el mundo benetiano de Región. Hay pocos escritores capaces de suplantar o poner en vilo el recio paisaje ancestral de un país como España. Lo mismo me sucede con La Maliciosa, un pico entreverado de bruma en la sierra de Madrid. Se tiene la impresión de que todos los topónimos sugestivos son benetianos. Benet se conocía palmo a palmo cada rincón de España, nadie se lo pateó como él, sus sierras y ríos, en los que se daba, usando su expresión, un baño de partes. Su humor iba de la mano de su inteligencia, y emanaba una elegancia de caballero dieciochesco, uno de esos tipos larguiruchos de Gainsborough, que tienen una finca con ovejas y nogales, y una esposa que lee a Jane Austen. Benet tenía casa rural en Zarzalejo y chalet racionalista en la calle Pisuerga, en las colinas del final de la calle Serrano.

El mago de la toponimia

Juan Benet se inventó un paisaje alucinante con un lujo de topónimos medievales que dejan embelesado al lector. Puente de Doña Cautiva, río Formigoso, una cumbre llamada El Monje. Todo ello conjugado en una prosa digna de un híbrido feliz de Jorge Manrique y Bécquer. Las estaciones, la flora misteriosa -las flores rojas, de tono solferino, más sanguinolento que el color de las amapolas-, el mito del Numa. Su estilo aforístico es inimitable: las guerras se hacen para perderlas; todas las guerras civiles son ininteligibles. Juan Benet o la pasión léxica. Su gusto por el recio sabor del idioma español es portentoso.

María Moliner fue bibliotecaria de la escuela de Ingenieros industriales, no de Caminos, pero cabe imaginar un Diccionario Benet -está en su obra-, como un clásico viviente, similar al Diccionario del Dr. Johnson en Inglaterra. Sus monólogos delirantes, sus personajes extenuados, su exploración infatigable del abismo entre los sentimientos adolescentes y la ruda experiencia adulta. El tiempo es la lluvia, la memoria es un dedo tembloroso. Todo tiene en Juan Benet una definición insólita, un mundo de una personalidad novelesca irrepetible.

El rey errante

“-Yo siempre espero tiempos peores, y no me equivoco.
-¿Peores? ¿Peores todavía?
-Peores, mucho peores, infinitamente peores.”

Este es un rifirrafe dialéctico de La otra casa de Mazón, 1973, de Juan Benet, una de sus obras maestras nunca reeditada, que yo sepa. Un monarca herrumbroso, como brotado de un capitel románico de Loarre, un rey fantasma convive con los Mazón. Benet hace gala de su dominio del idioma de Región, donde cada topónimo es un benetismo, y de su inconfundible humor, ácido y cordial. En este sentido, Benet es como un híbrido de Cioran y Bernhard, pero con un punto de guasa madrileña inconfundible. Juan Benet inventa el pesimismo guasón. “Era como segar en Palencia”, nos dice al contar una batalla, “haciendo brotar más sangre que si pisáramos uvas”. “Vámonos de aquí a vivir como pastores”, espeta el Rey a Cristino Mazón, harto de su peculiar familia. Juan Benet consigue en esta obra un esperpento benetiano digno de Valle-Inclán. Un Rey Lear de Región.

Ese rey medieval es como un antecesor del Numa de Región. Sus aforismos no tienen precio: a nuestra edad no hay nada como divagar. La majestad consiste en no dar explicaciones.

Un Oxford de Hogarth y Dickens

Veintidós años después de Región aparece la novela Todas las almas, 1989, de Javier Marías. Nace allí el mito de Redonda, brotado de las librerías de viejo de Oxford, los libros de Shiel, primer monarca de Redonda, de Machen, de Gawsworth, monarca clochard de Redonda hasta 1970, y que culmina con el propio Marías, convertido en 1997 en monarca del islote caribeño. La Redonda mariesca es un cúmulo de islotes literarios que conforman un mundo novelesco. El legado gótico de Shiel y Machen que culmina en Cuentos únicos y en la Editorial Reino de Redonda. Las librerías de viejo de Oxford y Londres frecuentadas y exploradas por Javier Marías en sus años de profesor de traducción en la Tayloriana de Oxford, 1983-85. La traducción de Yeats hecha en Oxford. Las traducciones de Sterne y Conrad, y sobre todo, la de Browne, el prosista barroco de Oxford. El mundillo de los dons, Sir Peter Russell el Cervantista, Eric Southworth el Valle-inclanista. Gombrich, Berlin, Haskell, Elliott. Duques redondinos en su mayor parte.

La cena de All Souls es genial, con pinceladas de Hogarth -rojizas manos y vino rojo- y escenas de tenedor y cuchillo en vilo dignas de Sterne, y el torbellino de camareros impacientes retirando platos intactos y el canibalismo visual en torno a una belleza femenina, Clare Bayes. Pero no es menos interesante la invención del yo novelesco: “Si a mí mismo me llamo yo... es solo porque prefiero hablar en primera persona, y no porque crea que basta con la facultad de la memoria para que alguien siga siendo el mismo en diferentes tiempos y diferentes espacios”. Es la primera página de Todas las almas. Esta perspectiva insólita –egoescepticismo- en el uso del yo, proviene del linaje ensayístico-autobiográfico de Montaigne y Descartes, pasado por Hume, pero sin olvidar la veta cervantina que llega a Sterne y Dickens, bien conocida por Marías, traductor del Shandy de Sterne.

Madrid regionato y redondino

Juan Benet se inventó el Madrid regionato con El Madrid de Eloy, surgido del Madrid barojiano hacia 1950, Otoño en Madrid hacia 1950, como si fuese un paisaje de Beruete-Caneja. Nada que ver con el Madrid galdosiano aborrecido por Juan Benet, y menos con el Madrid de Cela o el Madrid dominguero de Ferlosio. El Madrid redondino nace con Todas las almas, el Retiro y las calles de Chamberí -Génova, Covarrubias-, el barrio en el que nació Javier Marías en 1951. En la calle Génova estaba la librería Turner, muy anglófila, como indica su nombre. El Oxford redondino es cervantista y blanco-whiteano. El Madrid redondino se nutre también del Madrid orteguiano del padre de Javier Marías, don Julián Marías. La Geometría madrileño-sentimental de Ortega.

Un Madrid redondino cuyo islote épico es el Sitio del Madrid republicano en la guerra civil, contado en las memorias, Una vida presente, de don Julián Marías. Casi nacen al alimón ambos libros, las memorias de Marías senior y la novela oxoniense de Marías junior. Madrid y Oxford en rara conexión y perspectiva híbrida o bifurcada de dos ciudades.

Cartas de Oxford, 1983-85

“Entre 1983 y 1985, mi hijo Javier enseñó en la Universidad de Oxford, y dentro de ese plazo, un semestre en Wellesley College (cerca de Boston), donde casi nació, pues desde que cumplió un mes pasó cerca de un año de su vida. La ausencia era para mí muy sensible, por ser el único hijo que vive conmigo, y mi soledad aumentó. Pero había atenuantes: el sistema de los tres trimestres lectivos de Oxford -dos meses de clase y uno de vacaciones- permitía a Javier pasar temporadas en casa, salvo algunos viajes. Además, aunque su carácter es bastante retraído, combinación de tímido y huraño, me escribió muchas cartas, literariamente atractivas y personalmente para mí interesantes, a las cuales contestaba puntualmente. No fue enteramente negativa esta ausencia, aparte del valor que para él tenía”. Julián Marías, Una vida presente, tomo III, Pág. 277. Me pregunto si este mazo de cartas oxonienses fueron el primer latido de Todas las almas. Fueron muchas cartas y literariamente atractivas, en ambas direcciones, Oxford-Madrid y Madrid-Oxford.

Un colofón savateriano o el pirata inocente

Savater publicó La infancia recuperada en 1976. En sus páginas se exploran los bosques de la lectura adolescente en los que se nutrió Fernando Savater.

El mundo de Stevenson y Tolkien, de Borges y Lovecraft, de Wells y Kipling. La perspicacia savateriana, casi estoy por decir la perspigracia, pues el humor ronda cada página suya, consiste en no darnos nunca gato por liebre. Si hay gato encerrado, y la realidad es siempre una jungla felina, el arte de Savater reside en transmutar ese gato oculto en tigre pavoroso. En La isla del tesoro, Jim es el topo moral, el infiltrado, es el ojo adolescente capaz de desdoblarse y cambiar de bando a cada paso, en una especie de inocencia ética salvaje. Como si Stevenson hubiese descubierto el tercer ojo de la ética pirata. Yeats nos lo cuenta a su modo, no hay una sola emoción pura en nuestras vidas. Somos hijos de experiencias híbridas. My dear ennemy, escribió Shakespeare, esa gota de simpatía que descubrimos en el adversario, y lo que es peor, el lado monstruoso del amor, de ahí que Wilde nos advirtiese, que podemos matar lo que más amamos. Stevenson o Savater como kantianos de la experiencia literaria. En El gran laberinto, su última novela, se nos recuerda que todas las historias humanas tratan de fantasmas, quienes no lo somos todavía, lo seremos tarde o temprano.

Javier Marías tradujo los poemas de Stevenson, y La infancia savateriana se abre con estampas de La isla del tesoro, que desde 1998 es la isla de Redonda. Nuestro terceto podría denominarse la España gótica de las letras españolas.

Región es como Cumbres borrascosas con personajes de Absalom de Faulkner. Una España gótica de Poe-Juan Benet.

El Oxford de Javier Marías es un enjambre de motivos góticos, la India de Kipling -el río Yamuna-, el escritor maldito como fantasma libresco -Gawsworth, M.R. James-, las librerías de viejo -los Alabaster-, el mundo de Dickens -la cena de All Souls-, los affaires galantes -Graham Greene-, los espías oxonienses -Sir Peter Wheeler, Le Carré-. La culminación de todo ello en Tu rostro mañana. Véase el ensayo reciente en The New Yorker, noviembre 2005, dedicado al novelista madrileño: “La grandeza clandestina de Javier Marías”.

Tres tristes Erres: Región-Recuperada-Redonda. Tres tristes Numas-Carontes-Tupras. Cabrera Infante, traductor de Dublineses de Joyce, fue gran amigo de nuestro terceto español. El monarca del Derby, el monarca de Redonda. A mi modesto entender, los tres escritores más valiosos de la segunda mitad del siglo XX en la literatura española. Los únicos dignos de batir o resistir el parangón con los mejores escritores del 27 ó el 98.

CÉSAR PÉREZ GRACIA

Cuenta y Razón, n. 140, enero 2006

martes, agosto 15, 2006

Foto


Eric Southworth y Sir Peter Russell

jueves, agosto 03, 2006

QUIMERA

La revista Quimera, en su número 273 (julio-agosto 2006), dedica un dossier coordinado por Maarten Steenmeijer y Alexis Grohmann Más allá de Cervantes y Lorca: el éxito de la literatura española actual en el extranjero.

Reproducimos aquí una selección de textos sobre la acogida fuera de España de la obra de Javier Marías:

Pérfida Albión. La (escasa) presencia de la narrativa española reciente en el Reino Unido


WRITTEN LIVES


[…] Javier Marías se ha acomodado en el panorama británico de manera bastante natural. Esto se debe hasta cierto punto a que su prosa se ofrece para la traducción ya que se trata en cierta medida de un castellano de por sí "extranjerizado", con la impronta de otros idiomas y del inglés en particular, además de a que Marías, por su cultura, su educación, sus lecturas, su trabajo como traductor, se inscribe desde el principio, en cierta medida conscientemente, en una tradición literaria europea y anglosajona, trascendiendo el ámbito español con naturalidad. Así, por ejemplo, la primera de sus obras publicada en Gran Bretaña, su novela Todas las almas -All Souls (1992)-, se incorpora a la perfección en el sub género inglés del campus novel (aunque es más que una mera campus novel), novelas ambientadas en un recinto universitario y escritas normalmente por novelistas que son también académicos, constituido por obras tales como Lucky Jim (1954) de Kingsley Amis, Changing Places (1975) de David Lodge o The History Man (1975) de Malcolm Bradbury. Y su más reciente obra traducida al inglés, Vidas escritas -Written Lives (2006)-, una colección de ensayos sobre escritores tratados como personajes de ficción, encaja de manera natural en el canon anglosajón ya que la mayoría de los escritores tratados forman parte de este canon. No es por tanto un escritor extraño o exótico en el extranjero (lo es más en España). Se le atiende mucho, a través del espacio cada vez más destacado que ocupan las reseñas de sus libros, en entrevistas (de periódico, radiofónicas y televisivas), encuestas o en artículos o citas por otros escritores británicos, como Anthony Beevor, William Boyd, A.S. Byatt, Jonathan Cae, J.M. Coetzee, Margaret Drabble o Salman Rushdie, que lo aclaman como uno de los grandes escritores europeos. Sus obras se mencionan con regularidad en la sección "Books of the year" ("Libros del año") del Times Literary Supplement, donde a menudo figura también el propio Javier Marías como invitado a presentar su selección, y en otros balances anuales. No sorprende por tanto que Marías, junto con Cervantes y Lorca, forme parte de la media docena de literatos españoles de todos los tiempos citados en la edición más reciente del Oxford Companion to English Literature o que, junto con Cervantes y Pérez Galdós, sea uno de sólo tres escritores españoles que figura con una obra, Corazón tan blanco, entre los 1001 Books You Must Read Before You Die [1001 libros que tiene que leer antes de morirse], editado este año por Peter Boxall. Y si se añaden el interés y curiosidad que despiertan su Reino de Redonda, que ha heredado de un excéntrico linaje de gente de letras británico, no es de extrañar que Javier Marías sea no sólo "el mejor escritor inglés en lengua española", como dijo irónicamente un crítico hace algunos años, sino probablemente también el mejor y más distinguido escritor español en lengua inglesa. […]

ALEXIS GROHMANN



¿Sísifo remunerado?. La narrativa española actual en Holanda



KOORTS EN LANS. Jouw gezicht morgen


[…] Teniendo presente este estado de las cosas, llama la atención que Meulenhoff siga publicando las nuevas novelas de Javier Marías ya que las ventas de éstas suelen apenas alcanzar a las de Montera. ¿Cómo explicar la perseverancia de Meulenhoff? En primer lugar, conviene recalcar que la obra de Marías sí ha tenido una amplia y elogiosa acogida en la prensa holandesa. En segundo lugar, se debe advertir que, a diferencia de lo que suele ser el caso de la narrativa española traducida, la obra mariesca no ha sido encasillada en un nicho ya que ha sido reseñada no sólo por críticos especializados (es decir, hispanistas) sino también por críticos generalistas -entre ellos, algunos autores holandeses importantes-, y ello a partir ya del primer libro de Marías traducido al holandés, El hombre sentimental, publicado en 1991. El dato es indicativo del prestigio de la obra de Marías en ciertos circuitos literarios prominentes. Quizás no sea descabellado concluir que la reputación de Marías en Holanda es -como la de Borges-la de un writer's writer.

Marías es el único novelista español actual que ha despertado el interés del lector ecléctico que se interesa por lo que suele llamarse la literatura universal. El gran número de traducciones y los nada desdeñables esfuerzos de traductores y editores por encontrarles un público no han conseguido que la narrativa española actual sea una lectura imprescindible y evidente para los aficionados de la mejor literatura, como desde los años sesenta sí es el caso de cierta parcela de la literatura hispanoamericana. O para ser más concreto: por un lado, las obras de Borges, Cortázar, Neruda, Paz, García Márquez, Vargas Llosa y Fuentes son parte constitutiva de la biblioteca real o virtual del lector literario más formado y fanático, y, por otro, será difícil o incluso imposible encontrar en ella libros de Eduardo Mendoza, Antonio Muñoz Molina, Rosa Montero, Enrique Vila-Matas, Rafael Chirbes o Arturo Pérez-Reverte. Es sintomático que, a pesar de una prensa bastante favorable, la novela española más comentada y elogiada de los últimos años -Soldados de Salamina de Javier Cercas- pasó sin penas ni glorias por Holanda. Mucho peor fue la suerte de las ediciones holandesas de dos novelas recientes de Juan Marsé, El embrujo de Shanghai y Rabos de lagartija: fueron rotundamente negadas por el público y la prensa. Una suerte muy distinta le tocó a La piel fría, la primera (y excelente) novela de Albert Sánchez Piñol, etiquetada por no pocos críticos españoles como novela de género pero abrazada por los críticos holandeses como una gran novela literaria y, como consecuencia de los elogios vertidos en la prensa escrita, reimpresa muy poco tiempo después. […]

MAARTEN STEENMEIJER



Estado de eclipse. La novela española contemporánea en Estados Unidos



VOYAGE ALONG THE HORIZON


[…] Aparte del éxito ya mencionado de Pérez- Reverte, el caso más destacado es el de Javier Marías) y esto por vario, motivos. En primer lugar, se trata del único autor español contemporáneo cuyas novelas están siendo traducidas de manera continuada y sistemática por una editorial estadounidense. En concreto, sus últimas seis novelas y otros dos libros más de cuentos y ensayos han sido publicado, en New Directions, una reconocida casa independiente que desde los años cuarenta se ha dedicado a la traducción y divulgación en inglés de autores como Lorca, Rilke y Borges. Mientras Todas las almas (2000) y Corazón tan blanco (2000) han entrado ya en su segunda edición, New Directions tiene previsto que salga para el verano de 2006 el segundo volumen de Tu rostro mañana, que sumaría el noveno libro con la editorial. Según me auguraba recientemente Barbara Epler, editora jefe de New Directions, el éxito de Javier Marías en EE. UU sólo acaba de empezar, en parte, gracias al descubrimiento que de su obra han hecho los "happy few" o críticos clave quienes ya han comenzado a diseminar su favorable opinión. De hecho, en tan sólo cinco años Marías ha conseguido despertar reacciones tan numerosas como entusiasmadas entre los crítico, de publicaciones de tanto peso como The New York Times, The Nation, The Boston Globe, The Review of Contemporary Fiction, The New England Review, The New Yorker y The Washington Post. Su trayectoria ha sido alabada en términos tan positivos que algunos críticos no sólo coinciden en señalarlo como el mejor escritor español vivo, sino además como un raro talento a nivel internacional sólo comparable con los mejores, y cuyo nombre empieza a sonar como posible candidato al premio Nobel. Aunque parece difícil que el feliz descubrimiento de Marías por parte de la crítica estadounidense garantice que su recepción se dispare o que se contagie el interés por el resto de la literatura española, sí muestra que la crítica periodística mejor informada está atenta y es sensible a la buena literatura en traducción cuando se da. El reconocimiento de la obra de Marías va in crescendo (véase, por ejemplo, el último y más entusiasta, el de Wyatt Mason en The New Yorker), aunque de momento se trate de un éxito de crítica más que de ventas. Y a pesar de que es dudoso que los más elogiosos comentarios puedan convertir a Marías en best seller en EE.UU., como lo hicieron los de Marcel Reich-Ranicki en Alemania, es de esperar que el efecto continuado de las buenas críticas entre ciertos círculos literarios y académicos repercuta en una apreciación mayor de su obra tanto dentro como fuera de EE.UU. Mientras, los lectores norteamericanos también pueden acceder al Marías ensayista a través de sus artículos de opinión traducidos al inglés que vienen apareciendo de manera ocasional en los últimos dos años en el diario The New York Times y mensualmente en la revista The Believer (cuya filial McSweeney's Publishing acaba de publicar en 2006 la traducción al inglés de Travesía del horizonte). […]

ISABEL CUÑADO